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Lugo ya exporta jabalí y la Xunta prevé que lo puedan vender los cazadores

Sala da despiece de caza de A Fonsagrada. AEP
Sala da despiece de caza de A Fonsagrada. AEP

La única empresa comercializadora de Galicia está en A Fonsagrada y vende 500 kilos al mes a Portugal. El objetivo ahora es regular la venta directa por parte del cazador de "pequenas cantidades" a restaurantes y al consumidor final

LUGO. Galicia, y en concreto Lugo, ya exporta carne de jabalí, pero la Xunta quiere potenciar su comercialización y consumo con un decreto que permita a los cazadores la venta directa de "pequenas cantidades" de caza mayor silvestre –entre ella jabalí– "al consumidor final y a restaurantes. Uno de los objetivos es contribuir a reducir la población de jabalí en Galicia, que cada vez provoca más daños en cultivos y más accidentes de tráfico y cuyas incursiones en zonas urbanas empiezan a preocupar también por posibles ataques a personas. Se busca, además, dar salida a la gran cantidad de carne de jabalí que se genera en cada temporada de caza. En la última, solo en la provincia de Lugo se abatieron unos 6.000 ejemplares, según recordó ayer el presidente de la Federación de Caza de Lugo, Francisco López.

El documento en el que trabaja el Gobierno gallego estuvo expuesto para consulta en el portal de transparencia de la Xunta y en él se indica que la cesión por parte de cazadores a consumidores locales de pequeñas cantidades de carne de caza es una actividad prevista como una excepción al régimen general de comercialización de caza, tal como recoge el Reglamento Europeo 853/2004.

Este reglamento establece las normas de higiene de los alimentos de origen animal. Fija normas específicas de higiene y de control sanitario de la caza silvestre para su comercialización. A mayores hay normativa nacional, pero muchas comunidades autónomas ya han desarrollado legislación propia, adaptada a la idiosincrasia de cada lugar, según explica el gerente de la Asociación Interprofesional de la Carne de Caza Silvestre (Asiccaza), Jaime Hurtado.

Ese es el fin del decreto que prepara la Xunta, en el que se indica que el objetivo es facilitar el consumo de carne de especies cinegéticas y establecer las condiciones para garantizar la idoneidad sanitaria, aunque no precisa qué control sanitario tendrá la carne que los cazadores podrán vender de forma directa al consumidor y a restaurantes.

El documento que la Xunta sometió a consulta no precisa qué control sanitario tendrán las piezas que venderán los cazadores

Actualmente, en Galicia la carne de jabalí y otras especies de caza silvestre, como el corzo, solo se pueden comercializar si ha pasado por una sala de despiece que cumpla con los correspondientes requisitos legales, en cuestiones como la recepción de los animales, las instalaciones, los controles sanitarios de las piezas e incluso la gestión de deshechos. En Galicia solo hay una sala de despiece de caza y está en A Fonsagrada. Fue un proyecto impulsado por la Sociedade de Caza e Pesca da Fonsagrada y la Diputación y la gestión corre a cargo de la empresa Embutidos Buenavista. La sala lleva dos temporadas en funcionamiento y pasó de procesar 3,3 toneladas de jabalí en la primera a superar las 10, entre jabalí y corzo, en esta segunda. Sus productos se venden bajo la marca Procifón a restaurantes y establecimientos de venta al público. Parte de la producción -aproximadamente una tonelada cada dos meses- va a Portugal. La mayor parte de la carne sale congelada, pero desde hace unos meses también se hacen embutidos. Los animales proceden de los cotos de caza del entorno y en ocasiones de otros más alejados, como alguno de A Terra Chá.

Análisis. El gerente de la sala, José Luis Pérez, explica que todos los ejemplares pasan estrictos controles sanitarios, en los que intervienen inspectores de la Xunta. Las instalaciones cuentan con un laboratorio y algunas pruebas se hacen allí y otras se derivan al Laboratorio de Sanidade Animal de Galicia, en Lugo. Uno de los análisis que se practica es el de triquinosis. "Cóllense mostras de todos os animais e se os inspectores cren que non son aptos para o consumo decomísanos. Recentemente decomisaron tres", explica Pérez.

La actividad no solo cumple con todas las exigencias sanitarias, asegura el gerente de la sala, sino también económicas. Por cada ejemplar se paga una tasa a la Xunta y otra a Asiccaza y la sala tributa lo que le corresponde, recalca Pérez.

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