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Nunca es tarde para vivir

Participantes en el taller de Abuelos Educadores. XESÚS PONTE
Participantes en el taller de Abuelos Educadores. XESÚS PONTE

Mover todos los músculos sin levantarse de una silla o aprender trucos para torear con los nietos son algunas de las actividades en las que participan decenas de mayores lucenses

En estos dos talleres, no existe la edad. Con 50 o 90, se puede hacer gimnasia y mover el cuerpo, músculo a músculo, sentado en una silla o también aprender técnicas para educar a los nietos, a los hijos o, incluso, al marido como dice, en clave de humor, María Teresa López, a sus 80 años muy bien llevados. El mensaje es que nunca es tarde para hacer cosas, sorprenderse a uno mismo y aprender algo nuevo. O sea, nunca es tarde para eso que llaman vivir.

"Tengo dos nietos ya de 30 y 21 años y la verdad es que, aún a estas alturas, estoy aprendiendo muchísimo en este taller de Cruz Roja sobre abuelos educadores. ¡Aprendo tanto que, incluso, lo que cojo se lo aplico también a mi marido!", dice María Teresa.

Ella es una de las participantes en el taller Abuelos Educadores, organizado por Cruz Roja en colaboración con la Xunta. Un taller indicado para los abuelos que se ocupan de sus nietos y que, lejos de echar mano de la experiencia, están deseosos de aprender cuál es la mejor forma de educar.

"Tenemos un total de cinco grupos en Lugo, en los que participan 50 abuelos, de los que 46 son mujeres. Cada taller consta de diez sesiones. Al final, haremos un grupo de ayuda mutua, donde cada cual consultará sus dudas", explica María Rodríguez, la psicóloga que dirige el taller, en el que también colabora, como voluntaria, otra psicóloga, Lucía Álvarez.

María Elena, como el resto de las participantes en este taller de Cruz Roja, intenta sacar el máximo partido de este taller para poder cumplir con su tarea diaria de ocuparse de sus nietos

La clase de esta semana en el taller que se celebra en A Milagrosa versó sobre estilos educativos. El tema resultó interesante para las ocho abuelas que acuden a esta actividad.

"Siempre aprendes cosas. Otro día hablamos de la importancia de cuidarse para cuidar, pero también hay otros asuntos de interés como pueden ser las nuevas tecnologías o las actividades lúdicas", cuenta Belkis González del Castillo, una abuela de tan solo 53 años con dos nietos ya de 9 y 10.

Belkis no tuvo oportunidad de ir a ninguna escuela de padres para criar a su hija, que tiene ahora 31 años. Se ocupaba de trabajar y de sacarla adelante y el tiempo con ella era muy escaso. Ahora, de abuela, tiene mucho más tiempo y también dedica más esfuerzo a la educación de sus nietos.

"Esto está muy bien porque se aprende cómo lidiar con los niños desde que nacen. Mi nieta es ya ahora una preadolescente y no me viene mal refrescar la adolescencia que viví con mi hija y tratar de hacerlo mejor desde mi experiencia como abuela", comenta Belkis, quien añade que ahora tiene tiempo para compartir muchas actividades con sus nietos como, por ejemplo, ir a los magostos o a los partidos.

María Elena, a sus 60 años, tiene dos nietos, de 7 y 9. En esta última clase, escuchó los distintos tipos de estilos educativos que hay según los psicólogos pero ella tiene, más o menos, clara una cosa: está dispuesta a consentir y ser la abuela en la que se refugien sus nietos cuando les riñan sus padres.

"Cuando los papás riñen, la abuela tiene que estar ahí para proteger a los niños. Desde que soy abuela consiento más aunque, cuando les tengo que reñir, también les riño", dice.

Entre las diferencias educativas que encontró en su etapa de madre y la de abuela, María Elena apunta que la mayor es que ahora "hay demasiadas tecnologías y eso es algo que me da repelús", dice.

María Elena, como el resto de las participantes en este taller de Cruz Roja, intenta sacar el máximo partido de este taller para poder cumplir con su tarea diaria de ocuparse de ellos. Eso, en teoría. En la práctica, también le gusta, como ella dice, "ser una abuelita medianamente moderna".

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