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Las nuevas restricciones vacían el interior de bares y restaurantes

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Una lucense enseña su certificado de vacunación para entrar en un local. XESÚS PONTE
La nueva normativa entró en vigor este sábado y con ella la obligatoriedad de presentar certificado de vacunación, un resultado negativo de menos de 72 horas o un justificante de haber pasado la enfermedad 

Las nuevas restricciones para los negocios de hostelería en Lugo entraron este sábado en vigor. La meteórica subida de casos covid en la capital de la provincia provocó que ahora sea considerada como localidad de nivel alto, lo que implica que para consumir en el interior de bares o restaurantes es obligatorio presentar un certificado de vacunación, un justificante de resultado negativo en una prueba de covid con menos de 72 horas de antigüedad, o un documento que justifique el haber pasado la enfermedad.

Esta medida ha vuelto a afectar directamente a una hostelería lucense que, en su primera jornada con estas nuevas normas, ha sufrido el cambio de lleno. El panorama de este sábado en el centro de la ciudad reflejaba terrazas llenas hasta la bandera a la hora de la comida, algo que contrastaba por completo con los interiores de locales, absolutamente vacíos, sin contar alguna excepción.

Los encargados de bares y restaurantes coincidieron en el discurso ante esta nueva situación, contando que a lo largo de la mañana no habían tenido prácticamente a nadie en la parte interior, pero que los puestos exteriores estaban constantemente ocupados.

También sorprendió a los hosteleros el desconocimiento de algunos vecinos, que entraban a los locales a consumir sin tener consciencia de este cambio de normativa. Las escasas excepciones que sí estaban al tanto entraban al interior de los bares, de forma generalizada, justificándose con un certificado de vacunación.

Teniendo esto en cuenta, el encargado del bar A Xarra explicaba que «para el grupo de edad de 20 a 29 años es prácticamente imposible poder entrar al interior, así que el aforo queda limitado a la gente más mayor o a la que ya ha pasado la enfermedad». Respecto a las medidas, tanto él como otros hosteleros de la zona coincidían en que se sigue dando el mismo uso que antes a las terrazas, pero la diferencia radica en que ahora no se puede aprovechar el espacio interior, que es lo que va a provocar las pérdidas.

RESERVAS CANCELADAS. Locales más enfocados a la parte de dar comidas, como el bar sushi Sibuya, lamentaban también que casi todas las personas que habían reservado mesa para este fin de semana han llamado para cancelar sus citas, en vista de estas nuevas restricciones.

Aun así, han podido amainar las pérdidas con las mesas que disponen a pie de calle. No han sido el único negocio que ha aprovechado el exterior para seguir dando de comer. A lo largo de las terrazas de estos locales más céntricos, era bastante común ver a familias y grupos de jóvenes—que no podían entrar, en la mayoría de casos, porque los más pequeños aún no estaban inmunizados— degustando sus comidas al aire libre.

Esto, en gran parte y como cuentan ellos mismos, se debía al buen tiempo del que disfrutaron en la capital lucense en torno al mediodía, con un sol constante entre algunas nubes y una temperatura bastante agradable. Varios consumidores afirmaban que no les importaba mucho comer en las terrazas si tenían este panorama, pero que en caso de llover o hacer frío, seguramente hubiesen desechado la opción de comer fuera.

Una escena algo llamativa en esta primera jornada de restricciones fue la que se vio en algunos restaurantes de comida rápida del centro comercial As Termas. Allí sí acudieron varias familias acompañadas de sus hijos para comer dentro de los locales. El personal de estos establecimientos, en consecuencia, se encargó de cumplir la normativa sanitaria solicitando los documentos necesarios a las familias que acudían.

NIVEL DE RESTRICCIONES. Lugo se ve en esta situación por su inclusión en el nivel de riesgo alto. Junto a ella, también se encuentran las otras seis grandes ciudades gallegas, y los concellos lucenses de Monforte de Lemos, Chantada, Ribadeo y Cervo. Por encima de este nivel solo se encuentra el máximo, en el que se sitúan Monterroso, Viveiro, Foz y Burela. En estas cuatro localidades, repiten las mismas restricciones que en el nivel alto, exceptuando que el aforo interior de la hostelería es de un 30% del total, en vez de un 50%.

El resto de municipios, que están por debajo del nivel alto, mantienen el ocio nocturno abierto y permiten el acceso al interior de la hostelería sin justificante.

Reacciones: Los hosteleros de la provincia, enfadados
Fuera de la capital lucense, varios establecimientos han expresado su descontento con las nuevas medidas tras su primera jornada.

Vilalba

Manuel Montero,
encargado del restaurante Montero, en Villalba, se queja del "embolado" en que están los hosteleros. Allí están en nivel medio, por lo que no necesitan exigir documentación, pero la gente lleva días llamando a preguntar al local. Desde entonces, les han cancelado hasta cinco banquetes, además de varias reservas a mayores. Montero se mostró indignado porque "siempre paga la hostelería".

A Mariña

Juan López, gerente del hotel O Cabazo, en Ribadeo, e
xplica que han cerrado al público su restaurante, pero solicitan justificante cuando algún huésped baja al comedor en cualquier momento del día. A los clientes que vienen con gente sin vacunar les solicita la documentación, más que nada para que sepan lo que les van a pedir en los locales. Por ahora, sus hospedados están respetando todas las medidas.

Ribeira Sacra

Manuel Fernández, del restaurante Manuel Bistró, en Monforte,
destaca lo desinformada que está la clientela, que llama al local para preguntar por las restricciones. También denuncia el aumento de trabajo en papeleo que han tenido, diciendo que "nos dan las labores que corresponderían a otros".

También en Monforte, el restaurante JM lleva un buen verano a nivel de negocio. Sin embargo, su gerente Ricardo García se queja, sobre todo, de tener que pedir los justificantes. "¿Quién soy yo para pedir nada? Va a ser un lío", declara.

A Faragulla, en Chantada, también evitó una oleada de cancelaciones gracias a su terraza. El personal de este local afirma que la mayoría de los que anulaban sus reservas eran grupos grandes de gente que superaba el número permitido por mesa

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