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La historia del huracán sin nombre que barrió Lugo en febrero de 1972

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Portada de El Progreso tres días después del huracán, dando cuenta de las consecuencias. EP
Hace casi medio siglo un temporal de lluvia y viento a 170 kilómetros por hora dejó un muerto y veinte heridos graves en la provincia

Ocurrió en los tiempos en que a los temporales todavía no se les ponía nombre. Sin embargo, su recuerdo permaneció en la memoria de los lucenses que aquella fatídica tarde huracanada del 5 de febrero de 1972 vieron cómo un vendaval con vientos de 170 kilómetros por hora echaba por los suelos tejados, árboles, naves de granjas, antenas, chimeneas y cercados provocando, además, derribos de tendidos telefónicos y eléctricos que dejaron incomunicada la capital y una gran parte de la provincia. El ciclón también dejó sin periódico a los lucenses, quienes vieron cómo -por primera vez en casi 70 años, entre los que se incluye la Guerra Civil- no se publicó El Progreso.

El temporal dejó un fallecido, un vecino de A Piringalla de 41 años. Este hombre había subido al tejado de su casa para arreglar los desperfectos del viento y, debido al mal estado de las tejas, cayó al vacío.

Los daños económicos en todos los sectores fueron cuantiosos. Solo una estimación de la Hermandad de Agricultores y Ganaderos cifraba el perjuicio en unos 10 millones de pesetas, pero El Progreso publicaba que eran de cientos de millones de pesetas.

Un muerto y una veintena de heridos -muchos de ellos graves- dan cuenta de los destrozos provocados por los fuertes vientos, a los que se unieron también la lluvia y la nieve, cuyo espesor llegó a los cinco metros de altura en Os Ancares donde casi quedó incomunicado un grupo de estudiantes compostelanos. Estos regresaban de un fin de semana en el albergue y tardaron diez horas más de lo previsto en llegar a Lugo al tener que apartar a mano y en medio de la nieve el gran número de árboles caídos con los que se encontraron en la carretera.

También en A Gañidoira quedaron abandonados seis coches y sus pasajeros tuvieron que echarse a caminar a causa de la nevada.

En A Mariña, los efectos del huracán sin nombre -que se extendió a Asturias, el País Vasco e incluso Canarias- provocaron el hundimiento de una embarcación sin tripulantes, la llamada Marina II, en Viveiro, que volcó en el puente de A Misericordia. Y en Celeiro, un total de 35 barcos, con sus respectivas tripulaciones, estuvieron toda esa noche, del 5 al 6 de febrero de 1972, dando vueltas en torno a la playa de Covas dado que el fuerte oleaje que había podría hacer volcar los pesqueros en el puerto, por lo que se optó por no atracar.

La fama de los temporales fuertes en Lugo se la llevó Hortensia, que puso en peligro varias barracas del San Froilán de 1984, pero peores fueron los efectos de Klaus, que pasó hace doce años con vientos de casi 200 kilómetros hora que dejaron un fallecido en A Mariña. Varias décadas atrás, en los carnavales de 1941, Lugo sufrió otro temporal.

"Aquella noche la gente se asustó mucho", contaba en 1972 El Progreso, pero su resaca fue más llevadera que los que todavía faltaban por llegar.

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