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El nuevo renacer de Santos tras su enfrentamiento con Gonzalo Caballero

Gonzalo Caballero y Álvaro Santos. J. VÁZQUEZ
Gonzalo Caballero y Álvaro Santos. J. VÁZQUEZ
La carrera política del friolés parecía limitada tras sus diferencias con el líder del PSdeG pero el área de urbanismo le da impulso

La carrera política de Álvaro Santos es cualquier cosa menos lineal. Ha sido un valor creciente, un valor menguante y, ahora, un valor creciente de nuevo por lo que resulta complicado predecir su futuro. Es de esas personas que encarnan lo de 'todo puede pasar'.

Besteirista comprometido, era concejal de Friol cuando entró como diputado provincial en 2011. En diciembre de 2017 fue elegido como secretario provincial del PSOE lucense, el primero seleccionado en unas primarias. Tras enfrentarse al alcalde de Castroverde, Xosé María Arias, y a la burelesa Patricia Otero, formó una ejecutiva contando con Lara Méndez como vicepresidenta y ofreciendo a José Tomé una de las vicesecretarías.

En marzo de 2019, cuando era el momento de elaborar las listas para las elecciones nacionales, se hizo más visible un conflicto que todo el mundo daba por hecho: el de la ejecutiva provincial y la gallega del PSdeG. Santos, como el resto del besteirismo, no apoyó la candidatura de Gonzalo Caballero a las primarias del partido en Galicia y este le devolvió el revés promoviendo la candidatura de Otero a la secretaría en Lugo. En esta ocasión, Caballero mostró su apoyo a Ana Prieto como candidata del partido en Lugo, Santos a Sonsoles López Izquierdo, que en unas recientes votaciones consultivas y no vinculantes había obtenido más apoyos. Para Santos, que Ferraz apoyase una opción que chocaba con la decisión de la militancia sería algo que tendría que "motivarse moito". Finalmente, así ocurrió y quedaron patentes otra vez las fricciones del secretario de los socialistas lucenses con el de los gallegos en el peor momento para mostrar desunión, antes de unos comicios.

Tal y como estaba previsto, ese mismo mes Santos fue nombrado como número dos a la candidatura en el Concello de Lugo y en junio de 2019 tomó posesión como concejal. También ese mismo mes dejó el cargo de secretario general del PSOE en Lugo, después de meses en los que quedó en evidencia que sus apoyos dentro del partido empezaban a flaquear. No había conseguido respaldo en su partido judicial para repetir como diputado provincial y el presidente de la Diputación acabó siendo Tomé, candidato al que apoyaba Caballero y no Campos, por el que apostaba él.

No se fue del cargo sin hacer ruido, precisamente. Acusó al líder de los socialistas gallegos de buscar "la confrontación", de ignorar deliberadamente los deseos de la militancia cuando no se alineaban con los suyos, de ser poco leal y comprometido y de trabajar solo en el plano orgánico olvidando la política. Después de las elecciones autonómicas de 2020, directamente invitó a Caballero a hacer autocrítica y dimitir.

Para entonces parecía que el futuro político de Santos era limitado. En el ámbito municipal, sin embargo, se ganó alabanzas. Primero por poner solución a un problema delirante que Lugo venía sufriendo desde hace años: la imposibilidad de arreglar fugas de agua en fines de semana o festivos. El contrato de una brigada privada para esos menesteres resolvió un problema recurrente. Pero además impulsó el contrato de la basura, el de mayor envergadura del Concello, con un importe de 130 millones de euros en diez años. Bien es cierto que aún no está resuelto y que es uno de los flecos que deja sueltos en medio ambiente.

Su designación ahora como edil de urbanismo, el área con mayor peso dentro del Ayuntamiento, lo convierte otra vez en el centro de las miradas. Quién sabe qué le depara el futuro.

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