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Un pequeño oasis en medio del infierno

Carlos Márquez, en las instalaciones de su empresa. VICTORIA RODRÍGUEZ
Carlos Márquez, en las instalaciones de su empresa. VICTORIA RODRÍGUEZ
La empresa De Pablo quedó intacta entre dos naves completamente calcinadas. "Esto es un milagro, pero veo lo que le pasó a mis vecinos y no soy capaz de sentir alegría", afirma su dueño

La nave de Electrodomésticos De Pablo está situada en Rúa dos Canteiros, 13, pared con pared con Recambios al Volante y lindando por detrás con Castro Parga. El domingo, el fuego calcinó las instalaciones que rodean a De Pablo, pero esquivó su nave —contra todo pronóstico— y la dejó intacta. Su propietario, Carlos Márquez, seguía este lunes con la angustia en el cuerpo y todavía no se podía creer que el fuego no se hubiera cebado con su negocio.

"Me llamaron a primera hora de la mañana para decirme que estaban ardiendo varias naves y cuando llegué a O Ceao las llamas ya estaban calcinando varias empresas que rodean a la mía. Cuando vi la situación pensé: Bueno, es cuestión de tiempo". Márquez permaneció pegado al cordón policial durante toda la mañana, esperando a que sus instalaciones comenzaran a arder. "Pasé horas mirando cómo ardía todo, angustiado, pero pasaba el tiempo y no veía salir llamas del interior de mi nave. Aun así, me parecía imposible que se salvara y estaba convencido de que estaría ardiendo por la parte trasera. Fue una mañana muy angustiosa".

Para este empresario, perder toda la documentación de su negocio supondría prácticamente volver a empezar. "Lo peor de una tragedia así es quedarte sin los documentos y el parón de la actividad. Aunque el seguro te pague los daños, lleva meses remontar la empresa y, durante ese tiempo, los clientes se tienen que buscar otro proveedor. Corres el riesgo de perder la cartera de clientes que has tardado tantos años en conseguir", explicaba.

Carlos Márquez se puso en la peor situación —que era la previsible—, pero por fortuna se equivocó. "Cuando sofocaron el incendio y pude entrar en la nave no me lo podía creer. Las llamas no afectaron a la mercancía ni a las instalaciones. Me parecía imposible, ya que las otras naves estaban totalmente calcinadas. Los bomberos me explicaron que la dirección del viento me había salvado. Si llega a soplar hacia mi nave, hubiera sido imposible hacer nada. Además, entre la nave de Castro Parga y la mía hay un pequeño aparcamiento que hizo de cortafuegos. Esos dos factores jugaron a mi favor. Fue suerte".

Sin embargo, a pesar de su inmensa fortuna, el propietario de Electrodomésticos De Pablo no daba este lunes ninguna muestra de felicidad. "Estoy muy agradecido de este milagro y soy consciente de que me ha tocado la lotería, pero veo lo que les ha pasado a mis vecinos y no puedo sentir alegría. Es desolador", afirma.

Márquez se pone en la piel de los empresarios afectados y asegura que nadie se puede imaginar por lo que están pasando. "Yo imaginé su situación por unos momentos y es terrible. Cuando veo cómo quedó la nave de Recambios Al Volante, me vengo abajo. Trabajamos todos los días puerta con puerta y ver que de un momento a otro se han quedado sin nada, me da mucha tristeza", afirma.

Este empresario intenta reponerse del susto y retomar la normalidad en medio de la desvastación. "Abrí las puertas de la empresa con mal cuerpo y todavía continúo igual. Vinieron a comprobar si la estructura de la nave estaba dañada y concluyeron que no. También hicieron mediciones para comprobar si había niveles importante de monóxido de carbono y dieron negativo. Yo no puedo pedir más, pero no puedo sacarme de la cabeza a quienes no han tenido la misma suerte que yo", concluye.

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