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Lugo apila su historia en almacenes a la espera de un centro arqueológico

Material que custodia la Xunta en un almacén externo
Material que custodia la Xunta en un almacén externo
La Xunta tuvo que recurrir a un local externo para el depósito de los hallazgos de la provincia tras agotar la capacidad de los museos ►Museólogos y otros profesionales reivindican un ente que, más allá de la exposición, conserve, investigue y divulgue el patrimonio lucense

El descenso de la obra pública y privada que se produjo en los últimos años como consecuencia de la crisis económica hizo que los trabajos arqueológicos se redujeran mucho, pero aun así la cantidad de material que arrojó el suelo lucense en los últimos treinta años es inmensa. Parte de él sigue en manos de arqueológos, ya que, en alguna época, la administración no lo recogía por falta de espacio para custodiarlo y en otros casos se debe a la dejadez de los arqueólogos o a la imposiblidad de completar el trabajo por falta de medios. No obstante, la mayoría del material está depositado en almacenes, a la espera de que la provincia disponga de un centro de arqueología a la altura de sus necesidades.

Los hallazgos más singulares están en museos, que, en la medida de sus posibilidades, los conservan y dan a conocer. Sin embargo, la mayoría del fondo arqueológico permanece almacenado. Sin nadie que lo estudie -con la excepción de materiales que en un determinado momento interesan a investigadores- y, por tanto, sin que se pueda extraer de él conocimiento.

La mayoría del material está en la antigua cárcel de Lugo, en el Museo Provincial, en el Museo de Viladonga y en un almacén externo, situado en la capital, al que la Xunta tuvo que recurrir en 2013, tras agotar el espacio de los centros. De su gestión se ocupa el personal de Viladonga, responsable de custodiar todos los hallazgos de la provincia desde 2005. El material se recibe inventariado y con una memoria y un arqueólogo se ocupa de asegurar unas buenas condiciones de almacenaje, de catalogar las piezas en la base de datos de los museos de la Red Digital de Colecciones de Museos de España (Cer.es) y de mejorar la descripción de las más singulares.

El local también dispone de un espacio para trabajo de los investigadores, infrautilizado porque las líneas de financiación para el estudio son prácticamente inexistentes. Generalmente están vinculadas a la universidad y a la realización de tesis, pero también estas han descendido. Y las partidas que tanto administraciones públicas como promotores privados destinan a las intervenciones arqueológicas son tan ajustadas que normalmente no cubren la gran inversión, sobre todo de tiempo, que suele conllevar el estudio del material recuperado.

El centro de la romanización que la Xunta anunció hace una década, aplazado sin fecha, estaría llamado a cumplir esa función de investigación. Al igual que el resto de parques arqueológicos gallegos anunciados en ese momento, no solo estaba concebido como centro expositivo. De los cuatro previstos se materializaron dos -el de arte rupestre de Campo Lameiro y el castrexo de San Cibrao de Las- aunque, a la hora de la verdad, en ninguno la vertiente investigadora tiene el peso que cabría esperar.

La necesidad de un centro arqueológico que no solo exponga, sino que estudie y divulgue el patrimonio arqueológico lucense es una demanda unánime de los profesionales, desde arqueólogos y museólogos, y también de muchos ciudadanos y colectivos, aunque la reivindicación no siempre es fuerte y pública. "Hai estadistas que sosteñen que o espazo que ten que ocupar a chamada zona de reserva ten que ser maior cá expositiva", señala la directora del Museo Provincial, Aurelia Balseiro. «As exposicións teñen o contrapunto de que as pezas están inertes e de que ás veces sofren, polo que é tan importante ter espazo para conservalas (limpalas, telas en condicións de temperatura e humidade axeitadas e restauralas se fai falta) e para estudalas. Pero para iso precísase, ademais de espazo, programas, medios técnicos e profesionais», recalca.

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