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Lucenses en Osaka: «Nos llevamos un susto cuando vimos una casa derribada al lado del hotel»

Mercedes Castro (segunda por la derecha en primera fila), con el resto de grupo de lucenses. EP
Mercedes Castro (segunda por la derecha en primera fila), con el resto de grupo de lucenses. EP

Dos familias de Lugo vivieron los terribles efectos del tifón Jebi a los dos días de llegar a Osaka ► Se refugiaron en el hotel al ver cómo se cancelaban transportes y se cerraban comercios

LUGO. Lo cuentan ahora con tranquilidad ya a toro pasado pero hace solo tres días, el pasado martes, sus ojos no creían lo que estaban viendo: el edificio de al lado del hotel, derribado, árboles caídos y una ciudad, Osaka, que solo unas horas antes amanecía oscura pero intacta, totalmente manga por hombro.

Dos familias de Lugo vivieron los efectos devastadores de Jebi, el peor tifón que sufrió Japón en los últimos años y que dejó tras de sí grandes daños en edificios e infraestructuras, barcos a la deriva, decenas de coches apilados e incendiados y unas cifras de 11 muertos, 300 heridos y 16.000 evacuados. Este grupo de siete lucenses se encontraba en Osaka, la zona cero del tifón el pasado martes, a donde habían llegado hacía solo dos días para pasar sus vacaciones en Japón. Afortunadamente, no les pasó nada porque se marcharon a tiempo hacia el hotel pero sus ojos nunca pensaron ver que un tifón podría ser tan terrible como realmente era.

«Sabíamos, cuando llegamos a Japón, el pasado domingo, que había habido otro tifón la semana pasada pero de este, del que iba a venir, no teníamos ni la menor idea y nos enteramos porque ese mismo día, el martes, fuimos a la estación dispuestos a coger un tren para ir a visitar un templo y ya vimos que estaban todos cancelados y que había un montón de cámaras de televisión. Preguntamos qué pasaba y nos dijeron lo del tifón pero, aun así, no pensábamos que iba a ser como fue. De hecho, salimos de la estación con la intención de pasar el día en un centro comercial pero por la calle había muy poca gente y todo estaba cerrado. De aquella, todavía llovía poco y hacía algo de viento pero ya vimos que iba empeorando y que no nos quedaba más alternativa que volver al hotel. Y fue mejor así», explica Mercedes Castro Fernández, una de los integrantes del grupo.

DESTROZOS. Las dos familias lucenses pudieron ser testigos de lo que era, en realidad, un tifón pero ya desde la ventana del hotel.

«Veíamos cómo se transformaba todo. Caían árboles y arreciaban el viento y la lluvia pero lo más impactante fue cuando pasó y salimos fuera. Allí mismo, al lado del hotel, se había derribado un edificio. Cuando lo vimos, nos asustamos de verdad porque nos dimos cuenta de que los destrozos habían sido más grandes de lo que pensábamos en un principio. Todo el centro estaba lleno de árboles caídos y letreros grandes por el suelo. El aeropuerto quedó hecho un desastre porque un barco chocó contra un puente que comunicaba la ciudad con el aeropuerto, que quedó cerrado y todos los vuelos cancelados. Nosotros no nos quedamos incomunicados porque salíamos para Kyoto al día siguiente, el miércoles, y todavía no estaba operativo el tren en el que íbamos a ir pero sí había otro y no hubo problema», comenta Mercedes Castro, ahora ya con el tifón pasado.

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