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"No hizo dieta, ni más ejercicio. Solo aprendimos todos a comer más sano"

Una comida equilibrada. EP
Una comida equilibrada. EP
Una familia lucense cambia de hábitos alimentarios y logra que su hija, de 11 años, baje cuatro tallas sin dietas de adelgazamiento

En casa de Liliana —nombre ficticio con el que prefiere identificarse esta niña lucense de 11 años— se come ahora de otra manera. Hace solo cinco meses, las cenas se hacían con pizza, empanadillas, embutidos o hamburguesas bañadas en salsa de tomate o mostaza. La verdura que comía era —dice Liliana— "microscópica" y la fruta apenas se dejaba ver en la mesa. Al final, los alimentos que imperaban eran los procesados, de elaboración industrial.

Aunque a mediodía comía en el colegio —donde el menú es equilibrado—, Liliana fue engordando paulatinamente desde los 6 años sin caer en la obesidad, pero sí en el sobrepeso. En julio pasado, su madre y su abuela pensaron que había que tomar medidas para que la niña no engordase más y, además de llevarla a un endocrino, fueron también a la consulta de la dietista y nutricionista Ángeles Novo, que diseñó un cambio de hábitos para toda la familia.

"No hizo dieta, ni más ejercicio. Solo aprendimos todos a comer sano. Dejamos los procesados, comenzamos a mirar los ingredientes de las etiquetas y respetamos las proporciones del plato, que son la mitad de verduras, un cuarto de proteínas y otro cuarto, de hidratos. Así logró bajar cuatro tallas desde julio. El peso es el mismo, pero creció diecinueve centímetros y los kilos se repartieron por todo el cuerpo, con lo cual está más estilizada. Los niños no se pueden poner a dieta porque corren el riesgo de caer en un trastorno alimentario, pero sí se les puede enseñar a comer sano", afirma la madre de Liliana, María, que también prefiere preservar su identidad.

CAMBIO. Liliana es sincera. "Fácil esto no fue", afirma. Y pone ejemplos: "Tuve que dejar las golosinas ", dice. "Bueno, las puedes comer un día a la semana", replica la madre. A cambio, aprendió a incorporar la fruta en su dieta. "Ahora como un caqui y dos plátanos al día", apunta Liliana.

El cambio de hábitos no fue solo para ella. Sus padres también comen ahora distinto. María reconoce que, en el fondo, es una cuestión educacional. "A mi marido le gusta la comida procesada. De ahí que la niña comiese así. Espero que ahora siga con una alimentación sana por lo menos hasta que sea adulta", cuenta la madre. Liliana bajó de talla pero también descubrió sabores. "Ahora hay verduras que me gustan como las berzas y el repollo y descubrimos recetas muy ricas como las berenjenas rellenas de carne. Me encantan " , dice .

"No hizo dieta, ni más ejercicio. Solo aprendimos todos a comer más...
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