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Las entrañas del proceso: Liñares, genio y figura

Liñares, junto al acusado que negó haber pagado nada y dos abogados a la puerta de la Audiencia. XESÚS PONTE
Liñares, junto al acusado que negó haber pagado nada y dos abogados a la puerta de la Audiencia. XESÚS PONTE
El principal acusado se sentó junto a su abogado, tomó notas de manera constante y convirtió su declaración en una conferencia sobre procedimientos

Francisco Félix Fernández Liñares llegó a la Audiencia con el mismo aplomo que si fuera a uno de los plenos del Concello cuando era concejal o a la inauguración de una obra cuando presidía la CHMS. Algo más delgado que en su última aparición pública y con el mismo estilo sobrio de funcionario gris de Grupo A, un pin del Colegio de Economistas en la solapa fue la única concesión que se permitió.

A los numerosos periodistas que le esperaban les comentó que estaba "esperanzado" porque creía que "la estrategia de defensa es sólida". Ya jubilado y dedicado a cuidar sus árboles y a estudiar "la propiedad del monte comunal en la Costa da Morte", no se le vio un mal gesto mientras esperaba junto al resto de inculpados, que momentos después lo iban a despellejar.

Ver: Los empresarios corroboran los pagos a Liñares

Lo hicieron, además, delante de sus ojos, a apenas un par de metros, ya que su abogado pidió que abandonara la doble fila de acusados y se sentara a su lado durante los interrogatorios, siguiendo la pauta que se marcó durante el macrojuicio a los presos del Proceso catalán.

El tribunal permitió que Liñares no se sentara con los otros acusados, sino en una silla junto a su abogado

Liñares los miraba con fijeza y, fiel a su hábito, iba tomando notas de todo, algo que no dejó de hacer ni en su propio interrogatorio. Y es que hay costumbres que no se pierden, aunque, como esta de anotar y guardar todo, le haya causado problemas durante la instrucción del caso, cuando fueron hallados en sus casas documentos que la Fiscalía está utilizando como comprometedores.

A pesar de la abundancia de abogados, el peso de la jornada recayó casi en exclusiva en el suyo, Evaristo Nogueira, y en el fiscal, José Luis Álvarez, un lucense de adopción que a pesar de su integración a veces no puede evitar su contrariedad cuando en el estrado se sienta el ser gallego en esencia y en tópico, como le pasa a Rafael Estévez, el ayudante maño e impetuoso del comisario Leo Caldas en los libros de Domingo Villar.

El tópico del gallego se vio en muchos momentos entre los acusados, con respuestas imprecisas y evasivas

Este lunes hubo momentos en que los interrogatorios parecían no avanzar hacia ningún sitio, y eso que estaban casi pactados: respuestas a preguntas que no se habían hecho, largas cambiadas con un "pues será", abundantes "de eso no me recuerdo" en personas que hasta entonces no habían mostrado problemas de memoria o imprecisiones como "yo creo que tanto dinero como dice usted no le di. No me recuerdo, pero serían 15 o 20.000".

2.000 ÁRBOLES. También Liñares fue fiel a sí mismo. Como ya había hecho en algunos interrogatorios a los que le sometió la jueza Pilar de Lara, gran parte de su declaración fue una especie de conferencia al tribunal sobre procedimientos administrativos. Hasta tuvo la gallardía de aclararle al fiscal que los árboles que la empresa de uno de los acusados había plantado en su finca eran por lo menos 2.000, y no 800 como sostenía la acusación: "Caben unos mil por hectárea, y son dos hectáreas".

En una ocasión, hasta tuvo que ser su propio abogado el que le cortara para pedirle que se centrara en la pregunta que le había hecho. Se centró tanto que cinco o seis minutos después era el presidente del tribunal el que le suplicaba que dejara de hablar.

Salió "contento" porque, en su opinión, "todo ha ido más o menos bien. Los otros han declarado contra mí por el pacto con la Fiscalía, pero habrá que ver dónde llega lo de las nulidades".

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