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Nanointerés por la investigación

Luis Liz Marzán, durante su charla en el Masculino. SEBAS SENANDE
Luis Liz Marzán, durante su charla en el Masculino. SEBAS SENANDE

El químico Luis Liz Marzán, uno de los investigadores en nanociencia más importantes del mundo, regresó al Lucus Augusti para hablar de ciencia a los alumnos de su antiguo instituto

Si Lugo tuviera alguna oportunidad de rozar en un futuro más o menos cercano un premio Nobel científico, es posible que esa oportunidad estuviera este jueves en el salón de actos de Ies Lucus Augusti asistiendo a una conferencia sobre nanociencia. Podría ser alguno de los más de cien alumnos de ciencias de 1º de BAC del Lucus Augusti y del Ollos Grandes que escuchaban, aunque según los que saben de esto es mucho más probable que sea quien impartía esa charla, Luis Liz Marzán.

Este químico volvía al instituto donde estudió en los años ochenta convertido en uno de los científicos más destacados del mundo en el campo de la nanotecnología, amparado por un ramillete de los más importantes premios de investigación del mundo y como director del Centro de Investigación Cooperativa en Biomateriales CIC biomaGUNE de San Sebastián.

"No soy morriñoso", reconoció ante los alumnos actuales al principio de su intervención, mientras mostraba fotos con sus compañeros de 1º de BUP de 1980 o con el equipo de voleibol, "pero cuando me dieron la posibilidad de venir a dar esta charla a mi colegio, algo de morriña sí me entró".

Antes, había explicado que cuando él estudió en este centro "no había bachilleratos de excelencia ni sabíamos mucho lo que era la investigación. Bastante se esforzaban los profesores en que supiéramos lo que era la física y la química y las matemáticas". Por eso considera que es importante que se organicen actos como el de este jueves: "No sé si valen para mejorar el tejido de investigadores, pero para despertar el interés por la ciencia espero que sí. Yo esto lo hago de vez en cuando y siempre me encuentro muy buena respuesta, quizás no de todos los chavales pero sí de una buena parte. Cuando hablas con los alumnos normalmente ya se ve al que tiene interés, y además suelen hacer preguntas interesantes".

No fue el caso. De hecho, apenas encontró a quien le respondiera a las que él iba haciendo, solo una chica sentada hacia mitad de la sala. "¿Alguien más puede responderme, aparte de esta rapaza que lo sabe todo", trató de animar el químico, sin éxito, en un momento.

"No soy morriñoso, pero cuando me dieron la posibilidad de venir a mi colegio, algo de morriña me entró", dice Liz Marzán

Los alumnos, eso sí, fueron ocupando sus asientos con total orden y disciplina y sin el más mínimo alboroto. Hasta escucharon en su mayor parte con mucho interés y atención los primeros minutos de la intervención de Liz Marzán, que se definió como un estudiante "un poquito friki" influenciado por unos cuantos profesores de los que se encontró a lo largo de su formación. Algunos de ellos estaban entre los oyentes.

"Necesitamos tener conciencia de actividad investigadora en el país", defendió, para definir al científico como "no la persona que siempre tiene las respuestas correctas, sino la que hace las preguntas acertadas". Luego, trató de resumir la preguntas que se han ido haciendo él y su equipo y las respuestas que han encontrado en la nanociencia, el estudio de los fenómenos observados en estructuras y sistemas extremadamente pequeños para crear otros nuevos con múltiples propiedades y aportaciones, tanto para la tecnología como para la medicina.

No obstante, la densidad de la materia y su complejidad hicieron que poco a poco buena parte de los alumnos fueran perdiendo la nanoconcentración propia de su edad y que los cuchicheos y los teclados de los móviles fueran haciendo acto de presencia. La charla, no obstante, finalizó con aplausos. Al salir, solo dos chicas se acercaron para preguntar al investigador sobre algunos detalles. Las opciones de futuro crecen.

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