"Pago 300 euros con mi pareja por un cuarto en un piso que tiene otros cuatro alquilados"

Anuncio de alquiler de habitaciones. ARCHIVO
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Lucía (nombre ficticio) llegó hace un par de años a Lugo procedente de un país latinoamericano huyendo de la inseguridad y de la violencia y buscando un futuro mejor para ella y su hija pequeña, a quien dejó allá a la espera de que pueda alcanzar seguridad económica y condiciones de vida adecuadas aquí. 

De momento no tiene ni lo uno ni lo otro. Está en situación irregular, a la espera de que le sea concedido asilo o de que se resuelva la situación judicial en la que se vio envuelta tras haber sido explotada laboralmente por una empresa de ayuda a domicilio, aprovechando su situación de vulnerabilidad. 

Lucía comparte una habitación con su pareja, que llegó desde el mismo país, pero más tarde que ella, por la que pagan 300 euros y algún gasto más, como la bombona de butano que comparten con el resto de inquilinos del piso. 

La vivienda tiene cuatro habitaciones, que se han convertido en cinco con la transformación del salón en cuarto, y todas ellas están alquiladas

"Es muy incómodo vivir así y de esta manera no puedo traerme a mi hija", cuenta 

Vivir en estas condiciones no resulta fácil, asegura la joven. "Hay gente que no limpia, hay que esperar para lavar... A veces hay ruido... Es muy incómodo vivir así y de esta manera no puedo traerme a mi hija", cuenta. 

PRECIOS. De momento solo ha hecho una pequeña exploración del mercado inmobiliario, porque es consciente de que sin contrato laboral no va a conseguir alquilar una vivienda. Tiene un trabajo de media jornada, pero cobra en negro porque su situación de residencia irregular no le permite acceder a un contrato. Mientras tanto, un Número de Identidad de Extranjero (NIE) es el único documento que acredita su residencia en España. 

El pequeño sondeo que ha hecho de viviendas para alquilar no ha resultado motivante, sino al contrario. Los trabajos a los que de momento ha tenido acceso están relacionados con los cuidados y con pocos ha alcanzado el salario mínimo, por lo que afrontar los gastos que se derivan de una vivienda no le va a resultar fácil, asume. 

De momento, su pareja, que está en una situación similar a la suya, no tiene más que trabajos ocasionales, aunque como lleva menos tiempo en el país todavía tiene acceso a algunos recursos públicos, como la tarjeta monedero de Cruz Roja o el Banco de Alimentos.

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