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Ofensiva en Lugo contra las pintadas que afean muchas zonas urbanas

Un operario de Urbaser en el parque Marcos Cela
Un operario de Urbaser en el parque Marcos Cela
El Concello prueba productos antigrafiti en paredes públicas, pero descarta su uso por el elevado coste que tiene la aplicación

La limpieza de pintadas en paredes y mobiliario público, así como en fachadas privadas previa solicitud de los propietarios, es una de las intervenciones de aseo urbano que entran dentro del contrato que el Concello tiene con Urbaser, pero es fácil poner en duda su cumplimiento a la vista del aspecto que presentan muchas zonas de la ciudad. A punto de expirar el contrato —termina este mes, pero habrá prórroga mientras el Concello no licita otra vez el servicio—, el gobierno ha decidido emprender una ofensiva contra las pintadas y personal de Urbaser se afana estos días en la limpieza de fachadas del entorno de la catedral, en concreto, de la Rúa Clérigos y de la Praza Fernando de Casas Novoa.

El enclave está dentro de la zona de movida nocturna, pero con toda probabilidad las pintadas no se realizan en ese momento, sino cuando el lugar está mucho menos concurrido. De hecho, el hecho de que ese punto concentre muchas pintadas se debe a que incluso en las horas centrales del día apenas es transitado.

A punto de finalizar el contrato, Urbaser se emplea estos días en la limpieza de pintadas en la zona de la catedral



Urbaser también ha actuado recientemente en la Praza Roxa (Fingoi), donde además de limpiar las pintadas que habían sido realizadas en muros de propiedad municipal, la empresa hizo pruebas con productos antigraffiti que protegen las superficies. Impiden que la pintura penetre en los materiales de construcción o se adhiera a ellos, lo que facilita su posterior limpieza.

Hay dos tipos de productos. Los denominados sacrificables y los permanentes. Entre los primeros hay uno que consiste en aplicar una especie de capa de silicona que se puede despegar en caso de que haya sido objeto de pintadas. Los productos permanentes en teoría soportan unas siete eliminaciones de graffitis sin que la pintura resulte dañada. El problema de estos productos es su coste, que oscila entre 100 y 400 euros el metro cuadrado, por lo que, por el momento, el Concello lucense descarta emplearlos, según explica el concejal de desarrollo sostenible, Daniel Piñeiro.

Los graffitis o las burdas pintadas se suelen realizar con aerosoles, ácidos, pinturas plásticas y, en menor medida, con rotuladores porque estos son muy caros. Su eliminación conlleva más o menos tiempo y esfuerzo en función del material de la fachada (pintura, granito, mármol...) y del que se emplea para pintar. Dependiendo de todo esto, los operarios de Urbaser emplean productos y técnicas distintas de limpieza. Es habitual que, después de aplicar otros líquidos, se lave la fachada a presión con una mezcla de agua y arena u otro tipo de granulado, tarea que debe hacerse con cuidado.

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