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Ivana López, en el adarve de la muralla. SANTI GRAUPERA
Ivana López, en el adarve de la muralla. SANTI GRAUPERA

Ivana figura en su partida de nacimiento como Iván, pero dejó de llamarse así a los 30, cuando decidió convertirse en la mujer que siempre fue

Se llama Ivana López Gay, es psicóloga, tiene 41 años, vive en pareja y trabaja como educadora social con personas con diversidad funcional. Hasta ahí su historia podría ser la de muchas otras mujeres de su misma edad y nivel sociocultural. Sin embargo, Ivana -hija de emigrantes lucenses en Barcelona- es transexual y, como tal, llegó a ser coronada Miss España.

Le fue bien y no tuvo problemas para ser aceptada como mujer socialmente. Pero primero se lo pensó y mucho. Le tocó vivir esa lucha por ser ella misma en unos tiempos en los que todavía no estaban muy admitidas socialmente estas cuestiones de identidad de género. Por eso, hizo la transición -el paso social de hombre a mujer- a los 30, una vez que perdió el miedo al qué dirán y una vez que se vio segura de lo que quería realmente.

"Desde los 4 años me sentí niña en un cuerpo de niño. Jugaba siempre con las niñas y por eso me hacían 'mobbing' en el colegio, en Barcelona, a donde emigraron mis padres, nacidos en Pedrafita y en Monterroso. Solo cuando veníamos a Lugo en verano y Navidad me sentía libre. Es más, cuando le comuniqué a mi familia que quería hacer la transición, mi abuela de Pedrafita -que era muy religiosa- me comprendió totalmente y me dijo: "Era algo que se te veía de toda la vida", cuenta.

Ivana -entonces Iván- aprendió a vivir su infancia y juventud con el sexo equivocado. Hace 30 años era impensable decir que un niño se sentía niña sin ser considerado homosexual. La sociedad todavía desconocía lo que era la transexualidad. "Lo que yo sentía no se lo decía a nadie. Así crecí. Mi infancia fue feliz, pero no feliz del todo porque siempre estaba fingiendo y actuando, haciendo un papel que no me correspondía. Sabía perfectamente que nunca podría ponerme los tacones ni ropa de mujer", explica.

Su camino hacia la transición fue lento. En la adolescencia, su identidad como mujer se fue abriendo paso de cara a la sociedad, pero lentamente. "Me sentía más mujer que otra cosa y me convertí en un chico con aspecto andrógino. Empecé a salir con amigos en plan travesti y recuerdo que siempre me decían que estaba más guapa de chica que de chico. A mis padres tampoco les dije nada hasta que decidí hacer la transición. Solo recuerdo que, de adolescente, le dije a mi madre que me gustaban los chicos. Ellos no sabían que existía la transexualidad y, como ellos, mucha gente. Yo, por aquel entonces, ya había descubierto lo que era la transexualidad pero no quería dar el paso por no enfrentarme a los estigmas sociales que supondría. Así que, a los 18 años, la gente me llamaba todavía Iván y me consideraba gay; a los 30, pasé a ser Ivana y ya era, socialmente, trans", afirma.

Ivana inició un tratamiento hormonal que no fue muy largo. Paralelamente, comenzó a vestirse de mujer y se sometió a varias operaciones de cirugía estética. "Hablé con mis padres y, al principio, fue para ellos un shock. Sin embargo, siempre me apoyaron. Fue difícil también para mí porque no quieres que tus padres sufran. La transición es mejor hacerla de joven porque las hormonas actúan antes del desarrollo pero cuando me tocó a mí todavía no estaba aceptada la transexualidad, ni había recursos. A mí me resultó todo bien porque era delgada y no tuve que hormonarme mucho. Tampoco soy muy alta, mido 1,70. Si fuese como un armario y midiese 1,90, la transición hubiese sido peor. Por lo tanto, mi transición fue fácil y mi 'passing' es bueno", apunta.

Esperó a hacer la transición a los 30 por miedo al estigma social, pero no vio necesario operarse los genitales para sentirse mujer

Ivana reconoce que tiene un buen 'passing'. Es decir, que pasa desapercibida como mujer entre la gente. Esto le da muchas ventajas frente a otras transexuales que todavía conservan rasgos masculinos. Le permite hacer una vida normal como cualquier mujer más. Lo que significa tener trabajo y no ser objeto de humillaciones o insultos cuando va por la calle.

"Encaro la chica transexual perfecta pese a que no me operé los genitales. No sentí esa necesidad porque no tengo disforia con mis genitales masculinos, pero por eso no me siento menos mujer. Me operé de todo pero no de los genitales. Mi transición me permitió tener un buen 'passing' porque soy mona y respondo al canon que la sociedad exige. Soy la transexual a la que la sociedad le perdona la vida. Y me siento afortunada por ello. En caso contrario sufriría mucha discriminación y a la hora de buscar trabajo sería más difícil. Hay chicas que tienen que recurrir a la prostitución porque si se les ven rasgos de hombre las rechazan. Yo, pese a no estar operada, soy una persona completa. ¡No me hace falta una vagina! No la necesito. Lo importante en la transexualidad es que cada quien llegue al punto en el que se encuentre cómodo. Yo no me siento menos mujer por no tener los órganos genitales y tengo una vida sexual plena", señala.

Ivana reconoce que no se hizo transexual hasta tener un buen "passing" porque sabía que no iba a ser fácil. Su objetivo era que su apariencia fuese totalmente de mujer y, mejor, de mujer hermosa. "Fui más procirugía que prohormonas. Operaciones me hice unas siete... Entre cirugías, tratamientos estéticos y láser me habré dejado 50.000 euros en los últimos quince años, pero no me arrepiento porque todo esto me sirvió para construirme a mí misma", confiesa.

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