La red que trajo chorros de salud

Julio Reboredo recuperó en la Biblioteca la memoria de la primera traída de agua, que atajó una mortalidad disparada en Lugo
Conferencia de Julio Reboredo en la Biblioteca Provincial. SEBAS SENANDE
photo_camera Conferencia de Julio Reboredo en la Biblioteca Provincial. SEBAS SENANDE

En un Lugo en el que el tifus era una enfermedad endémica y los muertos se contaban por miles, la llegada del agua a las casas sentó las bases de un futuro más sano y próspero. El historiador Julio Reboredo Pazos repasó en la Biblioteca Provincial, en la charla La higiene y el agua en el Lugo liberal, una etapa clave de la ciudad, en la que las ideas de los higienistas cambiaron el curso de la historia de la ciudad.

Reboredo reivindicó el papel decisivo de figuras como Pedro Gasalla González, Antonio Correa o Jesús Rodríguez, pero no pasó por alto que en aquel movimiento higienista no estaban solo aquellos médicos, sino también ingenieros y arquitectos, como Nemesio Cobreros, igualmente comprometidos con una salud preventiva y con la idea de que lavarse las manos, respirar aire limpio o pasear por los parques evitaba muertes.

Son teorías que hoy pueden resultar obvias pero que fueron revolucionarias en un momento en el que la mortalidad infantil era elevadísima y en el que morir joven era lo común. Reboredo Pazos no dejó de recordar que entre 1840 y 1870 murieron en Lugo 17.000 personas, de las que 6.000 fueron niños. En ese mismo periodo nacieron en la ciudad 22.000 personas, cifra que ayuda a calibrar el impacto en la población de esas miles de muertes, explica.

Tisis, tabardillo, candidiasis y tifus estaban detrás de muchas de aquellas muertes y fue providencial la idea de que, a falta de curas, había que prevenir, cuenta.

Y como en aquella guerra por la salud no contaban solo los médicos, el historiador lucense destaca el papel que jugaron figuras como la de Mariano Belmás Estrada, figura tan destacada de la arquitectura que hasta trabajó con Arturo Soria en la Ciudad Lineal en Madrid y que llegó a Lugo con el ingeniero y urbanista Pedro García Faria, para construir la primera traída de agua a domicilio digna de tal nombre.

Aquella fue una iniciativa privada y no faltaron intrigas y problemas, recrea el historiador lucense, pero la empresa se creó y la Compañía de Abastecimiento de Agua, una firma por acciones, logró que el agua llegara a las casas de la ciudad, marcando un antes y un después.

Al principio fueron pocos los que tuvieron el privilegio de tener un grifo en casa, pero eso no impidió que aquel hito, logrado en 1906, se celebrara por todo lo alto con un acto en la Plaza de Santo Domingo en la que saltaron chorros de agua, tocó la Banda de Música y el obispo repartió bendiciones, cuenta Reboredo Pazos.

La alegría estaba justificada. No es solo que la falta de agua y por tanto de higiene estuviera detrás de las enfermedades que acababan con tantos en el cementerio, es que por momentos faltaba agua en Lugo, porque en etapas de sequía la que llegaba por el acueducto no bastaba para cubrir las necesidades más esenciales.

Así, Reboredo recuerda que en 1896, el año en el que la empresa de Belmás propuso al Ayuntamiento hacer una traída en Lugo, los soldados del cuartel de San Fernando llegaron a tener que bajar con carros al río a buscar agua porque por el acueducto no llegaba apenas nada.

Como en aquellos tiempos de sequía, el río fue la solución también para hacer el abastecimiento, pero entonces a los lucenses no les gustaba mucho la idea. Desconfiaban tanto del agua del Miño que la empresa tuvo que asegurar, para evitar inquietudes, que el agua se extraía de un pozo que estaba cerca, pero que el manantial de la traída no era el río, explica divertido el historiador lucense. El pozo, en realidad, se abrió a unos metros del río y el agua se filtraba hasta allí desde el Miño.

Pero los reparos se fueron superando con la comodidad de un servicio que poco a poco se fue extendiendo a más vecinos. Hubo, con todo, problemas con la empresa y entonces el alcalde Ángel López Pérez inició un pleito para municipalizar el servicio.

Fue un litigio largo. Se prolongó durante años y no se resolvió hasta 1936, momento para el que el servicio se había transformado ya notablemente, explica el historiador lucense.

Y aquella transformación se debió a que la empresa original fue adquirida por Barras Eléctricas, la empresa que hizo el primer depósito en el monte de As Pías, permitiendo que Lugo pasara de un depósito de 600 litros a uno de 6.000, cuenta Reboredo.

No fue aquella la única innovación que introdujo Barras Eléctricas, que también empezó a clorar el agua, lo que multiplicó las garantías sanitarias, recuerda Reboredo Pazos.

Fue un proceso, recalca, en el que aprovecharon las innovaciones de la revolución industrial y se empleó por ello la energía eléctrica para impulsar el agua hacia la ciudad, recuerda el historiador, que dice que de todo aquel proceso viene un patrimonio que cree digno de poner en valor.

Recuerda que aquel primer depósito de agua, con una llamativa silueta, aún se conserva. También está ahí la vieja planta potabilizadora, que el historiador lucense cree digna de uno de esos proyectos de arqueología industrial tan de moda hoy.

Son construcciones, destaca, que forman parte de la memoria de la ciudad y de un cambio trascendental para la vida de la población. La huella de aquel proyecto es tan honda, recalca Reboredo Pazos, que en realidad el modelo de abastecimiento de agua a la ciudad sigue siendo el mismo. Ha habido cambios, porque la red creció y se actualizó con los tiempos, pero la esencia de ese servicio básico hoy se mantiene, dice.

La primera tubería de hierro, en 1852 

La primera tubería de hierro para conducir el agua la instaló Marcelo Sánchez Movellán en 1852. Pero fue una especie de ambición limitada, ya que aquella canalización iba de San Fernando a la Plaza Maior. Con todo, aquel tubo que tomaba el agua del acueducto permitió crear la fuente que hubo en Santo Domingo y después la de los leones, en la Plaza Maior, recuerda el historiador. 

Reboredo apunta que el acueducto del obispo Izquierdo siguió teniendo algún uso incluso después de que se hiciese la primera traída a domicilio y que en 1967 había aún constancia de que había fuentes que se abastecían del acueducto.