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Maquinitas que fabrican emociones

Robótica y drones, gafas virtuales, pinball, partidos de liga o carreras de coches virtuales son algunas de las opciones que tienen los aficionados lucenses a los videojuegos

Solo son máquinas pero también pueden transmitir emociones. Los chavales que se dieron cita este sábado en el festival Ludus Gaming, celebrada en la Casa do Deporte, saben mucho de la relación hombre-máquina. Pero para bien. Solo hay que verles las caras de concentración y emoción para darse cuenta de que jugar a las maquinitas es algo más: es sumergirse en otra realidad y disfrutar reconvertidos en futbolistas, pilotos de Fórmula 1, contrabandistas o, simplemente, Super Mario. "Es alucinante: ¡hay chavales que se agachan para recoger monedas del suelo pensando que, efectivamente, están dentro del juego!", afirma uno de los monitores.

A esto le llaman realidad virtual. Es de los puestos del Ludus Gaming que más llaman la atención a los visitantes. Las gafas molan, aunque todavía sean un poco caras: andan entre los 150 y los 200 euros. Hace tan solo unos dos años que salieron al mercado.

"Es muy divertido. El personaje del juego, un hombre que se dedicaba al contrabando, era yo mismo", afirmaba este sábado Axibiade, justo después de probar las gafas de realidad virtual.

"Aunque esto es antiguo, resulta nuevo para nosotros. Tiene más cosas que el videojuego de la consola", afirma Nicolás

Este joven se declara un gran aficionado a los videojuegos de acción. El Fortnite es su favorito. Todos los días pasa dos horas jugando. Así lleva desde los 6 años.

Nicolás y sus amigos se lo están pasando en grande en una máquina que emula los primeros videojuegos. No tiene mando y solo usan unos gigantescos botones que se iluminan al pulsar. Es el Super Smash, uno de los míticos videojuegos protagonizados por Mario Bros. "Aunque esto es antiguo, resulta nuevo para nosotros. Tiene más cosas que el videojuego de la consola", afirma.

Al otro extremo del pabellón, hay un mostrador con cajas que albergan distintas piezas de colores. "Es el taller más educativo de todo el festival", anuncia el monitor. Aquí se hacen robots y drones. "Sí, robots que montas con pequeñas piezas y que luego programas con la tableta. También se hacen drones, lo que te puede llevar entre cinco y veinticinco minutos", continúa el monitor.

Frente a él, está Natalia (12 años). Está enfrascada en hacer un robot espía pero tiene un problema: no encuentra los ojos en la caja de piezas. "¡No hay ojos!", le reclama al monitor. Mientras que se los buscan, Natalia cuenta su afición por este tipo de juegos: "En casa, nos encantan a mí y a mi madre. Somos unas gran aficionadas a los videojuegos y a la programación. Me gustaría ser programadora de Informática o estudiar Estadística y Probabilidad, que es muy divertido".

Maquinitas que fabrican emociones
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