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El problema de la presión del agua en la red pública dificultó los trabajos para la extinción

Lara Méndez y Javier Arias. XESÚS PONTE
Lara Méndez y Javier Arias. XESÚS PONTE
Los bomberos tuvieron que situarse por momentos de camiones enviados por Leche Río y de carrocetas que cargaban en Garabolos

El despliegue personal y medios para sofocar en incendio en O Ceao no escatimó esfuerzos. Y no se escatimó, además, por ninguna de las administraciones, que por un momento aparcaron sus rencillas y diferencias para colaborar con todo lo que tienen. De hecho, la presencia de representantes públicos en la zona del desastre fue muy numerosa desde muy pronto y se centró mucho más en el apoyo a los trabajadores que se la estaban jugando para controlar las llamas y en el consuelo de los afectados que en los habituales reproches.

El buen trabajo, sin embargo, no pudo esquivar algún punto negro, sobre el que llamaron la atención sobre todo varios de los empresarios afectados y alguno de los miembros de bomberos y emergencias. Las críticas giraron en especial sobre la escasa presión del agua de la red pública de la que debían abastecerse los bomberos, que no alcanzaba para llenar los camiones a la velocidad con la que era necesario bombear las mangueras.

Esta deficiencia dificultó en algunos tramos las labores de extinción, ya que los vehículos antiincendios tuvieron que abastecerse en algunos momentos de los camiones cisterna llenos de agua que envió la empresa Leche Río y de las carrocetas de los servicios de emergencia autonómicos, unos vehículos de 25.000 litros de capacidad que iban y venían hasta el parque de bomberos en Garabolos para rellenar agua.

No es la primera vez que pasa. Esta deficiencia ya se detectó en el incendio de una de las instalaciones de Leche Río en O Ceao en junio de 2019. Sin embargo, parece que no se ha hecho gran cosa por solucionarla.

El concejal Álvaro Santos, que siguió los trabajos en O Ceao junto a la alcaldesa, negaba la relevancia de este problema con la presión: "El depósito de Penarrubia está lleno y el de O Ceao mantiene los niveles", aclaraba al respecto, "con lo cual hay suficiente caudal, está garantizado. Las incidencias que pueda haber en las cargas son imprevistas, pero por cantidad de agua no hay problema".

El que hasta esta misma semana era concejal de medio ambiente se mostraba, sin embargo, comprensivo con las críticas de los empresarios, ya que "se trata de situaciones emocionales muy tensas en unas circunstancias muy complicadas. Habrá que ver los pormenores y en qué situación se produjo. Yo veo que mandaron un vehículo auxiliar con agua de la Xunta pero no hizo falta usarlo, así que supongo que estará funcionando con normalidad. Un incendio no se apaga si faltan agua y espuma".

Pese a todo, Santos quiso tranquilizar al asegurar que "se comprobará el funcionamiento de todo y si se comprueba que se necesita mejorar no hay problemas para hacer una actuación de emergencia. Mientras tanto, prudencia".

Prudentes fueron, precisamente, la mayor parte de los muchos representantes públicos que se acercaron hasta la zona cero. El primero en llegar fue el delegado de la Xunta, Javier Arias, en previsión de que se declarase, como así fue, el Nivel 1 del Plan Territorial de Emerxencias de Galicia (Platerga), lo que permitió movilizar recursos de toda la provincia de Lugo.

Arias, que al cierre de esta edición seguía en O Ceao, asumió la coordinación de las acciones y mantuvo en todo momento informados al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y al vicepresidente Alfonso Rueda, hasta la llegada del director xeral de Emerxencias e Interior, Santiago Villanueva.

También desde primera hora estuvo Lara Méndez, junto a Álvaro Santos y Ana González Abelleira. No fueron los únicos concejales que se interesaron, ya que el portavoz del grupo municipal del PP, Ramón Carballo, se sumó a la concentración acompañado por otros tres ediles de su grupo. El senador popular José Manuel Barreiro fue otro de los que se acercaron.

Además, estuvieron pendientes de todo representantes del otro socio del gobierno local, como Alexandre Penas y Cristina López, hasta que llegó su jefe de filas, Rubén Arroxo, que regresó de un desplazamiento fuera de Lugo.

Las dos administraciones restantes, Diputación y Gobierno central, tampoco escatimaron esfuerzos ni presencia. El presidente provincial, José Tomé, puso a disposición de la capital todos los efectivos de los parques de bomberos que gestiona, una oferta de recursos a la que se sumó la subdelegada del Gobierno, Isabel Rodríguez, que mantuvo al día de la situación al delegado en Galicia, José Miñones.

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