Un obispo que bien valió una calle

La calle de la Cárcel se renombró hace 150 años con el nombre del obispo Armañá, figura de talante social y que creó en Lugo la primera Sociedad Económica de Amigos del País de Galicia
                      Vista de la calle, rebautizada hoy como Armanyá.
photo_camera Vista de la calle, rebautizada hoy como Armanyá. EP

La huella de algunos de los obispos que marcaron la historia de Lugo sigue en la calle y uno de los más célebres fue Francisco Armañá. El día 1 se cumplieron 150 años desde que el Ayuntamiento decidió dedicarle una calle y llamar Armañá a la que antes era conocida como calle de la Cárcel.

En pleno corazón del centro, en el lugar en el que de hecho el Concello decidió colocar un hito marcando el kilómetro cero de la ciudad, Lugo sigue aún recordando a una figura histórica relevante, cuyo legado incluye haber creado en la ciudad la primera Sociedad Económica de Amigos del País que hubo en Galicia, en 1784.

                      Vista de la calle, rebautizada hoy como Armanyá.
Francisco Armañá. EP

El nombre se alteró y se rebautizó como Armanyá, una decisión que fue "una barbaridad", dice el historiador y escritor Julio Reboredo, que remarca que el obispo siempre firmó libros y documentos, aquí y en Cataluña, como Armañá y que ese es el nombre que dejó también grabado en piedra en su escudo.

Pero con su nombre real o uno alterado, el recuerdo sigue ahí y es el propio Reboredo el que estos días hacía memoria de aquel homenaje de la ciudad a un obispo que había dejado huella.

No es casual, recordaba, que se diera a esa vía el nombre del obispo, pues antes aquella era conocida como la calle de la Cárcel y el propio Armañá había estado detrás de construir un presidio.

Podría parecer que en el rastro urbano hay muchas prisiones, pero es que entonces había hasta tres, porque estaban también la del Castillo, que era de la Corona, y la de la catedral, que era de la Iglesia, recuerda el historiador.

Pero el legado de Armañá fue mucho más allá, porque fue un obispo de talante social, que atribuía el atraso de las ciencias en España a la falta de buenos maestros, restauró iglesias y sufragó una buena parte de las obras de la catedral, destacando la fachada del Buen Jesús. Gracias a su gestión se reconstruyeron los conventos de A Nova y Santo Domingo y se empedraron calles.

Fundó una biblioteca en el Obispado, recientemente estudiada en una tesis doctoral presentada en Roma por el archivero diocesano, Óscar González Murado. Fundó escuelas, diariamente repartía algunas fanegas de pan a los pobres y en su cocina se atendía a varios enfermos.

El cambio de nombre de la calle fue celebrado como muy justo por El Eco de Galicia, recuerda el historiador, que ve en aquellos elogios una crítica velada a una decisión previa, la de llamar de la Libertad a la que popularmente se conocía como de la Reina.

Comentarios