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El Lugo vaciado también pisa asfalto

Mary Carmen Iglesias. EP
Arriba, Mary Carmen Iglesias y Antonio Abuín. Abajo, Cándida Rodríguez (izquierda) y Pilar Lapido y Eva Caamaño (derecha).
Ocho calles de la ciudad cuentan, según datos del Concello, con solo un vecino empadronado, cuya media de edad supera los 54 años ► Las casas cerradas abundan en el centro en A Tinería, Recatelo y San Fernando y también en el barrio Feixóo, Paradai, A Ponte y A Milagrosa

LA ESPAÑA vaciada no solo es rural. También es urbana. En Lugo y en los principales núcleos urbanos de la provincia, hay barrios que vivieron en las últimas décadas una caída paulatina de población que ahora se trasluce en casas en ruina, vacías, okupadas y también, en algunos casos, tapiadas para evitar, precisamente, que las ocupen desconocidos.

El Lugo vaciado –como se podrían llamar estas zonas de la ciudad– está presente tanto en el casco histórico como en el extrarradio. Los últimos datos estadísticos del padrón municipal reflejan la existencia de ocho calles en Lugo, en zona urbana, donde solo hay un vecino con una media de edad superior a los 54 años.

El entorno de la catedral –Recatelo y A Tinería– son algunos de estos puntos más deshabitados, junto con la zona de la puerta de San Fernando. En los barrios, el Lugo vaciado se traslada a Paradai de Abaixo, A Ponte, algunas calles de A Milagrosa y el barrio Feixóo. En medio de casas vacías y, muchas veces, en ruinas todavía quedan vecinos cuyos ojos vieron la desaparición del barrio en el que hicieron su vida. Nadie mejor que ellos para contar este proceso.

Cándida Rodríguez: testigo del cierre de fábricas en Paradai


Cándida Rodríguez lleva viviendo en Paradai de Abaixo 45 años. Cuando llegó, esa zona era una de las más industrializadas de la ciudad. La compañía eléctrica RTR y la delegación de Campsa nutrían de trabajadores el barrio. Había tanto movimiento de gente que se animó a montar un bar al que le puso de nombre A Costa. El negocio sobrevive ahora a cargo de su hijo, pero el barrio fue mucho a menos. "Algunhas casas que hai por aquí arredor están en ruína total e en abandono. Mira como están que hai xente que intenta meterse nelas para ocupalas e non lles valen para vivir!", comenta.

Cuando llegó Cándida a Paradai de Abaixo, en todas las casas había gente. "Era un barrio humilde de traballadores pero por aquí circulaba moita xente. Na RTR había máis de 200 empregados que traballaban en dúas quendas, pero tamén había un secadeiro de peles e a Campsa. Pero todo empezou a cambiar: as fábricas foron pechando e a xente foi deixando as casas para irse a pisos de protección oficial noutras zonas da cidade como Abella ou Fontiñas", afirma esta mujer.

Delante del bar de Cándida, se derribaron siete casas, pero todavía quedan más que podrían ser declaradas en ruina. "Hai bastantes que están caendo. Van pudrindo por dentro. Algunha persoa meteuse nalgunha casa pero caía para o piso de abaixo. Era un perigo", dice.

Eva Caamaño: convivir con okupas en Camiño Real


Vivía en la calle San Froilán, dentro de murallas, y hace tres décadas se trasladó a Camiño Real, donde vivían sus suegros. Entonces, había vecinos en todas las casas. Pero la situación fue cambiando en todo este tiempo.

"La diferencia es como del día a la noche. De ser un barrio fantástico y alegre, pasamos a ver, de unos años para aquí, viviendas y edificios vacíos que están siendo ocupados por gente marginal, que suele causar muchos problemas al vecindario. En un edificio pegado al mío, ocuparon los cuatro pisos hasta que los echó el juzgado. Esto pasa porque hay bastantes casas cerradas, lo que antes no sucedía", cuenta.

Pilar Lapido: menos gente y menos servicios en A Ponte


Tiene 77 años y lleva 75 en A Ponte. Pilar Lapido nació al otro lado del Miño, en la calzada romana. Sus padres alquilaban lanchas de paseo para navegar en el río. Hace 67 años que lo cruzó y se asentó en una casa que está camino del colegio, donde antes había cuatro viviendas con gente. Ahora solo hay dos. "Isto non é o que era. Agora, xa case non quedamos xente aquí. Marchou a xuventude e quedamos catro vellos, cada vez menos. A calzada romana está deshabitada, só hai tres vivendas con xente. A Ponte acabouse. Aquí hai bastante xente que vive soa e moitas viúvas. Okupas, de momento, non temos. Pero si hai moitas casas abandonadas, que se venden pero a quen? Quen quere vir para aquí?", dice.

El cierre de casas fue acompañado, en este caso, por la desaparición de servicios. "Quitaron o bus. Agora hai que ir collelo á Volta da Viña e vai ata o hotel Santiago. Ir ao centro en bus lévache media hora. A ponte romana peatonal tamén nos perxudicou porque temos que dar un rodeo moi grande. Miña filla vive cerca, pero do outro lado do río. Cada vez que ven verme ten que dar unha volta tremenda e, en cambio, vemos cada unha a casa da outra pola ventá", manifiesta Pilar Lapido.

Mary Carmen Iglesias: en el centro, pero con pocos vecinos


Va a cumplir los 77 y dice, con orgullo, que desde los 6 vive en la calle Catedral, muy cerca de la zona de vinos y de la basílica. Quizá esta mujer sea de los pocos vecinos de toda la vida, que resisten al paso del tiempo en este entorno, cuna y residencia hace casi un siglo de algunas de las familias más ricas de Lugo y hoy, testigo del abandono de la parte más antigua de la ciudad con un gran número de casas en lamentables condiciones y apenas residentes.

"Es increíble cómo cambió esto. Cuando yo era pequeña, tenía mucha vida esta calle. Todas las casas estaban habitadas y esta era una zona del centro muy transitada porque los autobuses paraban en la Porta de Santiago y traían a la gente de las aldeas más próximas que venían los martes y los viernes a vender sus productos al mercado de la plaza de abastos. Hoy da pena. Hay casas que están en ruinas y, además, son un foco de infección para ratas", cuenta.

En su caso, todavía tiene cerca algún vecino. Y, además, vive en la casa de sus padres, la misma que la vio crecer. Por eso, no se plantea salir de ahí. "¿Para dónde voy a ir a mi edad? Esto cambió mucho. Antes, los vecinos éramos una familia. Ahora, los pocos que hay van cada uno a lo suyo. Recuerdo, además, que aquí había una mercería, una frutería, estaba el mesón Portón do Recanto, también había una fábrica de gaseosas y la fonda La Perla. Había también mucha gente joven por todas partes. Ahora, en cambio, nada. Se quedó toda esta zona prácticamente deshabitada. Mucha gente murió y otras casas se vendieron. ¡Es una pena que haya estos edificios abandonados en el centro de Lugo!", se lamenta.

Mary Carmen, en cambio, apostó por seguir ahí y conservar su casa. "Mi casa tiene más de 100 años pero acabamos de arreglarla. Incluso, para que quedase más bonita, pintamos en la fachada un grafiti con romanos. Además, mi hijo piensa destinar el piso de arriba al alquiler turístico. Todo esto ayuda a dar vida a la zona, que está mal pero yo diría que en O Carme aún es peor que aquí", indica esta vecina del centro.

Antonio Abuín: mejoró el barrio Feixóo pero se vació


Nació y vivió siempre en el barrio Feixóo. Como otros vecinos, Antonio Abuín reedificó en el mismo solar donde estaba la casa vieja e hizo una obra, hace ya décadas, más moderna. Pero se quedó allí, en la calle San Lourenzo. Confiesa que el barrio mejoró porque el Ayuntamiento reformó las calles, puso canalizaciones y también hay más dotación de alumbrado. Pero, al mismo tiempo, se fue vaciando y el número de casas cerradas y en estado de semiabandono es muy elevado.

"Las casas viejas se caen por todos los lados. Aquí, se puede decir que la mitad de las casas están hoy vacías. Fueron quedándose sin gente desde los años 80, cuando comenzó a construirse en la zona de Lamas de Prado. Para ahí se marcharon muchos que antes estaban viviendo aquí de inquilinos. Entonces, había familias que alquilaban una casa entera, de varias plantas, con bajo y buhardilla. Ahora, esas casas están vacías y otras muchas casi en ruinas", explica Antonio Abuín.

Este hombre vive con su pareja. Son solo dos en la casa, pero no tiene vecinos cerca, aunque colinda con otras dos casas. "La de un lado está tapiada para que no sea ocupada y la del otro lado está abandonada", dice.

Tapiar o tirar son las dos alternativas que barajan los dueños de inmuebles en el barrio Feixóo, una zona, donde hace solo medio siglo, las calles eran de tierra y las viviendas tenían pozo de agua potable y pozo negro, pero había vecinos por todas partes e, incluso, "gente rica con ocho casas en propiedad", afirma Antonio Abuín.

O Carme y Paradai podrían ser los dos ejes de desarrollo urbanístico

O Carme y Paradai —dos barrios delimitados por el Miño y el Rato— podrían convertirse en los dos ejes del futuro desarrollo urbanístico en Lugo, según Alberte González, técnico del Gabinete de Arquitectura e Urbanismo, que hace años presentó al Concello un proyecto de rehabilitación para A Milagrosa. "A configuración de Paradai, onde hai un proxecto aínda sen rematar, dependerá bastante do que se faga coa estación do tren, pero é unha zona moi boa para desenvolver porque estará ligada tamén ao barrio multiecolóxico e ao parque industrial das Gándaras", indica Alberte González.

Este arquitecto opina, asimismo, que en O Carme "está outra das grandes decisións pendentes do Concello". El desarrollo de esta área abarcaría desde la Fonte dos Ranchos y A Cheda, junto a Carrefour, hasta el Regueiro dos Hortos, al lado de la muralla.

100 viales con poca población

El padrón municipal de Lugo desvela la existencia de 100 calles en las que hay menos de diez habitantes. Algunas de estas vías están en el centro. Eso sucede, por ejemplo, en Anxo Fernández Gómez y Bispo Basulto, con 6; Bo Xesús, Rúa do Carboeiro y O Cantiño, con 2; Puro Cora y Recatelo, con 8; San Fernando, con 4, y Praza da Soidade, con 5.

EXTRARADIO. Además de la zona rural, hay áreas del extrarradio, pero todavía en zona urbana, con muy baja densidad poblacional. Eso sucede en tres calles de O Ceao, con solo 1 residente en cada una de ellas. Lo mismo ocurre en otra calle de Sanfiz, Galegos y Garaballa de Abaixo. También hay vías con 2 vecinos en Montirón, cerca del Hula, en A Ponte y en Fingoi de Arriba.

VILALBA. "Na Rúa do Sol e arredores pasamos de ser 100 a só 9"

José Antonio Maseda, Pepe do Tranquilo, lamenta el abandono del centro de Vilalba, del que es vecino y en el que las casas deshabitadas, en venta o en ruina son la tónica general. "É triste, pero non hai xente. Unha vez contei 215 persoas na Porta de Cima, que eu coñecía, e na Rúa do Sol e arredores, máis de 100, e agora somos 9", recuerda, al tiempo que recita los negocios que había en la zona, donde ahora apenas queda una veintena.

Pepe do Tranquilo ve difícil, pero no imposible, que se revitalice un entorno que recibe ayudas del ARI con la Torre dos Andrade vigilando sus callejuelas.

MONFORTE. "Un plan de protección es una herramienta esencial"

El desarraigo de quienes nacieron en Monforte hace más de 50 años propició que las casas de sus abuelos no tengan valor para ellos. Tal circunstancia propicia que a lo largo y ancho de la ciudad haya decenas de casas en estado ruinoso. Sin embargo, algunos vecinos, como el empresario Jaime Vázquez, apuestan por la rehabilitación. Compró cinco casas en la Rúa Falagueira que restauró. Dice que recuperar viejas viviendas es, "ecológicamente hablando, una política acertada".

Asimismo aplaude el trabajo realizado por el Concello, que fue capaz de sacar adelante "el plan especial de protección del casco antiguo, una herramienta para que la gente se anime a poner en valor casas antiguas", afirma.

VIVEIRO. "Se vende barato, pero la rehabilitación cuesta"

El abandono de las casas en Viveiro se produce en tres calles, que concentran el mayor número de viviendas deshabitadas. Son Rosalía de Castro, Vicente Cociña y Díaz Freijo, donde muchas están en venta. Carlos Méndez, vecino de una de esas zonas, da fe de que hay muchas casas desocupadas. "Están en abandono, se venden baratas, pero es difícil porque rehabilitarlas cuesta".

La pandemia ha aportado tranquilidad al centro, ya que el cierre del ocio nocturno ha restado ruido, sobre todo en fines de semana, festivos o en verano. Como ventajas indica que "está todo al lado, la calle comercial y la zona de vinos, pero no hay garajes y la entrada en coche está muy limitada".

SARRIA. "Antes era unha zona que tiña moito movemento"

El abandono de casas en Carmelina López López, dueña de una tienda de antigüedades, recuerda que cuando era niña la Rúa do Porvir, de Sarria, tenía "moito movemento, pero agora é diferente". En esta zona había casas de comidas, almacenes, modista..., esto llevaba a que la zona tuviera "moita vida". Sin embargo, la actividad comercial se redujo considerablemente en esta calle, conocida hoy por concentrar las tiendas de antigüedades.

La disminución de los negocios también se deja notar en el número de viviendas deshabitadas. Se trata de una calle de menos de 300 metros, en la que se contabilizan "cerca de dez" casas vacías, entre las que hay propiedades del Ayuntamiento.

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