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Los lucenses de Mauthausen

Aurelio Díaz. EP
Aurelio Díaz. EP
Veinte lucenses que murieron en campos nazis podrán ser inscritos como fallecidos en el Registro Civil tras una lista publicada por el BOE

La lista de españoles fallecidos en campos de concentración nazis, publicada este viernes por el Boletín Oficial del Estado (BOE), no le aportó nada nuevo a Encarna Díaz, sobrina e hija de dos deportados de Mosteiro-Outeiro de Rei, Victorino y Aurelio (el primero, muerto en el campo de Gusen, y el segundo, liberado en Mauthausen con el resto de prisioneros el 5 de mayo de 1945.

Esta mujer, que ronda los 80 años, retornó hace una década a España, después de prácticamente toda una vida hecha en Francia, con las cenizas de su padre, Aurelio, para enterrarlas en Lugo, a donde vino acompañada por unos amigos del país vecino dado que no encontraba españoles con los que despedir a su padre. De su tío Victorino, fallecido en el campo de Gusen, no le quedaron ni las cenizas.

La relación de nombres del BOE es, para Encarna, un pequeño indicador de que, por fin, España comienza a reconocer a las víctimas del franquismo y, posteriormente, del nazismo. Pero, según ella, aún queda mucho por hacer.

La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica trabaja para esclarecer dos casos más en Lugo

"Por fin, se despierta la gente. Contenta con la lista del BOE no estoy, preferiría no haber vivido lo que viví. Lo que sí me siento es decepcionada con los gobiernos españoles a lo largo de todo este tiempo. Hay todavía mucho trabajo por hacer. No se trata de publicar las listas, hay que hablar de lo que pasó, que se digan las cosas. En Francia, en cuanto decía que era hija de un deportado español, había un respeto. Aquí eso no existe. Hay ignorancia, desprecio por todas las víctimas y yo siento rabia en el corazón. Me dicen: "Deja eso, que es cosa del pasado". Algunos aún me llaman "la hija del rojo". Los españoles no quieren pensar en lo que sucedió y yo, desde que llegué aquí, lo vivo con amargura", afirma.

Victorino y Aurelio Díaz se marcharon a Barcelona antes del estallido de la Guerra Civil. Aurelio, el padre de Encarna, era guardia de asalto de la República y fue destinado allí. Con él, se llevó a su hermano, de solo 20 años. Tras ganar Franco la guerra, se vieron obligados a cruzar la frontera a Francia, buscando refugio en ese país. Posteriormente, fueron captados por los nazis cuando invadieron Francia. Los dos hermanos se encontraron en Mauthausen, pero su destino fue muy diferente. En España quedaba su mujer, embarazada de una hija de la que tuvo conocimiento una vez liberado.

"Al salir pesaba 45 kilos pero empezó a escribir a la familia. Yo vivía en A Coruña, a donde se había trasladado mi madre desde Barcelona para huir de las bombas. Al año de nacer, se murió. Cuando mi padre se enteró, pagó a unos acompañantes clandestinos con los que crucé la frontera para irme con él a Francia. Así fue cómo lo conocí, con 11 años", confiesa esta mujer.

Encarna y su padre vivieron como refugiados en el sur de Francia, donde no eran los únicos. "Grenoble, Burdeos y Toulouse están llenos de españoles. Los pobres se quedaron cerca de la frontera porque pensaron que Franco no iba a durar tanto. Desgraciadamente, la mayoría no la pasaron vivos", señala.

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