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La presencia balsámica de Beni

Beni Martínez, asomada. JOSÉ MARÍA ÁLVEZ
Beni Martínez, asomada. JOSÉ MARÍA ÁLVEZ

Cuando la matrona Beni Martínez estudiaba la especialidad, era a ella a quien llamaban para que acompañase a las parturientas inquietas. Ahora, adolescentes y ancianas pasan por consulta para hacerle las preguntas más íntimas

HAY ALGO EN BENI que facilita la confidencia. Puede que sea la voz, cierta tendencia a la sonrisa o esa expresión general de persona resuelta, con recursos, que, además de tener la voluntad de echarte una mano, tiene herramientas para hacerlo. O a lo mejor es, simplemente, saber de antemano cuantísima gente, de todas las edades, comparte con ella sus intimidades.

Una prueba contundente de hasta qué punto su presencia es balsámica, propiciadora de un clima de confianza, es el hecho de que en la primera clase sobre sexualidad que impartió en un instituto estaba su hijo adolescente. Es decir, no solo estaba presente es que además le pareció bien que fuera su madre la que resolviera las dudas de sus amigos. Que en la edad en la que cada pequeña cosa es motivo para la vergüenza y en la que las fricciones con los padres son recurrentes se apoye algo así habla de forma elocuente sobre el carácter de Beni.

Nacida en El Provencio (Cuenca) fue una de esas niñas llamadas a ponerse a trabajar pronto a la que la iniciativa providencial de un maestro colocó en otro camino. Ese hombre convenció a la familia de Beni, dedicada a la agricultura, de que la pequeña tenía madera para estudiar y de que había becas para hacerlo. Se recuerda siempre curiosa, de esas estudiantes a las que abrir una rana, lejos de parecerle asqueroso, le encandilaba.

Estudió Bachillerato en un pueblo de Albacete y Enfermería, interna en un centro religioso que tenía un hospital en el que las alumnas hacían prácticas. Todas llevaban un delantal de uniforme con un cordón a modo de cinturón, de distinto color a medida que pasaban los cursos. Todas se lo tapaban con una chaqueta y todos los pacientes les levantaban una esquina para ver, por el color, en manos de quién estaban.

En la primera clase sobre sexualidad que impartió en un instituto estaba su hijo adolescente

Tuvo claro pronto que quería ser matrona y estudió en el Hospital de Santa Cristina, la primera escuela de España de la especialidad. También gestionada por una orden religiosa, reunía a más de un centenar de enfermeras en proceso de formación y tenía un hospital adjunto. Eran tiempos, a muchas mujeres les sonarán porque no son tan lejanos, en los que se paría aislada de la pareja o de la familia, tumbada en una cama, con eternas esperas solitarias. Las monjas hacían llamar a Beni para que acompañara a las parturienta más preocupadas, conscientes de su capacidad balsámica.

Trabajó de enfermera y matrona simultáneamente,también en el Hospital 12 de octubre, el más innovador de su época, en el que todos los partos se monitorizaban cuando tal cosa no se veía en los paritorios del resto del país. Le tocó acabar la especialidad en una época en la que se abrían, una tras otra, nuevas residencias con nuevas áreas de maternidad. Se plantó en el Ministerio de Sanidad reiteradamente, la echaron hasta tres veces por pesada pero logró lo que quería: un listado de todas las aperturas previstas para mandar el currículum a cada una. Fue así como la llamaron de la residencia de Lugo y así como llegó en un viaje eterno en tren a un trabajo en el que esperaba estar un año.

Vivió inicialmente con las monjas de Santo Domingo, que acogían estudiantes. Lugo era una ciudad que crecía y podía tener entonces 20 partos en una noche. Destaca la excelente labor de las auxiliares, su asombrosa capacidad resolutiva. Beni hizo amigos en el hospital y, con su pandilla, conoció al sarriano que se convirtió después en su marido y con el que se fue a vivir a Viveiro.

Trabajó entonces en el Hospital da Costa, un centro en proceso de apertura, que, antes de que abriera las puertas, el propio personal ayudó a ordenar, colocar y hasta a limpiar. Durante un tiempo llevó la contabilidad en un cuaderno, pero ahora dice que ha perdido la cuenta del número de niños que ha ayudado a nacer.

Durante un tiempo llevó la contabilidad en un cuaderno, pero ahora dice que ha perdido la cuenta

Ha estudiado dos másters sobre sexualidad y, además de acudir a muchos institutos mariñanos a hablar del tema a los estudiantes, también fue colaboradora de un programa de radio. En los dos escenarios la gente se le confesaba. En el caso de los adolescentes, generalmente a posteriori: les proporcionaba su correo electrónico y le escribían con sus dudas, algunas de romper el corazón. "Mi novio quiere hacer tal cosa, pero a mí no me gusta, ¿qué hago?", le preguntaban algunas chicas.

Ahora, con 11 años como matrona en Primaria, en el centro de salud de Vilalba, sigue recibiendo preguntas delicadísimas. "¿Qué hago, me separo?", le llegaron a plantear. Al margen de los seguimientos del embarazo, recibe en consulta a mujeres de todas las edades: adolescentes con su primera regla y ancianas que llevan sufriendo incontinencia desde su último parto. Si alguien te ayuda a poner coto a un problema que padeces desde hace 20 años y por el que nadie más parece haberse interesado demasiado, cómo no confiar.

Cómo hablan las mujeres

Familia.
Beni, que está divorciada desde hace años, tiene dos hijos. El mayor, Manuel, de 33 años estudió Dirección de Empresas y fue el que le ayudó con todo el papeleo cuando montó la suya, con la que se dedicó un tiempo a dar clases maternales y para bebés. El pequeño, Daniel, tiene 26 años y también es matrona. Trabaja actualmente en Pamplona.

Segunda o tercera consulta.
Hay pacientes más abiertas y hay consultas más sencillas. Sin embargo, algunos problemas tardan en revelarse. Beni explica que muchas veces no es hasta la segunda o tercera vez cuando sale a relucir el problema real que las ha llevado hasta allí. Quizás pregunte a una mujer si tiene pérdidas de orina, esta lo niegue en presencia de su hija, por ejemplo, para acudir más adelante sola y pedir ayuda.

Bebés.
Son legión las madres que piden ayuda a Beni con alguna tarea del cuidado de los niños, de cómo curar un ombligo a qué hacer con tal o cual sarpullido.

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