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"En mayo ya no tendré ahorros y no sé de dónde sacaré el dinero"

José Manuel y Leonel y familia. EP
José Manuel y Leonel y familia. EP
Familias vulnerables vuelven a solicitar ayudas sociales tras quedarse sin trabajo y estar a punto de agotar sus ahorros ▶ Inmigrantes, empleadas de hogar, feriantes y trabajadores con empleos esporádicos son los grupos más afectados

Las familias que los martes y viernes hacen largas colas frente al Banco de Alimentos para llevarse algo a la boca no son solo un número. Cada una de ellas vive una situación dramática que, tras el confinamiento decretado por el estado de alarma, cambió o empeoró sus vidas de un día para otro hasta el punto de encontrarse sin dinero suficiente para pagar la comida, la vivienda y los suministros y con los escasos ahorros a punto de agotarse. En todos esos casos, ninguna de las necesidades básicas están cubiertas y estas familias se ven arrastradas a recurrir a las distintas organizaciones sociales para evitar verse en la antesala de la pobreza.

Sin ingresos a la espera de cobrar la ayuda por un Erte

Smaya tiene tres hijos. Llevaba desde noviembre sin trabajar. Se sostenían con el modesto sueldo de su pareja como repartidor de pizzas. Cerró la empresa por el estado de alarma y su pareja se vio envuelta en un Erte. De momento, no entran ingresos en esa casa. Viven de algunos pocos ahorros que todavía les quedan.

"El año pasado me dieron 100 euros de ayuda por los tres niños pero ahora mismo no nos entra nada de dinero. Estamos tirando de algunos ahorros que tenemos, pocos, que se están agotando. Me puse en contacto con Cáritas y Cruz Roja y estoy esperando respuesta. Así que decidí volver al Banco de Alimentos, a donde había ido el año pasado y llevaba meses sin ir porque había mejorado nuestra situación, pero ahora no me queda otra porque no tenemos ni para comer, ni para pagar el alquiler. ¡Menos mal que hablamos con el casero y nos dijo que podría esperar otro mes más para cobrar!", cuenta Smaya.

"Hacía un año que no iba al Banco de Alimentos pero volví porque no hay ni para comer ni para el alquiler"

Sin trabajo ni subsidio tras la suspensión de las ferias

María —en este caso, nombre ficticio— llevaba tiempo trabajando para las pulperías, de feria en feria. Cuando entraba la primavera y hacia el verano, había mucho más trabajo. Los ahorros le permitían vivir en invierno hasta que llegase el mes de marzo. Este año no fue así y ya no queda dinero del que tirar para el día a día.

"Justamente ahora que comenzaba la temporada tengo que quedarme en casa, sin trabajo. Hasta ahora, vivía así. De forma precaria, pero me llegaba para vivir. Me daban de alta en la Seguridad Social el día de la feria nada más. Por eso ahora no tengo derecho ni a Erte, ni a paro y acabé pidiendo ayuda al grupo que hay en Facebook SOS Coronavirus y también al Banco de Alimentos", afirma.

Esta mujer no está sola. Tiene un hijo. Como su trabajo era como una media jornada —dice—, solo tiene derecho al 50 por ciento de una ayuda familiar.

"Cobro 215 euros de esa ayuda y es lo único que tengo. El alquiler del piso ya me cuesta 290. Viviremos a base de ahorros hasta que no haya más de lo que tirar y no hay mucho. Así llevamos desde noviembre: viviendo de la ayuda familiar y de los ahorros", dice.

Víctimas de la economía sumergida desde hace años

La economía sumergida dio de comer a muchas familias en la anterior crisis económica de hace una década. Las horas de limpieza y cuidados en domicilios particulares o las reformas o chapucillas en la construcción llevaron dinero a esos hogares en situaciones vulnerables, pero si se pierden no queda paro porque ese empleo no existe oficialmente, ni se contribuyó a la Seguridad Social por él. Cuando esto sucedía, se buscaba otro empleo similar con el que llevar algo de dinero a casa. Ahora eso no es posible tampoco. Esta vez no hay ni siquiera posibilidad de ganar dinero en la economía sumergida y esas familias se resienten.

Rosa —también nombre supuesto— vive ahora de las ayudas que le da Cáritas, donde recibe un bono semanal de 30 euros para hacer una compra en el Gadis. Es colombiana y tiene un hijo. Se quedó sin el empleo que los sostenía a ambos. Le va a resultar muy difícil conseguir otro porque, en este momento, apenas hay trabajo debido a la paralización económica que estamos viviendo.

"Estaba cuidando a un mayor pero, con esto del estado de alarma, me dijo la familia que no podía volver, así que me quedé sin trabajo. Tengo algún ahorrillo y tiro de eso, pero no me llega. En mayo, ya no tendré nada. No sé qué hacer. No sé ni de dónde sacaré dinero, ni cómo podré sacarlo. Solo espero que esta situación pase rápido y que me esperen para poder pagar. Tengo fe en que encontraré trabajo —que será lo que me salve a todos los niveles—, espero que no sea imposible", apunta.

Esta mujer lleva tres años y medio en España. Pese a lo que está viviendo ahora mismo aquí, afirma que en su país se vive "muchísimo peor que en España".

"Los salarios son más bajos y el coste de un alquiler de una vivienda allá es casi equivalente al sueldo de un mes", explica.

Un difícil momento para inmigrantes recién llegados

Otras víctimas de la situación económica actual son las familias de inmigrantes recién llegadas, algunas de las cuales vieron paralizados sus trámites para regularizarse en España a raíz del estado de alarma. Ese no es el caso, en cambio, de Leonel porque él es nieto de gallegos. Como tal, se acogió a sus derechos de retornado y, hace solo cuatro meses, cogió el avión desde Cuba y se vino a Lugo con su mujer, María Antonia, y su hija, Yilhians Daniela. Aun así, su situación es muy vulnerable.

"Vine como retornado de Cuba. Mis abuelos eran gallegos. Me vine con lo puesto. Por el alquiler, me cobran 350 euros. Cobro una pensión por retornado, que me paga el Sepe, de 430 euros. Lo que me queda no nos llega para comer los tres. Estoy esperando a ver si encuentro un trabajo porque llevo desde que llegué, el 26 de diciembre, dependiendo de Cáritas, que me están echando una mano. Pero preferiría trabajar", dice.

Ni su mujer, ni su hija trabajan. "Quiero que mi hija estudie aquí Enfermería, estudios que ya empezó allá en Cuba", afirma.

"Tengo una pensión de 563 euros y pago 530 de hipoteca. Cáritas me paga la compra, el agua, la luz, el gas y las medicinas"

De momento, los tres dependen prácticamente de la ayuda social. "Nos están dando todos los días la comida hecha, que vamos a buscar al comedor de San Froilán. Allá, en Cuba, trabajé durante años como jefe de cocina y comedor. Aquí, para poder encontrar empleo de eso, me piden varios cursos y tengo que esperar que salga alguno por Cáritas", apunta.

El futuro lo ve "incierto y preocupante porque nuestra situación es, ahora mismo, muy dura", dice. "Hay que pagar la renta también y no sé el mes que viene qué pasará. No tengo con qué pagar la luz, ni los alimentos", lamenta.

Se vino para España, como relata, "para ir hacia delante". "Allá, trabajaba pero no era un salario que te ayudase a vivir", afirma.

Hipotecados y sin recursos tras un problema de salud

La lucha con el pago de hipotecas protagonizó la crisis de hace una década. Sin embargo, todavía hay familias que viven endeudadas. José Manuel fue un empresario de éxito hasta que un problema de salud los dejó a él y a su mujer con una pensión de invalidez de 563 euros y una hipoteca de 530.

"En Cáritas me dieron el cielo. Llegué a pasar hambre y nunca pensé verme así porque yo tenía un negocio que marchaba muy bien. Ahora en Cáritas me dan vales para hacer la compra en el Gadis y también me pagan el agua, la luz, el gas y las medicinas. Hay gente que ayuda y, si no fuese por ellos, lo vería todo aún más negro", explica.

"En mayo ya no tendré ahorros y no sé de dónde sacaré el dinero"
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