Quince meses para una licencia en Lugo. ¿Por qué?

La demora media para la obtención de un permiso de obra mayor en la zona rural llegó a año y medio el año pasado, según denuncian el PP y los constructores, que piden diligencia para que los propietarios no pierdan subvenciones
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photo_camera Grúas en la ciudad de Lugo. XESÚS PONTE

EL CONCELLO resolvió en 2021 un total de 269 licencias de obra mayor, el 18% fueron dentro de plazo (tres meses) y la tardanza media fue de quince meses (trece en zona urbana y dieciocho en zona rural). Los datos los dio a conocer el PP, que al igual que los colectivos más afectados, como el Colegio de Arquitectos y la patronal de la construcción, llevan años denunciando la dificultad y la lentitud de la tramitación urbanística. El gobierno local asume que hay margen de mejora, pero enfrente pone el volumen de trabajo que saca adelante este departamento —dice que entre enero y noviembre entraron 5.613 documentos que dieron lugar a 3.598 procedimientos de los que se resolvieron 3.336, aunque el 94% eran simplemente comunicaciones urbanísticas—, resta gravedad a la situación, de la que corresponsabiliza a los promotores y técnicos que presentan los proyectos y, sobre todo, destaca las medidas que está poniendo en marcha para mejorar la gestión.

1. ¿Cuál es la envergadura del problema?

En la zona rural se concedieron 80 licencias con una espera media de 604 días. La de un almacén agrícola en Piugos tardó 1.881 días, la de un negocio en Tirimol, 1.073 y la de una casa en Meilán, 950. En la ciudad se aprobaron 189 licencias con una demora media de 403 días. La de un ascensor en la Rúa Ourense tardó 660 y la de una fachada en la Avenida da Coruña, 609. Uno de los expedientes que se aprobó en 2021 venía de 2013, otro de 2014, seis de 2016, cinco de 2017, seis de 2018, 33 de 2019, 70 de 2020 y 65 eran de 2021. "Lugo es territorio comanche" para conseguir licencia», dice el viceportavoz del PP, Antonio Ameijide.

Algunos funcionarios son conscientes de esta anomalía y en sus informes indican en qué fecha llegan a sus manos los documentos, una trazabilidad que desde que existe la tramitación electrónica es más fácil. Como ejemplo, un expediente que entró en el Concello en julio de 2016, se informó por primera vez en noviembre de 2018 y llegó a la mesa del funcionario que firma en mayo de 2020.

2. ¿Cuál es la situación en concellos del entorno?

El PP asegura que el problema de Lugo retrae la inversión en la ciudad y que hay vecinos y empresarios que se están instalando en concellos cercanos, como Friol, Guntín y Outeiro de Rei. Una arquitecta con clientes en estos concellos y en el de Lugo así lo confirma, aunque la presión urbanística que tienen estos lugares no es comparable. "Cuando un cliente quiere hacer una casa siempre le pregunto qué prisa tiene. En Friol, Guntín o Begonte se tiene licencia en menos de un mes. En Outeiro de Rei tarda algo más", explica.

3. ¿Hay dificultades con todo tipo de trámites urbanísticos?

Los permisos de obra menor se están despachando en un plazo asumible, que ronda el mes. Así lo ratifican propietarios que en el último año hicieron trámites de este tipo para edificaciones en el casco histórico, donde las exigencias son mayores. Asimismo, aunque muchos profesionales se quejan de la dificultad para hacer consultas en urbanismo porque desde el covid no hay atención presencial directa sino que primeramente se da cita telefónica o se insta a hacer la consulta por correo, un particular narraba ayer a este periódico que pudo resolver una duda en una semana sin dificultad. Esta era relativa a la carpintería de una casa, pero a menudo los arquitectos sienten la necesidad de exponer y resolver cuestiones de más enjundia.

3. ¿Cuáles son las razones del atasco en las licencias?

La tramitación urbanística es, en líneas generales, difícil desde hace años. Las investigaciones judiciales que afectaron a políticos y a funcionarios, algunas archivadas y otras pendientes de juicio, provocaron miedo e inseguridad. En alguna época, mover un papel era una odisea. 

El gobierno alude también a que con frecuencia los proyectos llegan incompletos o con fallos, hay que hacer requerimientos y la respuesta tarda. El Colegio de Arquitectos y profesionales a título individual señalan que este problema puede existir, pero no en la medida en que señala el gobierno. "Los arquitectos trabajamos en muchos concellos y el problema de Lugo no existe en otros". 

Para atajar este escollo y otros, el gobierno aprobó una instrucción de funcionamiento interno y externo por la cual ahora solo se hace un requerimiento y si en un mes no hay respuesta o justificación se cierra el expediente. Al mismo tiempo, cuando un proyecto entra en el Concello se envía a la vez a varios de los departamentos que tienen que informarlo, sin esperar uno al otro. Sin embargo, los profesionales creen que no está teniendo mucho impacto.

4. El papel de la normativa y de los criterios profesionales

Lugo no tiene una normativa urbanística fácil, coinciden el gobierno y los profesionales independientes, lo que da lugar a una excesiva labor de integración y de interpretación en la que los propios arquitectos del servicio a menudo discrepan. De hecho, en 2021 se aprobó alguna unificación de criterios, como los niveles de protección del Pepri, y los relativos a rasantes en laderas. Estos últimos, en contra de la opinión de los técnicos externos. Ejemplo de la necesidad de adaptar el plan general a la realidad es, explica una arquitecta, que este establece que entre una fosa séptica y un pozo de agua haya 50 metros, algo difícil de cumplir y que no empezó a exigirse hasta hace poco. Sobre los distintos criterios, el PP recordaba ayer que el jefe de arquitectura exigió la reforma de la Casa da Muller de una manera y el compañero que hizo seguimiento lo pidió de otra, una disparidad que resolvió el coordinador de urbanismo, Manuel Vázquez.

5. Anomalías en personal y en la gestión política

Los problemas de personal y políticos que arrastra el área de urbanismo tienen mucho peso en la situación. El nombramiento de un nuevo jefe de arquitectura el año pasado, un profesional que provoca muchos recelos en el sector y entre algunos de sus compañeros por lo que consideran una interpretación de la normativa excesivamente rígida, empeoró el panorama. El nombramiento provocó la dimisión del concejal de urbanismo, Miguel Couto, al que sustituyó Álvaro Santos. Sin embargo, tanto este como el jefe de arquitectura llevan meses de baja por enfermedad. Se nombró un jefe provisional y la sobrecargada concejala de personal y gobernanza, Paula Alvarellos, asumió la dirección política, con la ayuda técnica del interventor, nombrado coordinador general de urbanismo. Este también lleva unos días ausente por problemas de salud. A todo esto se une que uno de los arquitectos más veteranos y que más ponía de su parte para resolver trámites a profesionales, empresarios y vecinos, dejó el Concello hace unos meses. El panorama es complicado y los constructores recordaban este miércoles que acaba de salir una orden de ayudas para obras de mejora energética, se prevén muchas solicitudes y hará falta diligencia para resolver los permisos en plazo y que los propietarios no pierdan las subvenciones.

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