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La Iglesia envejece pero descarta que falten curas en Lugo por el veto al matrimonio

Misa crismal en la catedral, con sacerdotes de toda la diócesis. XESÚS PONTE
Misa crismal en la catedral, con sacerdotes de toda la diócesis. XESÚS PONTE
La edad media de los párrocos de la diócesis es de 75 años y el más veterano en ejercicio tiene 91

A sus 88 años, Gerardo Arias López sigue diciendo misa todos los días en la parroquia de San Froilán. Es el decano de los curas de Lugo, pero se le ve aún cargado de energía. Se nota que es feliz con su labor y, en broma, dice que "a veces seré un poco gruñón, pero en general siento que la gente me aprecia".

Su experiencia sirve para ilustrar la de la mayoría de los curas de la diócesis, en la que hay actualmente 195 sacerdotes, de los que 55 están jubilados.

En la ciudad, con parroquias más activas y más población, se concentran bastantes curas jóvenes, pero el clero lucense está envejecido. La edad media es de 75 años, según datos del Obispado. El más veterano en ejercicio tiene 91 años y el más joven 28.

Esa Iglesia envejecida se enfrenta a desafíos de futuro marcados por debates como el de la autorización del matrimonio de los sacerdotes. El asunto ha vuelto a discusión pública al amparo del resquicio que abrieron los obispos de la Amazonía y que el Papa acaba de cerrar, liquidando una opción que no se planteaba para toda la Iglesia pero que en algunos sectores se veía como una oportunidad para abrir un proceso de cambio y de revitalización.

Irimia cree que se impone el conservadurismo al cerrar el Papa la puerta al matrimonio para los curas de la Amazonía

Mario Vázquez Carballo, vicario general de la diócesis, no leyó aún el documento del Papa y no se pronuncia sobre la decisión, pero sí cree que el celibato no es la razón por la que faltan curas. "En las iglesias protestantes y en la ortodoxa, los sacerdotes se casan y, sin embargo, sufren también crisis de vocaciones", advierte.

Es una apreciación con la que coinciden otros sacerdotes de Lugo, que aseguran que no conocen a nadie que haya renunciado a ser cura por la imposibilidad de casarse y tener una familia. «Es una cuestión de cambio de valores en la sociedad», opina uno.

"La vocación va más allá del celibato opcional, que es un valor por lo que supone de entrega incondicional a los demás, aunque implique sacrificios", apunta el vicario general de la diócesis.

Que se cierre la puerta al matrimonio de los curas sí es un factor de desencanto para movimientos cristianos de base como Irimia, dice Valentín Arias, que señala que "a traxectoria do Papa facíanos concebir unha esperanza de apertura". Destaca que el matrimonio de los sacerdotes no es "un obstáculo bíblico" y dice que la impresión es que se impone un conservadurismo ajeno al espíritu de Cristo y que frena posibilidades que ya abría el concilio Vaticano II. Apunta también al "incomprensible" hecho de que siga cerrado el debate sobre el acceso de las mujeres al sacerdocio.

La crisis se vive en iglesias que permiten casarse a sus sacerdotes, como las protestantes y la ortodoxa

Más allá del debate está la realidad de una iglesia que cada vez tiene menos curas. En los últimos años, la diócesis ha reorganizado su estructura en unidades parroquiales para garantizar los servicios religiosos.

Es una reorganización adaptada sobre todo a la realidad de la despoblación de las zonas rurales, dice Vázquez Carballo. Asegura que los fieles se van adaptando a ese modelo, aunque apunta que el modelo se consolida "en unas zonas mejor que en otras".

Lo importante, dice, es que no se cierran iglesias mientras queda población y que los templos se conservan y se hacen esfuerzos por mantener actividad en todos.

En la provincia hay sacerdotes que comparten los retos planteados por los obispos de la Amazonía y también algunos que dejaron el sacerdocio y se casaron. En algunos casos, esos curas casados siguen colaborando activamente en las parroquias, aseguran en el Obispado. Otros, como Germán Arias, dicen que no hubieran querido una vida distinta a la que han tenido como curas.

Diez seminaristas y dos diáconos
En Lugo hay actualmente diez seminaristas y dos diáconos próximos a ordenarse, explica Mario Vázquez Carballo.

En la ciudad conviven dos seminarios y es en el misionero, que funciona en colaboración con el movimiento neocatecumenal, donde se forman más jóvenes para el sacerdocio. Alguno de ellos es gallego, pero los hay también procedentes de otros puntos de España y de países como Brasil o Venezuela. Se forman en Lugo y será aquí, en principio, donde ejercerán el sacerdocio.

CAÍDA HISTÓRICA. El número actual de seminaristas es relativamente alto en relación a años atrás, pero está muy lejos, por ejemplo, de lo que ocurría cuando se formaba Gerardo Arias. Recuerda que en sus tiempos había unos 700 alumnos entre el seminario mayor y el menor y que 1957 se ordenaron 23 curas «y eso que el nuestro era de los cursos más pequeños», rememora.

DE CARA AL FUTURO.  "El número de curas en Lugo es suficiente en cuanto a población, no en cuanto a parroquias", dice un sacerdote de Lugo y Mario Vázquez Carballo dice que, de cara al futuro, la clave será la evolución de las zonas rurales. Lo previsible es que con uno o dos sacerdotes por municipio sea suficiente "para atender al pueblo de Dios", dice.

La realidad es que también hay poca población por sacerdote y parte de esa población vive ajena a la religión y una muestra es el número de bodas civiles y religiosas.

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