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"Hubo parejas que acabaron en divorcio porque sus hijos no querían volver a Marruecos"

Driss Kharrubi, presidente del colectivo Musulamanes Amei. VICTORIA RODRÍGUEZ
Driss Kharrubi, presidente del colectivo Musulamanes Amei. VICTORIA RODRÍGUEZ
Las 600 familias musulmanas asentadas en Lugo finalizaron esta semana su segundo ramadán en pandemia, que se vivió con restricción de aforos en las mezquitas

Cuando llegó a Lugo, hace siete años, confiesa que todo el mundo lo miraba raro por su barba larga y su chilaba. Driss Kharroubi vino para ser carnicero y se quedó de imán de la mezquita Ennour (La Luz), ubicada en la calle Mar Cantábrico y en la que solo se permite la entrada a hombres. Antes, Driss Kharroubi —que también estudió para topógrafo y auxiliar de geriatría— fue guardia en Marruecos pero su profesión no le gustaba e hizo lo mismo que otros muchos jóvenes: se vino a España en busca de una vida mejor. Vivió en Málaga y en Lleida antes de llegar a Lugo.

Ahora ya no es imán. Dejó de serlo para trabajar para una exportadora de carne de ternera, cordero y cabra a Arabia Saudí y otros países del Golfo. Driss Kharroubi era el supervisor del sacrificio halal de los animales.

Actualmente, está en el paro. Con 40 y pocos años y una familia, espera encontrar otro trabajo. Mientras tanto, preside la Asociación Magrebí Española para a Integración e a Solidariedade, Amei, que agrupa a familias musulmanas asentadas en Lugo.

¿Qué fue lo que le llevó a coger las maletas, dejar su país y venirse a España como inmigrante?

Fue lo mismo que hacían, en aquella época, todos los jóvenes de 22 años. En Marruecos, por mucho que trabajes nunca llegas a ahorrar y España era el sueño de los jóvenes.

¿Y fue el sueño, realmente?

Sí, merece la pena venir. Aunque, como inmigrantes, pierdes muchas cosas de tu país. Tengo un hermano que hace seis años que no veo, Ahora, con la pandemia, tampoco puedes estar al lado de la gente que enferma. Al final, los inmigrantes estamos divididos entre dos países.

"Tenemos niños con problemas en el colegio porque en casa se habla árabe y solo hablan español en clase"

¿Cuántos de los inmigrantes musulmanes que llegan a Lugo se vuelven, con el tiempo, a su país?

Todos los que venimos, venimos con la idea de volver. Pero hay un problema: tus hijos nacen aquí, se crian aquí y estudian aquí. Hacen sus raíces aquí. Así que no es fácil volver con ellos. Muchos de los que se fueron no aguantaron en Marruecos ni un año ni dos. Es otra cultura totalmente distinta, ajena a ellos. De hecho, hubo parejas que llegaron a divorciarse por esto, porque uno quería tener los hijos en Marruecos a contragusto y otro quería volver a España con ellos. Esa situación se da mucho.

¿Hay muchas familias musulmanas asentadas en Lugo?

Unas 600.

¿De qué países proceden?

De Argelia, Marruecos, Siria, Palestina, Ghana, Senegal y Mali. La mayoría son de Marruecos, de la zona de Casablanca.

¿Sube o baja la inmigración musulmana que llega a Lugo?

Ahora mismo, están volviendo muchos de los que se marcharon hace un tiempo.

¿Saben español los que llegan?

No, casi ninguno. Y lo que es peor: tenemos niños con problemas en el colegio porque en casa se ve la tele en árabe y se habla en árabe y solo hablan español en clase.

¿Hubo casos de mujeres lucenses convertidas al islam para casarse con un hombre musulmán?

Sí, hubo ya, al menos y que yo sepa, tres casos.

¿Les afectó mucho la pandemia?

Sí porque el 60 por ciento de los inmigrantes musulmanes en Lugo son vendedores ambulantes y trabajan en mercadillos y hasta hace poco estaban muy limitados. También es verdad que no me gustaría ver tantos feriantes, me gustaría ver médicos, ingenieros y funcionarios. Me gustaría que la inmigración musulmana diese algo a este país, que tanto le dio.

¿Cómo vivieron este nuevo Ramadán en pandemia?

Un poco mejor que el año pasado, que estábamos confinados, pero con límite de aforo en la mezquita y marcas en las alfombras de rezo para marcar distancias.

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