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Luisa Sánchez: "Prefería jubilarme antes de casa que del Gran Teatro"

Luisa Sánchez. AEP
Luisa Sánchez. AEP
"Yo allí era feliz", asegura esta lucense, que entró a trabajar en 1955 y se retiró en 1986. A sus 101 años repasa momentos de una época irrepetible

"Yo allí era feliz... cantando a todas horas. Siempre lo dije: prefería jubilarme antes de casa que del Gran Teatro". Quien habla es Luisa Sánchez Vázquez, que tiene 101 años y se pasó 31 trabajando de limpiadora en el edificio que durante mucho tiempo reinó en el panorama cultural de la ciudad y que fue derruido hace 25 años.

Entró en 1955, se jubiló en 1986 y es imposible oírle una mala palabra de su experiencia laboral. "Don Pepito, mi primer jefe, era una gran persona. No quiero a nadie aquí sin asegurar, decía, y estamos hablando de una época de mucha pobreza", recuerda.

"Y después estaban mis compañeras; Rosario, Ramona, Estrella... me acuerdo mucho de ellas aún a día de hoy, e incluso rezo por ellas", añade.

Luisa echa la vista atrás y no duda, el cine era el gran protagonista, pero fue el teatro el que más recuerdos le dejó. "Actuaciones había solo de vez en cuando, pero por allí pasaron infinidad de artistas; los mejores que había. Me acuerdo de Lola Herrera, por ejemplo, y de un cantante que se llamaba Pepe Blanco".

"Nosotras limpiábamos por la mañana y era cuando los artistas ensayaban o llegaban al teatro a organizar sus actuaciones. Conocí a muchos, pero ahora no recuerdo sus nombres. Una vez me presentaron a uno que siempre hacía de malo en las obras de teatro y le dije que lo saludaba por educación, pero que me caía muy mal porque siempre hacía de malo. Él me aseguró que eso era solo en el escenario y que era muy buena persona... no sé", apunta.

Por allí pasaron infinidad de artistas; los mejores que había, como por ejemplo Lola Herrera y Pepe Blanco

Del cine recuerda cómo se llenaba siempre los fines de semana y la expectación que se creaba con los grandes estrenos. "Había películas muy bonitas, pero yo no iba mucho. Solo para llevar a mis nietos. Recuerdo una vez que llevé al mayor a ver una película de la que todo el mundo hablaba: King Kong... ¡Dios mío! Nada más salir el gorila, el niño pegó la cara contra mi pecho y así se pasó toda al película. Yo le decía que nos fuéramos, pero él no quería separarse por miedo a ver la pantalla. Llegué a casa sudada por completo", comenta Luisa, cuyo marido, Felisindo Rodríguez, ya fallecido, trabajó toda la vida en el cercano cine Kursal.

El día siguiente de que el Gran Teatro se llenase era propicio para descubrir un tesoro. "Muchas veces a la hora de limpiar encontrabas dinero; yo una vez encontré 100 pesetas, pero después llegó un señor que trabajaba en la cabina y que antes de irse para casa miraba bien debajo de las butacas y arrapiñaba con todo", indica.

"Me dio mucha pena cuando cerraron el Gran Teatro", dice. "Yo ya hacía mucho tiempo que había dejado de trabajar, pero aun así lo lamenté. Un día, cuando volvía de hacer la compra, pasé por delante y una chica que trabajaba en la taquilla me pidió que me acercase porque estaban haciendo una protesta contra el cierre. Al cabo de un tiempo me volví a encontrar con ella por la calle y le pregunté qué tal y me contestó que se había quedado en la calle. ¡Qué pena!", lamenta.

Fue el triste final de un teatro que para Luisa siempre será sinónimo de felicidad, como para tantos lucenses que pasaban por allí un rato después de que ella hubiese dejado todo limpio mientras cantaba. 

Luisa Sánchez: "Prefería jubilarme antes de casa que del Gran Teatro"
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