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Liñares: "Me sentía un trapo, fueron 96 horas de amenazas y de coacciones"

Liñares entra en la Audiencia para asistir a la última sesión del juicio. SEBAS SENANDE
Liñares entra en la Audiencia para asistir a la última sesión del juicio. SEBAS SENANDE
El expresidente de la CHMS insiste en que se inventó su confesión y el cobro de sobornos porque estaba "enajenado"

El primer juicio contra Francisco Fernández Liñares derivado de la operación Pokemon quedó este jueves visto para sentencia en la Audiencia Provincial. En esta ocasión, las acusaciones se centraban en su etapa como presidente de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil (CHMS), y junto a él se sentaban nueve empresarios que supuestamente habían sido beneficiarios de sus adjudicaciones a cambio de miles de euros en sobornos. Ocho de ellos confesaron los pagos y solo uno mantuvo su inocencia.

Ninguno de los nueve tuvo nada que decir al final de la vista. Sin embargo, Liñares, fiel a sí mismo, no podía dejar pasar la ocasión de su derecho a la última palabra para tratar de aclarar al tribunal algunos hechos. Liñares se centró en la confesión que le tomaron dos agentes de Vigilancia Aduanera una noche en un bar de Santa Comba cuando volvían de un registro. En la misma, reconocía haber cobrado diversas cantidades como mordidas y daba nombres de empresas y cifras. Es su única declaración autoinculpatoria que figura en el caso después de que la Audiencia declarara nulas las cuatro que realizó en el juzgado, por lo que ha cobrado una especial relevancia durante todo el juicio.

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"Tenga o no tenga valor, el escrito de Santa Comba planeó durante todo el plenario", comenzó su discurso el exconcejal socialista, que continuó: "No deseo a nadie que sufra en sus carnes la experiencia que yo sufrí. Fueron 96 horas de presiones, amenazas y coacciones. De vuelta de Dumbría, paramos en Santa Comba y, tras diversas amenazas, me pusieron un lista de empresas delante y me obligaron a poner unas cantidades, que yo me inventé después de estar sin dormir, sin tomar la medicación para la diabetes y cuando me sentía un trapo, aunque la mayor parte del tiempo no me sentía ni nunca me sentí persona".

Pero pretendía con ello tanto dar lástima como apuntalar sus argumentos de defensa, como si fuera su propio abogado: "Pero la sorpresa mía, y la experiencia de la sala me ha hecho pensar en esto", dijo, "es que esas mismas cantidades, copiadas literalmente, son las que tiene el ministerio fiscal como escrito acusatorio. Pocas pruebas contundentes puede haber cuando hay que copiar literalmente las cifras que yo, absolutamente enajenado, puse en Santa Comba".

Antes se habían escuchado las peticiones definitivas del fiscal, que para él no variaron: cinco años de prisión, 9.000 euros de multa y 20 años de inhabilitación por los delitos continuados de prevaricación y cohecho. Para los ocho empresarios que confesaron haber pagado a Liñares tras llegar a un acuerdo con la Fiscalía, la petición bajó a 15 meses de prisión, 2.520 euros de multa, inhabilitación de tres años y medio y prohibición de contratar con entes públicos durante un año y nueve meses. Para uno de ellos, por su situación económica, la multa es de la mitad.

Por último, para el único de los empresarios que no aceptó el pacto, el fiscal se vio obligado a reconocerle la atenuante de dilaciones indebidas y a retirarle los delitos continuados y solicitó para él la mínima pena posible: tres años de prisión, 6.750 euros de multa, inhabilitación de 9 años y otros cinco de prohibición para contratos o ayudas públicas.

TESTIGOS

Su chófer en la CHMS dice que no pudo sacar la plaza de policía local de Lugo "porque no pagué"

Uno de los testigos más esperados en la sesión de este jueves era el chófer que mantuvo Liñares mientras era presidente de la CHMS. Se trata de un lucense al que conoció cuando era policía local interino en Lugo y que no consiguió aprobar el examen para la plaza fija. Fue el propio Liñares el que le ofreció el puesto de conductor, aunque su contrato y el C5 que usaba se cargaban a la consultora de ingeniería que llevaba la dirección de obras de la mayor parte de los contratos de la Confederación.

El chófer confirmó todos los extremos y habló de sus particulares desplazamientos, como llevarle marisco hasta Barcelona a un director general, pero sobre todo sorprendió cuando su testimonio ya había finalizado. Antes de levantarse, pidió permiso al tribunal para hablar y dijo: "Me presenté a las plazas fijas de policía y fui el primero en quedar fuera. Creo que me suspendieron por no pagar".

También testificó Ignacio Maestro, actual director xeral de Mobilidade y jefe de obras durante la etapa de Liñares en la CHMS. Fue también quien encargó el coche y el chófer a la consultora, pero aseguró que no había nada raro en ello porque estaba incluido en el contrato. Además, al igual que otros miembros de la mesas de adjudicación que declararon este jueves, afirmó que nunca habían recibido presión de Liñares para ninguna adjudicación.

INGENIEROS. La versión sobre el coche de Liñares también fue corroborada por dos de los directivos de la empresa de ingeniería que pagaba los gastos. Se trataba de un vehículo y un personal que consideraban incluido en el contrato y no apreciaron nada raro. Para qué se utilizase luego el coche o si se usaba para desplazamientos personales era algo que ellos no podían controlar.

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