El Lugo viejo: el circo ecuestre de 1896

La ciudad se convirtió por unos meses en un polo de atracción nacional, con el II Congreso Eucarístico Español seguido de la Exposición Regional
Fotografía P-001. MAXIMINO REBOREDO BLANCO (1876-1899)
photo_camera Fotografía P-001. MAXIMINO REBOREDO BLANCO (1876-1899)

Después de la triste partida del regimiento Luzón camino de Cuba, en el mes de febrero de 1896, dos acontecimientos traerían un aire muy diferente a la ciudad en la segunda mitad del año.

El II Congreso Eucarístico Español

Resuelta la última guerra civil decimonónica en 1876, el carlismo de trabuco quedó definitivamente superado, y más cuando en 1878 fallece el Papa-Rey, siendo sustituido por León XIII. El papa Pecci, frente a la confrontación propugnada por Pío IX, trajo consigo cierto aire conciliador, en tanto se manifestó proclive al acatamiento de los poderes políticos constituyentes, integrándose en el sistema para desde allí trabajar en defensa de los principios del catolicismo. Junto a ello se dio paso a una vasta política propagandística, dentro de la cual se encuentran, por ejemplo, los congresos, la legislación y organización obrera católica o las peregrinaciones nacionales e internacionales, el movimiento de la buena prensa, etc. Y, naturalmente, los congresos eucarísticos españoles, el primero de los cuales tuvo lugar en Valencia (1893) y el segundo en Lugo, que se desarrolló entre los días 26 y 30 de agosto de 1896. Asistieron a él en torno a 4.000 personas llegadas de diferentes puntos de la geografía nacional y el lector ya puede suponer la inyección económica que esto supuso en una ciudad de unos 10.000 habitadores, que hubo de alimentar, alojar e incluso divertir a tamaño contingente de congresistas.

La Exposición Regional

El siglo XIX es la centuria del progreso, un progreso basado en los avances que, en todos los campos de la ciencia y la tecnología, habían dado paso a un desarrollo económico y social que se creía sin límites. "El motor providencial estaba siendo sustituido por el motor de vapor": la máquina de vapor y el consecuente ferrocarril se constituyeron en emblemas de una revolución tecnológica que espoleó la producción agraria e industrial y agilizó el comercio nacional e internacional.

La exhibición de los logros así alcanzados trajo consigo que se celebrasen exposiciones en las que se mostraban las excelencias de la producción, ya fuese esta regional, nacional o internacional. Ahí está la Torre Eiffel como exponente de lo que se podía hacer con el acero y que se construyó para la Exposición Universal de París, de 1889.

Medalla de premio en la Exposición Regional. EP
Medalla de premio en la Exposición Regional. EP

No estuvo Lugo al margen de estas iniciativas y ahí quedaron las exposiciones que, con diferente carácter, tuvieron lugar en 1866, 1867, 1877, junto con la Exposición Regional de 1896, que es a la que yo quería llegar.

Solapada su inauguración con la clausura del Congreso Eucarístico, se abrió la muestra el 30 de agosto, clausurándose el 8 de octubre, con lo que su final se superpuso a las fiestas de San Froilán. Por los distintos espacios de la exposición desfilaron miles de personas que dejaron buenos dineros en la ciudad, particularmente en los establecimientos de hostelería, y Lugo se convirtió en un polo de atracción para foráneos y para algunos negocios itinerantes que vinieron a establecerse en el pueblo mientras duró aquella situación festiva.

Vaso de recuerdo del Congreso Eucarístico. EP
Vaso de recuerdo del Congreso Eucarístico. EP

La foto P-001

En 1997 cayeron de un cielorraso de mi casa cerca de 400 negativos fotográficos en placas de cristal. Eran la obra de Maximino Reboredo Blanco (1876-1899), que contiene imágenes de nuestra ciudad, de La Coruña, de Ferrol, de Roma.., y un sinfín de retratos. Comprenderá quien esto lee que no es fácil identificar a las personas que aparecen en las placas, pero algunas van aflorando a base de tiempo y perseverancia. Y algo parecido ocurre con espacios rurales y urbanos que recogió el fotógrafo en los cristales de Lumière & Ses Files, de D.V. Monckhoven o en otros de un aspecto evidentemente artesanal.

Fotografía P-001. MAXIMINO REBOREDO BLANCO (1876-1899)
Fotografía P-001. MAXIMINO REBOREDO BLANCO

Uno de ellos, catalogado como P-001, mide de 9x6 cms y es el que adjunto a estas líneas. Hasta el pasado año no supe cuál era el pueblo que enmarca la escena y de qué se trata lo que en ella ocurre. A una pronta solución del acertijo no ayudó el evidente mal estado de la emulsión; pero veintiséis años después de haber visto por primera vez la placa positivada conseguí resolverlo.

Mirando por enésima vez la fotografía en el ordenador, ya sin demasiada fe, entre las nieblas del fondo me pareció ver unas arquitecturas conocidas y resultaron serlo. Son un par de casas de la entonces calle Manuel Becerra: desde nuestra derecha, la número 14, en donde estuvo aquella churrería a la que llamaban Zucre, y la 16, en donde tenía su despacho la droguería Sanal. Ergo: el edificio solemne que asoma a nuestra derecha es Hacienda, pero con un estilo que no tiene mucho que ver con el actual. Se trata de la crujía edificada merced al breve paso del conde de Pallares por la Dirección General de Propiedades (1880-1881). La calle, que hoy lleva el nombre de Juan Montes, estuvo dedicada, desde el 22 de febrero de 1836 hasta el 13 de julio de 1899, a los héroes de la invicta Bilbao.

¿Y qué pinta en la foto toda esa gente, a pie y a caballo, como si se tratase de un desfile de las ferias de abril? Pues es que se encontraba en la ciudad "el Sr. [Diego] Amado, director de una compañía acróbata y gimnástica que dará varias funciones durante la época de la Exposición Regional. // Segun se dice, el Sr. Amado proyecta levantar un circo en un solar de la calle de Bilbao, y espera la llegada de las maderas para dar comienzo a las obras".

El susodicho solar es el que está inmediatamente a continuación de Hacienda, pero estaba cerrado por un muro, ese muro blanco en el que se intuye una puerta. Las maderas a que alude El Eco de Galicia en la nota anterior eran sin duda para armar una estructura que sostuviese la lona, porque, en efecto, esa cubierta clara tan empilada que cubre el recinto es una lona: debidamente ampliada la imagen pueden verse las tiras de tela y los amarres de cuerda de la parte baja.

El circo estaba a punto de abrir sus puertas ya el 27 de agosto, de manera que en los días siguientes hay en la prensa local -El Eco de Galicia, El Regional, El Lucense- cumplida información al respecto, tanto sobre un interior que incluso tiene palcos, cuanto de los números y las sesiones especiales: "En la noche de ayer se celebró la función dedicada a la alta sociedad lucense [...] // Han llamado mucho la atención, del escogido y numeroso público, los divertidos juegos hechos por todos los artistas, sobre todo los estatuarios, el doble alambre, ejecutado por los simpáticos jóvenes Teresa y Manuel Amado; los saltos y el Juego de la Rosa, ejecutado por tres señoritas". Otro día hicieron una pantomima en la que participaron 100 niños.

¿Y los caballos y caballistas? Pues es que se trataba de un circo ecuestre, una agrupación que llegó a Lugo al socaire de la Exposición Regional, permaneciendo entre nosotros hasta el 11 de noviembre, en que "Salió en la mañana de hoy para Santiago la compañía ecuestre que trabajó cerca de tres meses en el improvisado circo de la calle de Bilbao".

Tuvo Maximino Reboredo (contaba entonces 20 años) la oportunidad de recoger con su cámara una salida de los miembros de la troupe, que posiblemente se disponía a dar un paseo publicitario por las calles de Lugo. Y en la foto, si se fijan, podemos ver que hay en la pared de Hacienda, próxima a nosotros, una moderna farola eléctrica, aunque todavía se conservaba en la esquina del mismo edificio uno de los viejos faroles que iluminaban la calle mediante aceite de oliva y mecha de algodón. Era, sin duda alguna, un Lugo viejo.