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Lugo recrea sus mejores días bajo el Imperio y se desborda de vida

Encendido de fuego en un poblado castrexo. SEBAS SENANDE
Encendido de fuego en un poblado castrexo. SEBAS SENANDE

Bien pertrechados para unas temperaturas muy frescas, los lucenses se echaron a la calle para disfrutar del mercado, los espectáculos, la lucha de gladiadores y los desfiles militares, como ocurriría en los tiempos en los que la urbe era capital de provincia romana

Lugo parecía haber vuelto este viernes a sus buenos tiempos como capital de provincia romana, una consideración administrativa que hacía de cualquier urbe romana centro de un gran poder y, por tanto, reclamo de gentes de todas las condiciones y lugares. Y, como en sus mejores tiempos, la ciudad era este viernes un hervidero y en las calles se respiraban actividad, curiosidad, comercio y, sobre todo, muchas ganas de fiesta.

La apertura del Macelum en la Praza Maior marcó el inicio de la fiesta y hasta ese mercado se dirigieron cientos de personas, curiosas por descubrir las últimas tendencias. Triunfaron objetos como las diademas y muchos acudieron también en busca de prendas de abrigo.

Este Arde Lucus ha arrancado olvidando que el verano llama a la puerta y, por tanto, son muchos los que buscan buenas capas. Eso ha hecho que la moda castrexa se imponga en esta edición. Los lucenses, ante los avisos de que las temperaturas seguirán moderadas, han vaciado las tiendas de prendas y este viernes, por ejemplo, era misión casi imposible encontrar leotardos para los niños.

Una vez abrigados, los lucenses se apuraron a disfrutar del día y a ello contribuyeron espectáculos como las luchas de gladiadores, que son un reclamo seguro, los desfiles de legionarios o los disparos de catapulta desde el campamento de la Cohors.

Los campamentos, romanos y castrexos, se llenaron de vida y comenzaron con las actividades y talleres que mantendrán durante todo el fin de semana. Pero en el arranque festivo, los lucenses se dedicaron sobre todo a curiosear y disfrutar de espectáculos, como los que ofrecían los mimos romanos. Y, como en toda fiesta, se comió y se bebió.

Lugo recrea sus mejores días bajo el Imperio y se desborda de vida
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