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LORENZO ARMENTEROS

"Se necesita un cambio absoluto, con residencias de mayores medicalizadas"

Lorenzo Armenteros. ELISEO TRIGO (EFE)
Lorenzo Armenteros. ELISEO TRIGO (EFE)

El portavoz de la Sociedad de Médicos Generales y de Familia considera que se han vivido "situaciones impropias" de un país con "un nivel económico y social alto" 

Usted ejerce en el centro de salud Illas Canarias, en Lugo, y la Atención Primaria ha sido uno de los grandes focos de contagio.

Sí, sobre todo en una fase inicial, cuando los medios de seguridad escaseaban. Esa Atención Primaria desprotegida ha sido la que ha tenido las peores consecuencias, con gran número de contagios y, por desgracia, de fallecidos. No en vano, el porcentaje mayor de estas muertes se dio en la Primaria.

En cuanto al material de protección, ¿el nivel es aceptable?

La cuestión ha avanzado mucho. Estamos con unos medios de seguridad aceptables en un contexto en el que por un lado está el descenso de casos y, por otro, la mejoría que hemos experimentado. Pero el problema de la seguridad fue generalizado en toda España. Hubo que buscar medidas imaginativas que pudiesen proteger a los profesionales. Sigue habiendo incertidumbre. En Atención Primaria uno de los grandes problemas es la atención domiciliaria porque no sabemos lo que nos vamos a encontrar. Debemos, por tanto, no escatimar en seguridad para poder ir con garantías de protección, por el propio sanitario y por el paciente. Se ha mejorado, pero no estamos en los niveles óptimos.

Incide en que la sociedad ha de ser cauta puesto que en la desescalada se conjugan intereses económicos y sociales, no solo sanitarios.

Lógicamente desde el punto de vista sanitario, si se hubiese retrasado lo máximo posible, hubiese habido mayor margen de seguridad. En el entorno asiático se hacía cuando estaban muy próximos al nivel cero, de contagios y de fallecidos. Nosotros, con las mismas cifras con las que se hizo el primer confinamiento. Vale que era otra la situación porque la cuestión al inicio era más complicada y el grado de infección era elevado. Pero estábamos en ese punto. Ahora mismo vemos que puede haber brotes en cualquier lugar y en cualquier ámbito. Bien es cierto que la situación está mucho más controlada porque nos coge en otro momento y podemos hacer unos diagnósticos mucho más tempranos y actuar con aislamiento de una forma mucho más temprana. No podemos decir que haya sido una desescalada precoz, porque desde el punto de vista sanitario podríamos hacer un juicio de valor, pero desde los puntos de vista que se nos escapan, económico y social, habrá otros intereses.

Reforzar la Primaria es una reivindicación que viene de lejos. A parte de esta, ¿cuál diría que es la gran lección de esta pandemia?

La necesidad de residencias de mayores medicalizadas, sin duda. Los mayores no se merecen lo que les ha pasado. Tiene que haber un cambio absoluto. Es muy triste el gran número de fallecidos en esos centros (se emociona). Desde la Primaria, con la capacidad que debemos volver a tener, podemos contribuir en gran manera a que no vuelva a ocurrir.

El paciente infectado puede tener riesgos posteriores. ¿Un seguimiento proactivo es la vía?

Sí, sobre todo en aquellos que hayan tenido un grado moderado o grave de la enfermedad. Hay que vigilar el sistema respiratorio, pues una de las consecuencias es la fibrosis posterior, y hay que vigilar las consecuencias circulatorias y las alteraciones neurológicas, emocionales incluso, y hematológicas. Respecto a esto último, incluso en casos más leves o de vigilancia domiciliaria, se han producido trombos. Y una de las cuestiones más graves es la enfermedad tromboembólica pulmonar. Son pacientes que hay que vigilar estrechamente. Además, las estancias tan largas en la Uci dejan pérdida de masa muscular, úlceras y estrés postraumático, que han padecido casi todos.

Mascarillas, mamparas... ¿Hay costumbres que van a quedarse?

Diría que la mascarilla sí, como un mecanismo solidario, de protección de las enfermedades respiratorias. Son aconsejables, recomendables y efectivas. Las mamparas surgieron por los trabajadores que estaban estáticos y podrían sufrir las consecuencias de esas microgotas que se producen al hablar y al toser. Con su uso se reduce la posibilidad de contagio. La mayor parte son humanizadas y de materiales plásticos y transparentes, fáciles de desinfectar, lo que debe hacerse de forma frecuente.

¿La sociedad está saturada con una información de contenido variable, de interés, y, lo que es más importante, de certezas?

Un volumen desorbitado, de todo tipo. La ciencia tiene esa parte de compartir, que es muy beneficiosa. Todo el mundo que sabía o descubría algo, lo ponía a disposición. La información científica lo que ha hecho es que vivamos en unos meses lo que viviríamos en años. Ha habido un espíritu muy intenso de formar y de informarse de algo de lo que desconocíamos prácticamente todo. También muy mala información, bulos continuos sin base científica que creaban inseguridad.

¿El ser humano cicatriza bien?

Cicatriza muy bien y olvida muy rápido. Demasiado. Por eso tenemos un cierto grado de temor a que se baje la guardia de forma muy temprana. Lo hemos pasado mal y todo el mundo quiere olvidar lo ocurrido cuanto antes. Solo siendo conscientes del riesgo que corremos, y del que traería una segunda oleada del virus, podemos encarar la situación actual con mayores garantías.

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