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El laboratorio de E. coli halla en fauna antártica cepas patógenas humanas

Azucena Mora. EP
Azucena Mora. EP

El grupo de investigación lucense analizó una colección de muestras de mamíferos de la Antártida que nunca antes se había estudiado

LUGO. Investigadores del campus lucense han presentado el primer estudio que prueba la presencia de cepas de E. coli asociadas a humanos en mamíferos antárticos, en concreto en especímenes de foca de Wedell, elefante marino y lobo marino antártico. Los resultados de esta investigación muestran que estos animales marinos, que habitan zonas supuestamente vírgenes y apenas tocadas por la actividad humana, presentan patotipos de E. coli potencialmente patógenes y que con frecuencia están implicados en enfermedades humanas.

La investigación, realizada por el laboratorio de referencia de E. coli del campus lucense y dirigida por Azucena Mora, fue publicada recientemente en la revista Scientific Report. Los científicos lucenses tuvieron acceso a la colección de muestras, tomadas en diferentes campañas en la base antártica Gabriel Castilla, a través del grupo de Sanidad Animal y Zoonosis (Saluvet) de la Universidad Complutense de Madrid. En el proyecto también participan la Fundación Oceanografic de Valencia y la Universidad de Warwick.

El objeto del estudio era analizar el impacto de la actividad humana en la región antártica, derivada fundamentalmente de las bases de investigación científica allí establecidas y de la creciente presencia de turistas. Los estudios realizados hasta ahora se centraban sobre todo en el efecto de las descargas de aguas residuales no tratadas junto a las estaciones de investigación, pero la información sobre presencia de microorganismos asociados a humanos en estos animales era escasa.

En este caso, de 193 muestras fecales se obtuvieron 158 cepas de E. coli. La primera sorpresa que se llevó el grupo lucense fue hallar «una prevalencia elevada de aislamientos de E. coli», explica Azucena Mora, dado que en estudios anteriores, que no eran muchos, se había visto que la presencia era baja salvo en el caso de animales en cautividad o en contacto con poblaciones humanas. El E. coli, explica esta investigadora, «forma parte de la microbiota normal de la mayor parte de los mamíferos de sangre caliente, pero los estudios referenciados decían que no había tanta prevalencia en estos mamíferos cuando no entraban en contacto con áreas de elevada actividad humana».

También les sorprendió que varias cepas de E. coli tuvieran características, genes de virulencia, similares a los E. coli patógenos humanos. Apareció, entre otros, el grupo clonal ST131, que está establecido que es de origen humano y que no esperaban encontrar. Se trata de un grupo clonal pandémico diseminado por todo el mundo, capaz de cargarse de genes de virulencia que hacen daño a nivel del tracto urinario, de sepsis, etc... y que también es capaz de incorporar muchos genes de resistencia, explica Azucena Mora.

El desafío ahora es saber cómo han llegado este tipo de bacterias sin resistencia al intestino de estos animales. Una hipótesis es que se trata de cepas ancestrales que fueron incorporadas hace décadas a su microbiota a través de algún contacto con zonas pobladas, dado que estos mamíferos crían en esas áreas remotas, pero se alimentan más al norte.

Azucena Mora señala que otros estudios hallaron bacterias con genes de resistencia en aguas residuales de las bases científicas antárticas y apunta que la confluencia de ambas circunstancias puede ser preocupante. «Hay que tener cuidado en estas zonas, porque por un lado tenemos animales con bacterias pertenecientes a clones que ya son potencialmente patógenos y con capacidad de diseminarse y, a su vez, se están tirando aguas residuales que contienen bacterias que llevan genes de resistencia y esto puede dar lugar a que emerja un nuevo tipo en el que confluyen genes de virulencia y genes de resistencia», dice.

En la caracterización que realizó el grupo lucense también se hallaron bacterias con resistencia a antibióticos, pero «la buena noticia es que aparecieron en muy bajo número y, además, presentaban resistencias también a un número limitado de antibióticos», indicó Mora.

En la actualidad, la aparición de superbacterias con altas resistencias antibióticas es una cuestión de salud pública muy preocupante, por eso se está haciendo un gran esfuerzo investigador en monitorizar la fauna silvestre, ya que nunca ha sido tratada con la medicina veterinaria y si presentan bacterias con resistencia a antibióticos se debe al efecto de la actividad humana.

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