Los hogares en Lugo con una persona son más que los de tres o los de cuatro

El envejecimiento y la despoblación agudizan un problema que cada vez afecta a más personas mayores, la soledad no deseada, un fenómeno que se extiende hacia las ciudades
Una mujer y su perra salen a la ventana para combatir la soledad del aislamiento. ÁLVARO CABALLERO (EFE)
photo_camera Una mujer y su perra salen a la ventana para combatir la soledad . ÁLVARO CABALLERO (EFE)

La evolución negativa de la pirámide poblacional hace tiempo que en Lugo ha tomado forma de problema de los serios. El desfase sostenido entre nacimientos y fallecimientos no solo arrastra a la provincia a una pérdida de población y a un despoblamiento irrefrenables, sino que el envejecimiento que conlleva plantea nuevos retos, como el fenómeno de la soledad. Según los últimos datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), en la provincia hay ya más hogares compuestos por una sola persona que los compuestos por tres o por cuatro.

El IGE cifra en 29.920 los hogares lucenses que a 31 de diciembre de 2022 contaban con una sola persona, en su inmensa mayoría mayores de 65 años. Suponen el 22,98% de todos los hogares de la provincia. Las casas en las que vivían tres, por ejemplo, eran de 28.307 (21,7%), mientras que cuatro solo habitaban el 14,4% de los hogares, 18.773. La tipología de hogar más común en la provincia es el de dos personas: son 46.247, el 35,52%.

Los datos reflejan además otra cara del fenómeno: la progresiva tendencia a que las personas mayores de 65 años que viven solas se concentren en las ciudades, cuando antes eran las áreas puramente rurales las que presentaban los números más altos.

En 2007, el último año de consulta que permite IGE, el mayor porcentaje de hogares de personas de más de 65 años se situaba en los concellos de menos de 10.000 habitantes: eran el 44% del total, 89.227. Por el contrario, en esa misma fecha los concellos gallegos de más de 50.000 habitantes contabilizaban 63.934, que suponían 31,5%. Ahora la situación se ha volteado: las zonas urbanas contabilizan 92.391 de esos hogares de personas mayores (un 36,3%), mientras que las áreas más puramente rurales han perdido once puntos, hasta los 86.151.

TAMBIÉN EN COMPAÑÍA. Pero es que fenómenos como la soledad no deseada no pueden circunscribirse en sentido estricto a personas que viven solas, sino que puede afectar también a aquellas que viviendo en compañía carecen sin embargo de una red social y de comunicación adecuada. Tampoco se puede olvidar que en estos momentos en la provincia de Lugo hay 53.139 personas que viven en domicilios en los que todos sus habitantes tienen más de 65 años.

Todo esto no significa ni que toda soledad sea no deseada ni que la soledad no deseada afecte exclusivamente a personas mayores, pero sí son ellas las que la sufren en mayor número y de manera más dañina. En el reverso del problema se encuentran además otros aspectos mucho más positivos, como el hecho de que el aumento de la población de edad avanzada es el efecto de un aumento de la esperanza de vida gracias a una mejor sanidad, mejor alimentación y al cuidado de la salud en general.

Pero eso, advierten los expertos, implica que hay que evolucionar hacia otros modos de tratar el envejecimiento, de cubrir unas necesidades y cuidados que aseguren una mejor calidad de vida. Es en este marco en el que se quiere llamar la atención sobre la soledad no buscada, que el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada define como "la experiencia personal negativa en la que el individuo tiene la necesidad de comunicarse con otros y percibe carencias en sus relaciones sociales, bien sea porque tienen menos relación de la que le gustaría o porque las relaciones que tiene no le ofrecen el apoyo emocional que desea".

No siendo exclusiva, sí que todos los estudios demuestran que es más probable en las personas de edad avanzada. Entre las razones que se citan, por ejemplo, en el informe Clic contra la soledad no deseada de la Fundación Esplai, destaca "la llegada de la jubilación y, por lo tanto, la finalización de la vida laboralmente activa, que, en muchas ocasiones, viene unida también con la finalización de actividades sociales. A esto se une la concepción social capitalista de la vejez como un sector de la población que al finalizar su actividad laboral ya no aporta a la sociedad".

"El tamaño del hogar", prosigue, "es otro de los determinantes más relevantes, lo cual, además, está muy vinculado con la edad. Un hogar unipersonal se expone con más intensidad a situaciones de soledad".

Dos entornos con particularidades

La Fundación Esplai, con la financiación de la Xunta, publicó recientemente un informe sobre el problema de la soledad no deseada en Galicia. En dicho texto sitúa como "determinante" el entorno de residencia rural-urbano.

"En términos de socialización el ámbito rural puede mostrar ventajas (mayor cercanía y cuidados entre vecinos), pero supone muchas veces una distancia con la familia, que emigró a zonas urbanas, y menor acceso a actividades, gestiones o coberturas de las necesidades, por ejemplo, de salud".

En el extremo urbano, "nos encontramos con la población mayor residente en urbes. En este caso, tienen acceso a los servicios de cobertura de sus necesidades y en algunos casos también tienen la familia cerca. Sin embargo, la vida cada vez más individualista de las ciudades convierte el entorno en un espacio más frío".

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