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Isaura Leal: "El reto es mantener a los que están y que vuelvan los que se fueron"

Isaura Leal Fernández. EP
Isaura Leal Fernández. EP

España, en general, envejece y se vacía y Lugo, en concreto, más. El Gobierno presentará en la próxima primavera las estrategias para combatir esta sangría, su diseño le corresponde a este Comisionado

Aunque nacida en Valencia, hace 59 años, debido a las obligaciones laborales de sus padres, Isaura Leal es lucense por los cuatro costados y ejerce de ello. Sobre su mesilla de noche tiene el libro ‘Otra idea de Galicia’, de Miguel Anxo Murado. Se crió en Sarceda, una pequeña aldea de Montecubeiro, en Castroverde, y veranea en Foz. Siempre que puede regresa a la tierra de sus mayores. Esta licenciada en Derecho, que lleva casi media vida trabajando en la asesoría jurídica de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), es desde hace seis meses la comisionada para el Reto Demográfico. El Gobierno creó este organismo hace dos años a petición de los presidentes autonómicos. Su principal cometido es elaborar una estrategia de políticas públicas para frenar la despoblación, que afecta a más de la mitad del territorio, y contrarrestar el envejecimiento —en 2030 España será el país del mundo con la mayor esperanza de vida, ahora ya encabeza el ránking europeo—.

¿La realidad es tan cruda? ¿El rural puede convertirse en un páramo?
La realidad es muy seria. La Unión Europea marca una ratio de 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado para establecer lo que se considera un territorio en riesgo de despoblación. Aplicada esa ratio a España nos encontraríamos con que prácticamente el 53% del territorio nacional estaría en riesgo demográfico y eso afecta a casi todas las comunidades autónomas —no solo a la España rural—, a unas de una manera más intensa que a otras. El impacto de la crisis económica conlleva un gran movimiento de población en España, sobre todo de jóvenes, que se dirigen a las grandes ciudades en busca de oportunidades, empleo... Es un problema que hay que abordar desde una política de Estado porque hablamos de un modelo territorial y de cohesión social que es en el que hemos convivido los españoles y que puede estar en riesgo si no lo afrontamos de forma efectiva.

Dice usted para ejemplificar el problema que antes iba un abuelo con varios nietos a los parques infantetiles y ahora es un nieto el que va con todos sus ascendientes.
Nosotros que hacemos cartografía demográfica, es decir convertimos en mapas los datos que proporciona el Instituto Nacional de Estadística (Ine), decimos que si hiciéramos un mapa de los parques infantiles nos encontraríamos con que en una buena parte de ellos a un niño a día de hoy le podrían acompañar sus cuatro abuelos y ocho bisabuelos porque los datos de natalidad son los más bajos en España desde la posguerra, desde 1941. Mientras la natalidad es muy baja, la esperanza de vida es muy alta. Por tanto, el tramo de población no ya mayor de 65 años sino de 80 comienza a tener un peso importantísimo en la pirámide de población. A día de hoy en España ya hay 15.000 centenarios, que viven en más de 3.000 municipios. Y no es un problema. Para un país nunca pueden ser un problema sus mayores. Pero esa nueva realidad nos lleva a plantearnos un pacto intergeneracional donde los propios jóvenes vean un oportunidad en la convivencia, los cuidados, la actividad económica y el empleo en torno a los mayores.

A la hora de aprobar reformas legislativas o proyectos hay que incorporar el impacto demográfico que tienen

La provincia de Lugo es un ejemplo de este declive demográfico. Se registra un nacimiento por cada dos muertes y media. El 30% de su población tiene más de 65 años y en la última década ha pérdido 35.000 habitantes.
Es uno de los ejemplos claros. El saldo vegetativo es negativo. Necesariamente el peso de determinados tramos de edad conlleva también el que haya que replantearse el propio diseño de actividad económica, empleo y prestaciones sociales en el cuidado de los mayores, pero también es necesario dar oportunidades para que los jóvenes puedan afrontar su propio proyecto de vida, profesional y familiar. El Ine presentó hace un mes un avance de la encuesta de fecundidad, que no se hacía desde 1999. Cuando le pregunta a las españolas cuántos hijos quieren tener, la mayoría afirma que dos y muchas tres. Y por primera vez se pregunta a los hombres y no difieren tanto. Cuando les preguntan por qué no los tienen, la respuesta va referida al querer y no poder, porque desearían tener más permisos de paternidad y maternidad, condiciones laborales adecuadas, estabilidad en el empleo, que el trabajo no sea precario, vivienda, escuelas infantiles de 0 a 3 años... Son más efectivas las ayudas a la crianza de los hijos que las puntuales al nacimiento, siendo estas necesarias. Países de nuestro entorno han apostado por ese tipo de medidas y han visto recompensada esa apuesta con un incremento en los índices de natalidad, como en Francia o en los países nórdicos.

¿Cuáles son las medidas más urgentes a acometer ya?
No existe una varita mágica ninguna receta única porque no todos los territorios se encuentran en la misma situación ni por los mismos motivos. En unas zonas es más acuciante el relevo generacional y en otras la falta de generación de actividad económica y empleo que ha conllevado que los jóvenes se hayan marchado. Si tuviéramos que hablar de medidas, que tienen que ir acompañadas de garantizar sanidad, educación, transporte público, movilidad, prestaciones económicas, empleo..., podríamos empezar por determinadas herramientas imprescindibles en el siglo XXI como garantizar en todo el territorio y para todas las personas la conectividad, un adecuado acceso a internet y telefonía móvil. También es necesario incorporar medidas que fomenten la reactivación económica de los territorios que están en decadencia para que puedan generar oportunidades de empleo en torno a sus propios recursos (ganadería, agricultura, forestal, patrimonio histórico y cultural...) y la formación adecuada de los jóvenes para que puedan atender a las demandas laborales que se generen en su territorio. Y el tercer pilar que me parece imprescindible es que en un país en el que los riesgos demográficos son tan graves ha llegado el momento de que a la hora de aprobar reformas legislativas o proyectos hay que incorporar el impacto demográfico que tiene esa medida en el territorio y en las personas que viven o deben de volver a vivir en él.

Hay que romper con el estereotipo de que los más preparados se van y los que nos quedamos no tenemos otra cosa mejor

Pero es como la pescadilla que se muerde la cola, las administraciones no dotan de servicios al rural porque se vacía y como carece de ellos no consigue fijar población.
Se genera un círculo perverso. Por eso no solo es imprescindible la implicación de la administración pública, que tiene que ser garante de la prestación de determinados servicios básicos, sino también del sector privado si queremos dar una oportunidad a esos territorios para no dejarlos en un paisaje de abandono, sin perspectiva de futuro. También quizás sea conveniente que dada la coyuntura demográfica que tenemos hagamos un planteamiento de lo que implica una inversión de sostenibilidad social y económica de las personas en el territorio, si lo que queremos es proyectar la defensa de nuestro propio modelo de convivencia, que es el que gira en torno a 8.124 municipios y sus núcleos de población. ¿Usted cree que económica y socialmente un país se puede permitir, como perspectiva de futuro, renunciar a la mitad de su territorio, que es donde se encuentran nuestros recursos naturales, medioambientales, laagricultura, la ganadería, el patrimonio histórico y cultural...? ¿Usted le diría a su familia que a partir de mañana van a vivir en la mitad de la vivienda que tienen?

Se ha demonizado el rural.
Hemos sido generaciones y generaciones a las que nos han dicho estudia y fórmate bien porque así podrás marcharte y encontrar oportunidades.

Esa realidad se vive ahora en ciudades pequeñas como Lugo, endonde los padres aconsejan a sus hijos formarse para marcharse.
Seguimos reproduciendo la mentalidad del "vete que encontrarás mejores oportunidades en otro sitio". Reproducimos el mismo mensaje que recibimos en el pasado, en los años 60, cuando nuestros padres se iban a trabajar a Valencia, Bilbao o Madrid o los gallegos a Alemania, Suiza o Bélgica.

Hemos de favorecer las condiciones para que vuelvan. Es una responsabilidad de país

No se trata solo entonces de imprescindibles medidas educativas, económicas..., sino también de inculcar un sentimiento de orgullo.
Tenemos que romper con ese estereotipo de que los mejores, los más preparados son los que se van y los que nos quedamos es porque no tenemos otra cosa mejor que elegir. Tenemos que romper con esa dinámica de que en las grandes ciudades hay más oportunidades y mejores condiciones de vida y recuperar ese sentimiento de orgullo por lo nuestro. Los gallegos partimos con una cierta ventaja porque el vínculo del arraigo lo seguimos mantenimiento. Con motivo de Todos los Santos nos reunimos toda la familia en la casa de mis abuelos en Sarceda y fuimos a visitar el panteón familiar al cementerio de Montecubeiro. Cuando estábamos allí traían a enterrar a una persona que había fallecido en Madrid. A mí se meocurrió decir es que los gallegos volvemos siempre, aunque sea muertos. El reto es mantener a los que están y que vuelvan los que se fueron. Ahora lo que tenemos que conseguir es que los que están se queden, pero no por resignación sino porque han encontrado la oportunidad de sacar adelante su proyecto de vida y profesional. Y está el plan de retorno del Gobierno del que formo parte, una estrategia de que retornen los jóvenes que se marcharon a trabajar fuera de España por la crisis económica, que vuelvan a donde salieron para sacar adelante en mejores condiciones nuestra tierra, con la formación, el talento, la experiencia que vamos adquiriendo... Porque esa es una segunda sangría.

¿Y se dan las condiciones para que vuelvan?
Hemos de favorecer las condiciones. Esa es una responsabilidad de país, en la que debemos de estar implicadas todas las administraciones públicas. Nos falta desarrollar una cultura de cooperación y de colaboración entre las administraciones y una alianza adecuada entre lo público y lo privado porque para crear empleo y actividad económica no basta con el impulso de los fondos públicos, también hace falta implicar en el territorio a un activo sector económico.

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