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"Los niños necesitan expresiones de afecto, la falta de amor en la primera infancia causa estragos"

Sara Corredoira. EP
Sara Corredoira. EP

La psicóloga sanitaria Sara Corredoira reivindica el "derecho al buen trato" para los menores y apuesta por introducir educación emocional en las escuelas. Recuerda que los niños necesitan "abrazos", "ternura" y un "espacio de crianza estable", y advierte de que las carencias emocionales pueden derivar en alteraciones "que pueden ser graves"

LA PSICÓLOGA lucense Sara Corredoira (www.encontro.es) destaca que la infancia es una etapa de vital importancia para la persona y reclama un esfuerzo por parte de los padres para que no transmitan a sus hijos sus propios traumas.

¿Cuáles son las principales necesidades emocionales que tiene un niño hasta los diez o doce años?

Los niños necesitan establecer una vinculación de apego sano con sus padres para poder sentir seguridad, para la maduración de su sistema nervioso y para salir a explorar el mundo y lograr autonomía. Esto implica que los cuidadores deben estar disponibles y accesibles para dar respuestas contingentes a las necesidades del niño. Los niños necesitan contacto visual y físico: ser abrazados y mirados con amor y ternura. Necesitan cobijo y protección, ser alimentados y calentados, tener un espacio de crianza estable, tranquilo y previsible, percibir un orden y una relación amorosa entre los padres. Los niños necesitan compartir juegos, diversión y momentos felices. Necesitan ser regulados, contenidos y orientados por normas coherentes y acordes a su edad, con respeto para su ritmo personal de crecimiento. Y también necesitan límites.

¿Qué problemas puede acarrear en la infancia tener carencias emocionales?

Si los cuidadores son negligentes y no atienden adecuadamente las necesidades físicas y afectivas de sus niños, o si su presencia es violenta y amenazadora, los niños empezarán a percibir que su entorno es peligroso y vivenciarán miedo, ansiedad y estrés. Este estrés produce diferentes tipos de reacciones en el sistema nervioso de los niños, que pueden variar en intensidad y gravedad: activación del sistema simpático y aumento de hormonas del estrés — tanto en el cuerpo como en el cerebro—, activación del sistema parasimpático, estupor y disociación traumática a nivel mental y corporal, alternancia entre hiperactivación e hipoactivación, etcétera. Este estrés se puede traducir en variadas sintomatologías: ansiedad, miedo intenso, fobias, agitación, insomnio, conductas disruptivas, alteraciones de la conducta alimentaria, dificultades de atención y aprendizaje, y como consecuencia de todo ello, pueden darse disfuncionalidades a nivel de la maduración y el desarrollo físico, emocional e intelectual.

La falta de atención produce alteraciones en el desarrollo emocional, intelectual y físico

¿Qué consecuencias tienen estas vivencias cuando llegan a la edad adulta?

Si la vivencia de estrés es muy duradera en el tiempo se puede cronificar la desregulación emocional y la persona tiene que invertir gran cantidad de energía para desarrollar estrategias de supervivencia y mecanismos de defensa hacia el medio en el que se ha criado, que sigue siendo hostil. El desgaste que producen estas situaciones está en la base de diferentes tipos de patologías: depresión y trastornos de ansiedad, trastornos alimentarios, adicciones, trauma complejo y trastornos conversivos y disociativos . Seguramente sea necesario recurrir a la psicoterapia para tratar estas alteraciones, que muchas veces pueden ser graves.

¿Qué implica para un niño tener que asumir responsabilidades no acordes a su edad?

Los padres dan y los hijos toman, es una ley natural. La inversión de rol desde temprana edad daña profundamente a los niños, les impide ser niños, les impide estar en la inocencia, en el juego, en el instinto, y por lo tanto en la distensión y en la alegría. Ser adultos antes de tiempo puede implicar una sobrecarga emocional y un nivel de estrés que en ocasiones colapsa y traumatiza al niño. Es un tipo de maltrato exigir y/o presionar sin haber dado afecto y ternura y sin haber dado espacio y tiempo adecuados para desarrollar recursos y habilidades. Vivir esta situación desde niños puede traer consecuencias muy negativas para tener relaciones sanas en la vida adulta.

Ser adultos antes de tiempo implica una sobrecarga emocional y un nivel de estrés que colapsa y traumatiza al niño

Cuando los niños viven en un hogar conflictivo en el que presencian conductas agresivas entre los progenitores, ¿es cierto que lo más probable es que las reproduzcan de adultos?

Las conductas agresivas entre los padres suelen vivirse como una amenaza muy grave para la estabilidad y la seguridad internas de los niños, ya que provocan gran dolor emocional, miedos, mucho estrés y trauma. A las situaciones traumáticas sobrevivimos congelándonos (es como vivir muertos) o disociándonos (separándonos internamente de la experiencia vivida, olvidándola o tapándola, como si no hubiera existido) y cualquiera de estas dos defensas nos ayudan a seguir adelante como si lleváramos una bomba encerrada en nuestro propio cuerpo. Esta bomba puede estallar cuando menos lo pensemos, y si vivimos con estrés nos es más fácil descontrolarnos. Por lo tanto, sí que creo que una persona que ha sido víctima de presenciar violencia entre sus padres, o contra ella misma, debería curar sus heridas traumáticas, como medida preventiva, para tener menos posibilidades de transformarse en agresor.

Un menor que crece sin afecto familiar en su infancia y hasta la adolescencia, ¿puede superar de alguna manera esa carencia y ser un adulto feliz?

Yo diría que la vida es un auténtico milagro y siempre hay múltiples opciones de reparación y oportunidades para llegar a tener una buena vida. Pero, sin lugar a dudas, la falta de amor en la primera infancia produce estragos. Yo apuesto porque cuando tengamos delante estos escenarios nos pongamos manos a la obra lo antes posible: educación, intervención social para prevenir y psicoterapia para reparar lo dañado.

"Los niños necesitan expresiones de afecto, la falta de amor en la...
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