Un pavo y mucho que agradecer

Estados Unidos dedica la mayor de sus fiestas familiares a dar las gracias y los americanos que residen en Lugo han importado la significativa tradición
Agradecimientos de la familia de Welcome English School.
photo_camera Agradecimientos de la familia de Welcome English School.

El último jueves de noviembre se celebra en Estados Unidos el Día de Acción de Gracias (Thanksgiving en inglés) y los pavos se echan a temblar. Son los protagonistas de una celebración que tiene mucho de gastronómico, pero más de reflexión.

Las familias estadounidenses se reúnen para comer y la cantidad de platos supera incluso la de un patrón gallego. Pero la parte gastronómica, aunque muy importante, es secundaria ante el motivo real que los reúne en torno a una mesa: dar las gracias.

Por lo bueno que les ha pasado, por lo que han conseguido, por sus habilidades, por su familia, por la comida que disfrutan... Todo vale. El objetivo es reflexionar y encontrar un motivo de agradecimiento, decirlo en voz alta, darle reconocimiento y compartirlo. Es la principal celebración familiar de Estados Unidos. Supera incluso a la Navidad

Su origen se remonta a los tiempos de la colonización de norteamérica por parte de los europeos. Los colonos no disponían de comida suficiente y los indígenas les ayudaron a cultivar la tierra. Les dieron semillas para plantar y les enseñaron a pescar. En agradecimiento, cuando consiguieron la primera cosecha hicieron un banquete e invitaron a comer a quienes les habían proporcionado el sustento. 

La celebración tiene su origen en los tiempos de la colonización de norteamérica

Hay controversia sobre cuándo ocurrió esto. Algunas teorías lo sitúan en Plymouth en 1623 con los colonos ingleses como protagonistas y otras apuntan a los españoles que se asentaron en Texas en 1598. En todo caso, una celebración para agradecer la cooperación y lo bueno de cada día.

Sherri, Lucía, Tere web
Sherri Thornton, Lucía Broncano y Tere Hernández.

EN LUGO TAMBIÉN. Sherri Thornton, Tere Hernández y Lucía Broncano son estadounidenses. Enseñan inglés en el centro Welcome English School, en Lugo, y han sabido contagiar en su entorno el espíritu del Día de Acción de Gracias.

Cada año organizan una comida con sus allegados y recrean la celebración norteamericana. "En la academia hay profesores de todo el mundo. El tiempo que estamos aquí ellos son nuestra familia y tratamos de ayudarnos. Es muy importante para mí saber que tengo gente alrededor", afirma Sherri Thornton.

Ella es la anfitriona y la cocinera. Su casa de Gaibor se llena de gente cada noviembre para disfrutar de un menú muy amplio que requiere muchas horas de preparación. Algunos de los asistentes ayudan, pero la chef, que además es jefa de estudios en Welcome English School, se desenvuelve con soltura en la cocina.

"No podemos hacerlo el jueves, pero lo trasladamos al sábado para adaptar la celebración a las exigencias laborales de todos", comenta Tere Hernández. Ella nació en Estados Unidos. Es india apache por parte de padre y sevillana por parte de madre. Está muy orgullosa de su sangre india y presume de los rasgos físicos que la delatan.

Sherri, Lucía y Tere han importado la tradición y reúnen a su familia de Lugo

 

Recuerda que en su casa de Estados Unidos la comida empezaba a las dos de la tarde, pero los preparativos venían ya de los días anteriores. "El pavo es tan grande que en los últimos años no lo cocinábamos en el horno, sino a la parrilla en el patio", apunta.

La celebración, muy casera, se extendía "a algún amigo que no tenía familia en Estados Unidos. Eso es lo que hacemos ahora en Lugo. Nos reunimos con la gente que nos rodea y que consideramos nuestra familia aquí", comenta.

El menú que preparan es complicado porque "todos tenemos restricciones. Los hay vegetarianos, otros no pueden comer algún alimento, aunque siempre conseguimos comida a gusto de todos y lo pasamos muy bien", explican.

Pero el momento más importante, la razón por la que se reúnen, es agradecer y compartir. "Damos las gracias por lo que tenemos, por las cosas buenas que nos pasan, por los talentos. Yo, por ejemplo, soy chef y doy las gracias por poder compartir mi comida con mi familia. Otra persona toca la guitarra y comparte su talento con todos nosotros. Es un día para agradecer el apoyo de los que tenemos alrededor, para reflexionar y disfrutar", dice Sherri.

Shane Doherty y María Pérez, los directores de Welcome English School, afirman que las profesoras norteamericanas han sabido aprovechar el espíritu del Thanksgiving para fomentar en los alumnos el valor del agradecimiento. "Durante estos días se les explica en qué consiste la fiesta, se les hace partícipes de ella y tienen ocasión de reflexionar sobre las cosas por las que pueden estar agradecidos. Por sus juguetes, con sus padres... lo incorporamos en varias clases", explican.

Eduardo e Terry web
Terry Kozlowsky y Eduardo Fernández.

DESDE O VALADOURO. Eduardo Fernández Galán tiene doble nacionalidad, española y estadounidense. Vivió 27 años en Estados Unidos y allí celebró muchos días de Acción de Gracias. Desde su casa de Ferreira do Valadouro recuerda aquellos tiempos, jornadas agradables, de celebración compartida.

Tuvo una buena guía para impregnarse de la tradición. Su mujer, Terry Fernández Kozlowsky, era quien llevaba el peso del menú. "Empezamos a cocinar un día antes porque hay que preparar muchos platos. El pavo tiene que estar cuatro o cinco horas en el horno porque es muy grande", apunta la experta cocinera. 

Ambos explican que es una celebración familiar y que todos colaboran en la organización. "Uno prepara las patatas, otro el puré, aunque siempre hay un anfitrión que se encarga de casi todo. Las familias suelen reunirse en la casa de los abuelos o en la de algún tío".

Eduardo y Terry vivieron 27 años en EE.UU. y reviven el Thanksgiving desde O Valadouro

 

Terry Kozlowsky comenta que Acción de Gracias "se celebra siempre el último jueves de noviembre y todo el mundo tiene vacaciones. Eso facilita las reuniones. Mucha gente hace puente". Eduardo Fernández añade que "es el día del año que menos tráfico hay, aunque antes los aeropuertos, estaciones de tren y carreteras están a tope porque todo el mundo va a reunirse con su familia".

Entre los dos les cuesta enumerar un sinfín de platos típicos de ese día. "El pavo relleno, por supuesto, y enorme porque es para mucha gente. Puré de patatas, de nabos, boniato, judías verdes, salsa de arándanos y varias más a gusto de los comensales, rábanos, verduras variadas, cóctel de gambas de entrante y diversas tartas de calabaza, manzana y zanahoria de postre". 

La sobremesa está marcada cada año por un partido de rugby destacado en el calendario de competición. "Habitualmente juegan equipos de dos universidades de prestigio. Después de la comida nos juntábamos para verlo", recuerda Eduardo Fernández.

Pero antes, la tradición manda dar las gracias. "Intervenimos todos. Cada uno va enumerando aquello por lo que considere que debe estar agradecido. No tiene sentido religioso, por lo menos en nuestro caso. No le damos gracias a dios, simplemente nos paramos a reflexionar sobre todo lo positivo que nos ha pasado y que queremos agradecer", explican.

Eduardo Fernández se crio en Madrid, pero su bisabuelo era de Ferreira do Valadouro y "cada verano, desde que tengo uso de razón, lo pasé aquí. Somos 50 primos y nos juntábamos por lo menos 30. Eran veranos maravillosos. Tan buenos recuerdos tenemos que ya somos ocho primos los que nos hemos asentado en Ferreira una vez jubilados. Estamos repoblando el valle", comenta.

Antes de echar raíces, Eduardo y Terry se mudaron una docena de veces. "Ella es de Nueva York y vino a Madrid para poner en marcha la cadena de ventas de la empresa Avon. Yo le enseñaba español por las noches. Como era la última clase del día, aprovechábamos para tomar algo al terminar y poco a poco..." comenzó su historia de amor.

Pero el destino quiso que tuviesen que intercambiar sus ciudades. A Eduardo le ofrecieron un trabajo en Nueva York como profesor de español y se marchó. Después fue corresponsal de una revista de baloncesto. Como la vida al otro lado del océano estaba encaminada, decidieron casarse y Terry regresó a su país. Allí pasaron 27 años y volvieron para disfrutar de la jubilación en O Valadouro.

Dicen que aquí la celebración del Día de Acción de Gracias es muy limitada porque "nuestro horno es pequeño y no cabe el pavo. Alguna vez probamos con pollo, pero no es igual". En todo caso, cada último jueves de noviembre sus recuerdos regresan a su otro país y encuentran un motivo para estar agradecidos.

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