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Más de cincuenta mujeres denunciaron en 2017 delitos de índole sexual en Lugo

Carteles contra las agresiones sexuales en un edificio donde actuó un violador en Augas Férreas. PEPE TEJERO
Carteles contra las agresiones sexuales en un edificio donde actuó un violador en Augas Férreas. PEPE TEJERO

El número de violaciones se duplicó en 2017, cuando se registraron diez denuncias en la provincia, frente a las cuatro del año anterior 

Más de medio centenar de mujeres (en concreto 51) denunciaron el año pasado en Lugo que fueron víctimas de algún delito contra la libertad e indemnidad sexual, en los que se incluyen violaciones, abusos sexuales, exhibicionismo o provocación sexual, prostitución, explotación sexual y corrupción de menores.

Según las estadísticas que maneja el Ministerio de Interior (elaboradas con los datos facilitados por Policía y Guardia Civil), en diez de estos casos, las víctimas denunciaron agresiones sexuales con penetración, mientras que en 2016 se contabilizaron cuatro denuncias por estos hechos. Las cifras resultan poco alentadoras, ya que revelan que el número de denuncias por violación en Lugo se duplicó.

Y si las cifras inquietan, las historias que hay detrás aterrorizan. La última denuncia presentada esta semana en la comisaría lucense pone los pelos de punta. Según explicó la víctima, que en la actualidad tiene 19 años, su padrastro la violó de forma reiterada durante siete años, desde que tenía tan solo 13. El hombre se negó a declarar ante el juez, que decretó su ingreso en prisión sin fianza y dictó además una orden de alejamiento con respecto a la denunciante y a su hija de corta edad.

Hacer un ejercicio de empatía y ponerse en el lugar de la víctima resulta impensable para quien no ha sufrido ese calvario, aunque por desgracia no se trata de un caso tan excepcional. De hecho, en varios de los delitos de tipo sexual denunciados el año pasado en Lugo, la víctima era menor de edad y la agresión se produjo en el entorno familiar.

Hace ocho meses ingresó en prisión un lucense que violó a su hija adoptiva, de 11 años, un caso similar al denunciado esta semana

Una de los casos más escalofriantes se destapó a finales de septiembre, cuando la Policía Nacional detuvo en la capital a un hombre de 67 años acusado de violar a su hija adoptiva, de 11 años, con la que convivía prácticamente desde su nacimiento. La niña le contó a su madre que llevaba tiempo sufriendo los abusos de su propio padre, algunas veces con penetración, pero no se había atrevido a contarlo antes por miedo a que el hombre fuera enviado a prisión.

El detenido negó en todo momento las acusaciones, pero el testimonio de la pequeña y los informes médicos sirvieron para desvirtuar la declaración del hombre, ya que los forenses pudieron comprobar que el relato de la víctima y sus secuelas tenían total verosimilitud.

El detenido prestó declaración en el juzgado de Instrucción número 3 de la capital lucense -al igual que el presunto agresor detenido el pasado martes- y el magistrado también decretó su ingreso en un centro penitenciario sin fianza.

GALICIA. En toda la comunidad gallega, el año pasado se denunciaron 459 delitos contra la libertad e indemnidad sexual, de los que 44 fueron agresiones sexuales con penetración. Estas cifras reflejan también un incremento con respecto a 2016, cuando se contabilizaron 434 denuncias, 40 de ellas por violación.

De los 459 delitos contabilizados en Galicia, 51 se denunciaron en Lugo (52 en 2016), 180 en A Coruña, 46 en Ourense y 182 en Pontevedra. Solo violaciones se registraron 10 en Lugo, 16 en A Coruña, 5 en Ourense y 13 en Pontevedra. Salvo en esta última provincia, las cifras revelan que un aumento en la cifra de violaciones con respecto al año anterior.

A nivel nacional, los números asustan todavía más. Solo en doce meses, 11.692 mujeres acudieron a las fuerzas y cuerpos de seguridad para denunciar que habían sido víctimas de un delito de tipo sexual. De todas ellas, 1.382 fueron supuestamente violadas, un 10% más que el año anterior.

Y a estas cifras habría que añadir además todos los casos que las víctimas callan, ya sea por temor al agresor o por el miedo a ser juzgadas. Y es que este tipo de delitos pesan como una losa sobre las víctimas, ya que afectan a la esfera más privada del ser humano: su intimidad.

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