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Mari y su lucha contra el asperger

Una joven de Lugo con el síndrome, que le descubrieron a los 19 años, repasa el acoso que vivió en el colegio y los desafíos que afronta en su vida

"Todo el mundo me solía llamar rarita y llorona y estuve siempre sola hasta que llegué al instituto, y aún así, allí también sufrí diferentes tipos de acoso, tanto de profesores como alumnos". Vivir con asperger no es fácil. Lo sabe bien Mari (así elige ser identificada), una lucense que hasta hace dos años no pudo poner nombre al problema que sufría y que marcó su infancia e hizo tortuoso su paso por el colegio.

Mari tiene hoy tiene veintiún años y, tras el diagnóstico, empieza a encarrilar su vida desde A Coruña, donde cursa estudios artísticos. La joven lucense solo supo que tenía asperger tras acudir dos años a terapia y después de sentirse bastante maltratada toda su vida.

Se celebra este martes el Día del Asperger y Mari cuenta su historia para concienciar sobre un síndrome que afecta a uno de cada cien niños que nacen, según Asperga, la asociación gallega de asperger, que defiende la importancia de una detección temprana y una atención adecuada.

La joven lucense sabe bien lo que es crecer con un síndrome al que en su caso no se había puesto nombre pero que hacía que muchos la trataran mal. "El colegio y el instituto fueron unos episodios muy difíciles para mí", cuenta esta joven, que recuerda que "en párvulos tenía una profesora que me enviaba al pasillo o se reía de mí cada vez que lloraba". Se consuela diciendo que "por suerte, no la volví a ver".

Mari dice que ponerle nombre a su problema "me ayudó a aceptarme y conocerme más a mí misma"

La falta de empatía de compañeros y profesores acabó afectándole seriamente. "Sacaba buenas notas en el colegio, pero en el instituto bajé mucho mi media debido a los problemas de atención que tengo. No conseguí pasar el bachillerato, por ejemplo", explica.

Frente a esa crueldad, también pudo atisbar la cara buena de la vida. "Encontré nuevos amigos que me querían como era, y algunos profesores me ayudaron un poco, no todo era malo", añade al recordar su paso por la educación obligatoria.

Mari dice que ponerle nombre a su problema "me ayudó a aceptarme y conocerme más a mí misma. Fue un alivio y estoy mucho mejor gracias a eso". Sabe, eso sí, que tiene aún camino por delante. "Por ahora estoy yendo solo a un psicólogo, pero dentro de poco me uniré a una terapia social", explica sobre la atención que está recibiendo, a la vez que cuenta que la asociación "Asperga me está ayudando un montón con muchas cosas, como por ejemplo a entenderme más a mí misma".

"Yo creo que, a pesar de mis debilidades, soy una buena persona y que nunca me rindo, por muy dificil que sea la situación. Es algo que hay que tener muy en cuenta cuando se tiene asperger, no rendirse nunca", apunta.

"Mi familia es lo mejor que pude tener, me ayudaron mucho cuando descubrieron que tenía asperger"

Lanza esa idea a la vez que reconoce que hay desafíos que no son fáciles para ella, como el de afrontar el mundo laboral. Admite, así, que "le tengo bastante miedo al mundo laboral y a la discriminación que pueda causar esto, aunque creo que lo superaré gracias a mis amigos y a mi familia", apunta confiada.

Sus fortalezas son, por lo que cuenta, su familia y sus amigos, y también su creatividad. "Ya desde que era pequeña era muy creativa, todo el mundo me decía que dibujaba muy bien y que tenía mucha imaginación, creo que el arte fue mi interés especial desde que era una niña y me ayudó a explorar mi condición de la manera más bonita posible", cuenta.

De su entorno más próximo dice que "mi familia es lo mejor que pude tener, me ayudaron mucho cuando descubrieron que tenía asperger y se adaptaron muy bien a mis necesidades".

Ella, cuenta, intenta poner de su parte, incluso obligándose a tener vida social. "A veces me obligo a mí misma a salir para hacer más amigos y conocidos", desvela. "Aunque al principio lo pase mal, siempre acaba siendo lo mejor, porque así uno no se siente tan solo y también, con el asperger, a veces hay que forzarse a hacer cosas por tu propio bien", dice sobre los beneficios que encuentra a desafiarse a sí misma y plantar cara a sus dificultades para relacionarse con el mundo.

Mari y su lucha contra el asperger
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