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La joya romana que Lugo aún desconoce

SANTA EULALIA DE BÓVEDA. Sus pinturas fueron trazadas en el siglo III. Sin embargo, durante doce centurias estuvieron sepultadas bajo la iglesia sin que nadie supiese lo que había allí. Unas obras, en 1914, descubrieron un hoyo en el suelo con acceso al templo romano

ESTAS PIEDRAS y estos pájaros tienen, al menos, dieciocho siglos de antigüedad, pero todavía hoy muy pocos lucenses saben de la existencia de este templo romano, único en el mundo, que conserva unas pinturas espectaculares y que adolece de lo más básico que se le puede dar a un monumento: una buena divulgación institucional (la Xunta no dispone de folletos informativos) y una correcta señalización del lugar por carretera, a solo 2 kilómetros del trazado del Camino Primitivo de Santiago y a unos 15 de la muralla.

No sucede lo mismo con los alemanes, que lo conocen bien e incluso estudian las particularidades de este templo romano en varias universidades, que se encargaron de divulgar un arquitecto, Herald Hanson, y un arqueólogo e historiador altomedieval, Helmut Schlunk. Ambos visitaron Santa Eulalia en los años 30. Allí, Hanson dibujó, en un papel, las pinturas de la cúpula del templo, al ver que estaba hecha añicos. Gracias a estos dibujos se sabe que estas pinturas fueron visitadas y copiadas por artistas asturianos que, entre los siglos VIII y IX, las reprodujeron en la iglesia cristiana de Santullano de los Prados.

Felipe Arias Vila (historiador): "Parece que está illado pero hai un contexto arqueolóxico, cerca hai unha vía romana a Iria Flavia"

Desde entonces, desde el siglo IX, el templo romano de Santa Eulalia permaneció oculto, enterrado bajo otra iglesia cristiana levantada justo encima y los ojos de los lucenses no pudieron volver a ver sus impresionantes ruinas (todavía en buen estado de conservación) hasta que en 1914 el propio cura de la parroquia, José María Penado Rodríguez, descubrió un hoyo en el suelo de la iglesia, durante unas obras. El agujero era un pasadizo hacia el templo romano. «O cura era de Calde e seus pais, cando o destinaron a Santa Eulalia de Bóveda, xa lle advertiran do que podía haber alí, que era o mesmo que se falaba por toda esta zona: ‘Vaste para un sitio onde hai algo soterrado’. O crego quedouse con isto e todos os días collía un pico e unha pa e poñíase a sachar, pero non atopaba nada. Ata que un día, facendo unha obra no cemiterio, atopou un oco no chan, meteuse por alí e atopou o templo romano», explica León Casimiro Montero Feijoo, guía y estudioso del monumento.

Los primeros hallazgos, después de doce siglos, datan de 1914. Sin embargo, la Iglesia no comunicó al Estado este hecho hasta doce años después, en 1926. Desde entonces, el templo romano volvió a ver la luz y sufrió varias restauraciones. Alguna de ellas poco afortunada, como el vaciado y secado del estanque central, que tapió el sistema hidráulico romano y privó a las pinturas de la humedad necesaria para su conservación.

Nicandro Ares (sacerdote e investigador): "Puido ser un monumento funerario porque hai un gravado da Ave Fénix, signo destes monumentos"

«Agora andamos pensando en distintos sistemas para que haxa unha humidade constante do 68 por cento. Unha das últimas ideas é a instalación dun ventilador no teito, a través dunha rexilla, para dotar ás pinturas dese nivel de humidade. Durante un tempo, pensouse que a humidade danaba as pinturas e non é así. Este é un edificio pensado para a auga. Cando se descubriron os restos, o estanque estaba tapado cunhas lápidas de mármore. Algunhas delas parecían flotar e quitáronse. Entón viuse o que había debaixo e descubriuse o estanque. O estanque está sobre un manantial e, ata os anos 70, tiña un sistema de evacuado propio, polo que as augas estaban en constante renovación, pero despois pensouse que a auga podían danar as pinturas e secouse», indica el guía.

León Casimiro Montero cree que este era un sitio de sanación «xa que hai uns gravados de lisiados fóra, no pórtico, e os romanos consideraban que as augas tiñan propiedades curativas».

León Casimiro Montero (guía del monumento): "Era un sitio de sanación xa que hai uns gravados de lisiados e os romanos crían que as augas eran curativas"

Sobre los orígenes del templo nada se sabe, aunque se especula que se pudo levantar en un lugar sagrado celta, no en vano Santa Eulalia de Bóveda está rodeada por nueve castros. «Hai un gravado da ninfa celta Coventina, deusa celta das augas, que representa a fecundidade e que é unha dama deitada cunha ánfora con auga. É probable que a poboación celta de Lugo estivese toda aquí, nestes nove castros, porque Lugo, como cidade, non existiu ata o ano 25 a.C. Cando viñeron os romanos Lugo era un bosque sagrado», explica el guía de Santa Eulalia.

El enigma Prisciliano

Los romanos habrían levantado el templo sobre el lugar sagrado celta, y en una primera fase este pudo ser un ninfeo, un lugar de adoración de las ninfas, diosas de las aguas. «Hai quen di que tamén podería estar aquí soterrado Prisciliano, pero iso non está confirmado», indica el guía.

En la segunda etapa del templo romano, entre los siglos III y IV d.C., se levantaría otra planta sobre el templo, donde -según indica el guía del monumento- se llevaría a cabo un rito de iniciación del cristianismo, el taurobolio. Esto explicaría que la bóveda de cañón estuviese reforzada con ocho columnas, cuando en sí no sería necesario, y que justo debajo, de forma perpendicular, se situase el estanque. Ambas plantas estaban comunicadas por una escalera de caracol. «Este rito consiste en matar un touro, que entraría pola parte de arriba do templo. O seu sangue baixaría polo furado e regaría ao novo cristián, que se bañaría no estanque», afirma el guía.

Enrique Jorge Montenegro (investigador): "Hay fragmentos de un poema, grabados en una lápida de mármol, con una probable atribución funeraria"

Pero lo más llamativo del monumento son las pinturas, que reflejan distintas aves gallináceas procedentes del norte de África, ya conquistado por los romanos, y entre las que se podían ver un faisán que solo hay en Asia Menor, perdices, pavos reales, una oca, un pato, palomas y gallos. «Un turista iraní que veu por aquí díxome que estas imaxes representaban os días da semana no mitraísmo», indica León Casimiro Montero.

Pero, además, el templo de Santa Eulalia cuenta con otra particularidad, que es la presencia de varias inscripciones. «Cabe destacar, entre otras, fragmentos de un poema, de más que probable atribución funeraria, localizado en una lápida marmórea reutilizada como pavimento de la nave central. En todo el noroeste peninsular, solo hay dos manifestaciones epigráficas de este tipo y las dos se localizaron precisamente en la provincia de Lugo. El otro ejemplo se encuentra inscrito en el crismón de Quiroga», afirma otro de los investigadores de Santa Eulalia, Enrique Jorge Montenegro Rúa, que está haciendo una tesis doctoral sobre el monumento en la Universidad Autónoma de Madrid.

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