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La pandemia ha empeorado la situación de los más desfavorecidos

Una usuaria es atendida en el Banco de Alimentos. VICTORIA RODRÍGUEZ
Una usuaria es atendida en el Banco de Alimentos. VICTORIA RODRÍGUEZ
El sistema asistencial de Lugo probó su eficacia en lo peor de la crisis

Seis meses después del principio del estado de alarma, quizás los indicadores económicos de la provincia sean mejores de lo esperado, pero Lugo todavía tardará tiempo en pagar su factura social. Sobre todo porque las grandes crisis, y esta no está siendo diferente, tienen la manía de causar las mayores heridas a los sectores más vulnerables de la sociedad: en este caso, a los mayores y las personas con dependencias en términos de salud y aislamiento, y a los económicamente más desfavorecidos en términos de exclusión social. Y la enfermedad amenaza con cronificarse si no se actúa.

En medio de ambos colectivos, según confirman quienes han estado en primera línea de la asistencia social durante todo este tiempo, ha surgido un nuevo perfil: el de aquellas personas que nunca antes habían tenido necesidad de recurrir a los servicios sociales y que, al menos de manera temporal, no han visto otra salida. Para la mayoría de estas personas es ya un mal recuerdo, pero no para todas: algunas de ellas, advierten los expertos, han cruzado los límites de la exclusión para quedarse.

Seis meses después, seis meses en los que reconocen que han vivido situaciones que nunca jamás pensaron ver en Lugo, representantes de las organizaciones y servicios que forman el armazón principal del sistema asistencial en Lugo comparten su experiencia y análisis. Se trata de Mónica Yáñez, de Cáritas Diócesana; Manuel María López, de Cruz Roja; Amadora Núñez, del Banco de Alimentos, y Olga López Racamonde, concejala de servicios sociales del Concello de Lugo. Un avance: la herida sigue supurando, pero el sistema ha mostrado su eficacia y Lugo, su solidaridad. No es todo, pero es mucho.


Nuevos perfiles, nuevas necesidades

Los números son apabullantes. El Banco de Alimentos, quizás el rostro más dramático de la crisis social durante el confinamiento, pasó de atender a principios de año a 600 familias en la costa lucense, 425 en Monforte y 1.000 en Lugo a duplicar los números en la provincia y triplicarlos en la capital en abril, en un pico que se mantuvo junio. Cada familia tiene una media de cinco miembros.

Cáritas, que reparte su ayuda entre Lugo, A Coruña y Pontevedra, pasó de atender a 2.000 personas a cerca de 4.000 en el primer trimestre. Cruz Roja tenía a principios de año en teleasistencia a unos 2.000 mayores en la provincia; pasó a atender a 14.450 personas, la mayor parte ancianos y personas en aislamiento.

Desde principios de abril hasta que comenzaron a cobrarse los Ertes y la Tarjeta Monedero la presión fue brutal

En la capital la presión se dejó sentir de manera especial. Se tuvo que montar un albergue permanente en el Pabellón Municipal, que gestionó Cruz Roja, y servicios como Xantar no Fogar pasaron de llevar comida a las casas por valor de 4.300 al mes a facturar 14.000 euros mensuales. En julio ya se había gastado el doble del presupuesto para todo el año para Emergencia Municipal.

Detrás de estas cifras hay personas. Gran parte de ellas ya estaba ahí, eran usuarios de esos servicios: personas mayores, dependientes, menores con necesidades educativas, familias con necesidades puntuales para el pago de alguna factura, desempleados en busca de formación, usuarios de centros de día...

Pero eran personas que tenían nuevas necesidades: ya no podían salir a hacer la compra, no tenían medios tecnológicos para seguir sus clases, no tenían con quien dejar a sus hijos, los centros de día habían cerrado, igual que los comedores escolares. Para todas ellas hubo que buscar nuevas soluciones.

Pero a las puertas de los gestores de los servicios sociales comenzaron a llamar también personas que hasta entonces nunca lo habían hecho. Fue sobre todo a partir de abril cuando los Ertes aún no se habían cobrado y los ahorros se agotaron. "Nunca habíamos tenido gente con buenos cargos en empresas", recuerda Amadora Núñez, "gente con pequeños negocios que tuvieron que cerrar, gente que te decía: ‘Nunca me imaginé verme en esta situación’, y que venía agobiadísima".

"Fue un periodo tremendo", confirma desde Cáritas Mónica Yáñez, "el aluvión de peticiones que tuvimos fue exagerado". El Concello de Lugo lo notó, explica Olga López, en la ayuda de emergencia social, precisamente pensada para este tipo de situaciones. "Tuvimos una demanda brutal en alimentación y en pago de alquiler", detalla la concejala. Solventada la entrega de cestas de comida por otras vías, entre el 60 y 70% de esas ayudas se fueron al pago de alquileres.

Por fortuna, confirman los consultados, este perfil comenzó a desaparecer a medida que empezaron a cobrarse los Ertes y en este momento no es preocupante.


Los que no tenían nada tienen menos todavía

Entre los perfiles que ya estaban en la órbita de la asistencia social, aquellos que se mueven directamente en la exclusión. No solo se han mantenido, sino que su situación se ha agravado.

Para los sin techo, que antes disponían algunas noche del Fogar do Transeunte, Cruz Roja creó un albergue permanente en el Pabellón. Manuel María López lo recuerda así: "Fue un reto brutal. El día que lo estábamos montando me faltaba poco para que se me cayeran las lágrimas. No me esperaba tener que montar algo así aquí, eran situaciones muy duras". Pero también fue un éxito: tres meses funcionando con 47 personas confinadas, hombres y mujeres con problemas de adiciones, más los equipos de Cruz Roja, 24 horas; ni un solo contagio.

Será básico el ingreso mínimo vital. En la provincia se han solicitado 3.900, aunque apenas se aprobaron unos cientos 

El resto, los que no tienen derecho ni a Risga, ni aportación por hijo, ni a ayudas de ningún tipo, recurrieron a las de emergencia y a las colas del hambre.

Pero también a esta situación extrema se añadieron nuevos perfiles: el de aquellas personas que, hasta entonces, se manejaban en la economía sumergida, sin contrato pero trabajando de manera regular, cuidando ancianos, limpiando casas... Esos quedaron sin empleos y sin perspectivas de cobrar paro ni Erte ni ingreso mínimo vital, sin nada, directamente en la exclusión.

Muchas de estas situaciones, advierten desde los servicios sociales, es muy posible que se cronifiquen. En Cáritas han detectado que "ahora se pide una mayor cualificación laboral en sectores que hasta ahora no lo requerían, por ejemplo la hostelería. La precariedad es muchísimo mayor".


El sistema aguanta, la solidaridad ayuda

Seis meses después, la presión asistencial ha bajado, aunque se mantiene en niveles superiores a la prepandemia. En la salida fueron fundamentales el cobro de los Ertes para las perfiles ‘nuevos’ y la puesta en marcha de la Tarjeta Monedero por parte de la Xunta a finales de julio para los más desfavorecidos. Todos los expertos consultados están también de acuerdo en que el ingreso mínimo vital, cuando se generalice, será muy importante. De momento en la provincia se han presentado 3.900 solicitudes, aunque se han aprobado muy pocas.

El mensaje esperanzador es que el sistema de asistencia social lucense está bien coordinado y preparado para resistir el desafío, aunque precisará más inversión. Y buena parte de ese éxito se debe a la ejemplar solidaridad de los lucenses. Al menos en eso sí que de esta Lugo sale mejor.

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