Pablo Simón: "¿Se incluyen Feijóo y Revilla cuando dicen que hay la peor clase política?"

El investigador, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y analista político de TVE, La Sexta y la Ser ofrece este jueves en O Vello Cárcere, a las 10.30 horas, una conferencia sobre fake news y desinformación. La entrada es libre y gratuita. El centro municipal de información europea Europe Direct Lugo organiza el acto, que arranca a las 9.30.
Pablo Simón (Arnedo-La Rioja, 1985). EUROPA PRESS
photo_camera Pablo Simón (Arnedo-La Rioja, 1985). EUROPA PRESS

En la sesión de control del Gobierno de este miércoles Pedro Sánchez, en respuesta a una pregunta de Santiago Abascal sobre los riesgos de la inmigración, dijo en el Congreso que el principal peligro para la sociedad es la desinformación. ¿Coincide con esa apreciación?
No. Tenemos problemas enormemente importantes en nuestra sociedad y la desinformación es un componente más para reafirmar que estamos en un contexto muy polarizado. La desinformación no es la causa, es la consecuencia, es el síntoma de algo más profundo que se ha roto de nuestras sociedades, que tiene que ver con la socialización digital, las desigualdades que arrastramos desde la gran recesión de 2008... Lo que tenemos que preguntarnos es qué es lo que ocurre en nuestras sociedades para que haya demanda para partidos políticos que emplean de manera sistemática la desinformación.

La desinformación se propaga con impunidad, sin freno, ¿cómo se puede contener?
La propaganda y la mentira es algo tan viejo como el mundo. Lo que ocurre es que estamos en un contexto digital en el que primero esos elementos se amplifican. Tienen una capacidad y unos impactos que pensamos que son superiores a otros medios de comunicación y sobre todo que dejan más impronta porque hoy la gente consume noticias esencialmente a través de Internet, sobre todo a través de los smartphones. Y donde, por supuesto, elementos como la mensajería instantánea de WhatsApp y Telegram, también juegan un papel. Es indudable que esto ha supuesto un salto cualitativo y eso viene de la mano de algoritmos que lo que buscan en un contexto de economía de la atención el tratar de reforzar cuáles son las ideas que tenemos y mostrarnos las ideas más extremas de los rivales… Hay un componente de pescadilla que se muerde la cola. Este es un elemento que puede echar raíces porque hay un abono previo, que es que desde los años 80 para aquí vivimos un proceso de desintermediación creciente de nuestra sociedad, de desconfianza creciente hacia los partidos políticos, los sindicatos, las iglesias, los medios de comunicación… Eso permite que cada cual pueda construir su propia realidad, verdad… y que la desinformación y las fake news se expandan más y calen más. Ahora se dice ‘Esto no lo verán en los medios’ o ‘Todos los medios están comprados o manipulados’. Eso permite que las teorías de la conspiración tengan un auge más visible que hace 20 años.

¿Qué es lo que ocurre en las sociedades para que haya demanda para partidos que emplean la desinformación? 

La polarización y la crispación son el caldo de cultivo para que se difunda tanto la desinformación pero en contrapartida hay un hartazgo por parte de la ciudadanía.
De un lado tenemos burbujas más cerradas con cámaras de eco en las que la gente retroalimenta sus prejuicios y que a través de Internet normalmente está más radicalizada. Eso es lo que vemos en redes. Lo que vemos en la realidad es que hay una parte importante de los españoles que, de acuerdo con las encuestas, se han desenchufado de la política. Ahora un político pelea para captar la atención no solo con otro político, sino también con los infinitos estímulos que hay, desde Netflix hasta vídeos de gatitos en Instagram. El político quiere llamar tu atención, por eso tiene muchos incentivos a hacer ruido. Ese ruido genera que una parte de la gente se retraiga y pase de la política. Nos politizamos mucho esta última década y esto ha ido en retroceso. Este es un factor, pero luego hay otro que es que tú puedes no estar interesado por política pero que te llegue por WhatsApp un bulo, por ejemplo, el de que la mujer del presidente es un hombre. Lo que no sabemos es si eso te persuade o te impacta. Es decir, sabemos que existe, sabemos que corre el bulo, pero eso no significa que la gente cambie de opinión por ello. Ese es tal vez el elemento diferencial.

Núñez Feijóo y Revilla dicen que tenemos la peor clase política de la democracia. ¿Coincide con ellos?
¿Se incluyen ellos mismos?... No es cierto. Hay una cierta idealización nostálgica de cómo se hacía política en el pasado. Hoy hacer política es complicado y todo el mundo piensa que los de antaño lo hacían mejor que los actuales. Pero ha cambiado el contexto. ¿Por qué? Porque si es un entorno más ruidoso y difícil, hay menos gente que quiere participar en política y la política se ha vuelto más profesionalizada, lo que tiene elementos positivos y otros que no lo son tanto. Hoy en día gobernar es más complicado porque estamos en economías mucho más integradas, con políticas públicas más difíciles, nos falta un poco de horizonte de país. En los años 80 se sabía hacia dónde ir porque veníamos de tan abajo, había tanto por hacer, entrar en Europa, modernizarse, volvernos una democracia homologable… Yo sería un poco más indulgente. Creo que cada generación está en un contexto distinto. No creo que haya ni mejores ni peores, otra cosa es que haya buenos y malos políticos. Y por desgracia, en política los malos llevan un cascabel, son los más visibles. Cuando hablamos de clase política parece que miramos hacia arriba, pero el 80% de los concejales que no cobra ni un duro en este país, ¿esos no son política también?

Un político pelea para captar la atención no solo con otro político, sino desde Netflix hasta vídeos de gatitos en Instagram

¿Cómo analiza las elecciones del pasado domingo en Euskadi?
Teníamos dudas sobre quién iba a ganar, pero no sobre quién iba a gobernar. Los tres partidos principales pueden estar medio satisfechos. El PNV ha conseguido aguantar en votos, aunque haya empatado en escaños, en un contexto de caída y de desgaste, moderado porque desde 2016 solo ha perdido 30.000 votos. Es una organización firme, que resiste bien. El elemento del gran cambio es el crecimiento de Bildu. No porque haya recogido voto del PNV, sino esencialmente porque ha recogido voto joven y, sobre todo, porque se ha beneficiado de la descomposición del electorado de Podemos. Y el Partido Socialista sigue siendo decisivo y ha mejorado en dos diputados, lo que le permite gobernar con el PNV con comodidad. Son las elecciones que apuntan a una transformación sociológica más profunda, que lleva ya una década en curso, que es la normalización de Bildu como un partido de izquierdas y como alternativa de gobierno al PNV, al margen de la mochila que lleva. En el País Vasco el poder está muy repartido. Tienen unas diputaciones forales con muchas competencias, sobre todo en materia fiscal. Tiene un partido, el PNV, que tiene un lendakari, pero luego quien manda es el Euzkadi Buru Batzar, por lo tanto también tiene contrapoderes. Es una sociedad muy de consensos y de acuerdos transversales. Eso también es parte de la clave de la buena gobernanza que hay.

¿Y cómo se avecinan las catalanas?
Cataluña es justamente a la inversa. Todos los sondeos dicen que el PSC va a quedar primero, pero no se apunta con claridad quién va a poder gobernar... si no se repiten elecciones. Hay la posibilidad de que el bloque independentista sume y de que Carles Puigdemont y su partido Junts quede el segundo, el primero del bloque. Por lo tanto ya habría un primer elemento de distorsión, que es qué hacemos, cómo vuelve, bajo qué circunstancias, ley de amnistía mediante. ¿Qué pasa si entra Alternativa Catalana, que es el partido de extrema derecha independentista y se tiene que juntar con Esquerra y la CUP? ¿Esto es compatible o no? Aunque no haya mayoría independentista, no veo a Esquerra invistiendo a Illa y viceversa. Básicamente porque son alternativa de gobierno y a Esquerra la hipoteca otra vez, la vuelve subsidiaria. El PP va a crecer, Vox va a seguir aguantando y Ciudadanos desaparece. Es un Parlamento muy fragmentado, con mayorías muy complicadas y difícil gobernabilidad. Y las encuestas nos dicen que las prioridades de los catalanes hoy tienen poco que ver con la independencia. La sequía, el cambio climático es su primera preocupación. Sin embargo, se va a hablar muy poco de eso en campaña y mucho entre los dos polos, PSC diciendo pasamos página y Carles Puigdemont y Junts diciendo volvamos otra vez a 2010.