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"Nunca me sentín desprotexido pero cando tes os 18 quédaste sen nada"

Achraf, en una de sus labores cotidianas en el centro de acogida. C. PÉREZ
Achraf, en una de sus labores cotidianas en el centro de acogida. C. PÉREZ
Achraf cruzó el Estrecho en una lancha siendo menor y fue trasladado a un centro de acogida a Lugo hace casi un par de años. Ahora, ya mayor de edad, dejó de estar bajo la protección de la Xunta y lucha por tener un trabajo y así poder quedarse a vivir en España

Se lo pensó mucho antes de decidirse a contar su vida de los últimos años como uno de esos Menores Extranjeros No Acompañados que llegan a España arriesgando su vida en un cayuco. Sin embargo, este chico —que se protege con un nombre falso, Achraf— creyó que era importante exponer la situación por la que ellos pasan, una vez que llegan a España, y, sobre todo, por lo que les espera cuando cumplen la mayoría de edad, como es su caso.

"Cheguei en xaneiro de 2018. Viñen nunha lancha de goma con outros tres: dous menores coma min e outro que non o era e que era o que nos traía. Todos os rapaces nos coñeciamos. Somos do mesmo pobo, ao sur de Marrocos. Levabamos dous meses intentándoo. Primeiro, non atopabamos lancha. Despois, saiamos ao mar pero volviamos porque viamos que había vixiancia. Non traíamos nada, nin comida. Só o posto. Aquel día, o día que conseguimos chegar a España, non había moita vixiancia porque cadraba co Nadal e puidemos seguir adiante", cuenta Achraf, en un gallego más que aceptable, lengua que aprendió en este tiempo junto con el español.

A lancha estaba pinchada e non conseguiamos avanzar; xa viamos todos a morte!

La suerte fue relativa. El día se prestaba para poder llegar hasta la costa española esquivando la vigilancia pero la lancha se pinchó y, durante un tiempo, vieron la muerte de frente. "A lancha estaba pinchada e non parabamos de dar voltas sin conseguir avanzar. Xa viamos todos a morte! Pasaban por alí barcos grandes pero iban lonxe. Ás sete da tarde era xa de noite e pasamos moito medo, pensamos que xa non o iamos contar. O que iba canda nós, o maior, deu a voz de alarma, contando a nosa situación, e viñeron rescatarnos. A verdade é que, no fondo, tivemos moita sorte porque entramos en España e salvamos as nosas vidas", relata este joven.

DESTINOS

Una vez que pisaron tierra española, los tres menores fueron sometidos a una serie de preguntas en las que deberían responder por qué vinieron y cuántos años tenían, entre otras cosas.

"Leváronnos para a comisaría e rexistráronnos tamén. Quedamos os tres menores. O maior devolvérono para Marrocos. Estivemos nun centro en La Línea durante tres días. Despois dous de nós marchamos unha semana para Bilbao e o terceiro foise para xunto dunha familia a Barcelona. A min tocoume pasar por varios centros: estiven en Bilbao, na Coruña e en Monforte antes de ser destinado para onde fun ao final, tamén en Lugo", comenta Achraf.

Estiven en Bilbao, A Coruña e Monforte antes de ser destinado a Lugo

Pese a estar en tantos centros, este chico no puede decir que le fue mal. "Nunca me sentín desprotexido", insiste. Sí, en cambio, reconoce que los principios no fueron fáciles, especialmente porque no sabía español. "Falaba un pouco de inglés, pero español nada. Cando viñen para Lugo, foime máis fácil, aprendín máis rápido porque era o único marroquí que había no centro e non me quedaba outra que falar español. Tamén botaba moito de menos a miña familia e o meu país", asegura.

SUEÑO

Este joven tenía claro desde niño que se quería marchar de Marruecos. España era su sueño. Sus padres no veían bien su idea. "Pasar o mar era o que máis lles preocupaba", reconoce Achraf. Sin embargo, finalmente los convenció y allí dejó su familia, formada también por sus otros cinco hermanos. "Alí, aínda que estudes non atopas traballo e aínda que traballes, non vives. Os soldos andan por 200 euros ao mes pero un aluguer pódeche costar 100. Aquí, en cambio, en España, se traballas, vives ben", opina.

Ahora, cerca de dos años después de su llegada a España, Achraf ya cumplió su mayoría de edad y deja de estar bajo la protección de la Xunta. Una vez alcanzados los 18 años, estos chicos se encuentran sin protección y muchas veces sin posibilidad de integración social y laboral. "Cando cumpres os 18 quedas sen nada. Só tes unha tarxeta que che permite asistencia sanitaria. Agora tería que atopar un traballo. Deste xeito, podería conseguir un permiso de traballo e de residencia e tramitar a nacionalidade española", cuenta Achraf.

En Marrocos, aínda que estudes non atopas traballo, e, aínda que traballes, non vives

De momento, este chico no se plantea volver a su país. A él, le fue bien y se sintió integrado rápidamente. A sus dos compañeros, que llegaron también siendo menores, les resultó más difícil. "Un deles está nese centro de Bilbao, no que hai 60 rapaces. O outro estivo dous meses nun centro e despois entrou no programa Mentor, onde se xuntou con outros cinco marroquís. Así é máis difícil integrarse porque non chegas a aprender o idioma nunca", afirma.

En centros, con otros menores
Los jóvenes que llegan a Galicia son integrados en centros de menores, donde también hay otros chicos en desamparo.

¿Cuántos centros hay?
En la provincia de Lugo, hay 13 centros, que ofrecen 132 plazas residenciales, y 55, de atención de día. Tres de ellos están en la capital. Se trata de Nosa Señora dos Ollos Grandes, el centro de día Dignidad I y la casa de familia Dignidad. Todos ellos ofrecen —en conjunto— 23 plazas residenciales y 20, de centro de día.

¿Cuál es el perfil más habitual?
La mayoría de los jóvenes migrantes son varones de origen magrebí. La Policía informa tanto a Protección de Menores y a la Fiscalía. Lo primero que se hace es gestionar una plaza en un centro y que la Xunta asuma la guardia provisional y la tutela. En el centro, los chicos son entrevistados, se les tramita el permiso de residencia y la tarjeta sanitaria y se les da clase de español.

"Nunca me sentín desprotexido pero cando tes os 18 quédaste sen nada"
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