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El hambre que arrasó Lugo hace un siglo

El Progreso, 1918, titular de portada: «Lugo siente las torturas del hambre». De subtítulo: «Lucenses, tened calma para mantener vuestros derechos sin mancillar vuestra honradez». Era una llamada a la cordura ante la revuelta popular por el hambre que sufría la mayoría de la población. Un libro recupera ahora aquellos hechos

El HAMBRE sacó a los lucenses de sus casas la noche del 26 de agosto de 1918. La falta de alimentos llevó a un tumulto de gente a asaltar almacenes para combatir la miseria en la que se habían convertido sus vidas. El Progreso destacaba en portada y a cinco columnas las «jornadas tristes» derivadas de esa revuelta en la que, como decía el titular, «Lugo siente las torturas del hambre». Estos hechos son recogidos por Francisco Rodríguez Sánchez y Xosé Ramón Ermida Meilán en el libro A rebeldía galega contra a inxustiza, que será presentado el miércoles, a las siete, en la librería Trama, dentro de un acto organizado por la Federación Rural Galega, Fruga.

El cuadro Fame en Lugo, pintado por Xesús Rodríguez Corredoira en 1910 y que acaba de recibir el Museo Provincial, como donación de la colección de Álvaro Gil, retrataba, ocho años antes de estas revueltas, las caras famélicas de los lucenses ante el cubo de A Mosqueira deformado como una espectral cara con ojos y una gran boca por donde sale la procesión. El pintor acompañó la obra, entonces, de esta inscripción: «Dise que a fame perseguía ao pobo ata ese día santo da misión». Una misión que, según explica María Quiroga Rodríguez, del departamento de Bellas Artes del Museo Provincial, fue llevada a cabo en 1906 por el obispo Benito Murúa.

Esta obra de Corredoira demuestra que el hambre que sufrían los lucenses, a principios del siglo XX, se declaró varios años antes, ocho al menos. Sin embargo, las protestas se desataron en 1918.

El estudio de Rodríguez y Ermida hace un recorrido por diferentes revueltas populares que hubo en Galicia en la Restauración borbónica, entre 1874 y 1931, y que se saldaron con muertos. Dentro de estas, incluye una revuelta en Toldaos, Láncara, en septiembre de 1912, que finalizó con el fallecimiento de una mujer y varias más heridas por disparos de la Guardia Civil, y los vividos en Lugo entre agosto y diciembre de 1918.

«Os sucesos vividos en Lugo veñen orixinados pola fame, derivada da carestía dos prezos nos artículos de primeira necesidade e da falta de alimentos, que se vendían aos mercados estranxeiros, como consecuencia da alta demanda dos países europeos enfrentados na Primeira Guerra Mundial».

Las primeras protestas tuvieron lugar el 15 de agosto, coincidiendo con la fiesta de la patrona, la Virgen de los Ojos Grandes. «Ese día foron insultadas as autoridades que acudían á procesión».

Este gesto sería el preámbulo de las revueltas, más fuertes, que se desencadenaron a partir del 24 de agosto de 1918. «Ese día, o Centro Obreiro organiza unha asemblea no campo da feria para protestar contra a carestía da vida e faise unha manifestación ata o Goberno Civil, onde se asina un acordo coas autoridades no que se prohíbe a exportación de patacas, trigo, centeo e carne de porco, fixando ademais un prezo mínimo para estes produtos» como fórmula para paliar la escasez.

ASALTOS A COMERCIOS. Sin embargo, el acuerdo suscrito entre los dirigentes obreros y las autoridades no convenció a los manifestantes, que comienzan a asaltar comercios y almacenes como el de Lagarón, en Santo Domingo; el de Delgado y el de Bal Carro, en la Ronda da Muralla; el de Barja, en la rúa Castelao; el de Carro, en la puerta de San Pedro, y en la fábrica de harinas de Pujol, negocio que intentan quemar.

Entre los perjudicados, El Progreso destacaba, el 28 de agosto, el almacén del presidente de la Cámara de Comercio, «que no es acaparador de productos del país, sino importador de artículos castellanos: vino, paja, cebada». Otro «castigado» era Arcadio Casanova, quien ve llevar de su almacén 36 sacos de arroz.

En el comercio de Delgado se instalaron las fuerzas militares. «El aspecto del comercio era espantoso. Habían desaparecido de las estanterías toda la pañería, las zamarras y las zapatillas, dejando en lugar zuecas y alpargatas. Las boinas fueron sustituidas por gorras viejas», contaba el periódico.

Los dueños del establecimiento afirmaron que las pérdidas fueron de 40.000 duros y estuvieron durante dos horas sujetando las puertas y persianas metálicas por dentro. Al cabo de este tiempo, se rindieron y huyeron hacia el tejado «para defenderse a pedradas, deslosando la cubierta».

El Progreso describía así la revuelta: «Daba pena ver desvalijar almacenes de telas por quienes obraban a impulsos de un ensordecedor grito de ¡pan! El espectáculo realizado dentro de los límites de nuestra muralla era horrendo, desde cualquier punto de vista».

Sin embargo, el diario disculpaba al Centro Obrero y a los obreros de la violencia esgrimida en estas revueltas. «No fueron los obreros —y, con satisfacción, lo declaramos— quienes extremaron los desmanes frente a la propiedad ajena. Los obreros no robaron, no se dieron al pillaje, no llevaron a sus pobres hogares jamones mal adquiridos ni lanas arrancadas del cercado ajeno contra la voluntad del dueño. Fue el hambre que Lugo siente quien llevó a la desesperación a los más pobres», afirma el periódico.

La tensión fue máxima en Lugo en las últimas horas del 25 de agosto y la madrugada del día 26, produciéndose enfrentamientos en las calles con números de la Guardia Civil, procediendo en algún caso a cargar montados a caballo y con sables contra los manifestantes.

En este contexto, se producen también intentos de linchamiento contra las fuerzas del orden, como pasó en la plaza de Santo Domingo, delegando las autoridades civiles el control del orden público en manos de los militares. De esta forma, las tropas de Infantería -mandadas por el capitán Ichapas y los tenientes Seoane y Bonet- salen a la calle, tomando poco a poco la ciudad, siendo proclamada a las dos de la madrugada la ley marcial en un bando leído por el teniente Montenegro.

Los sucesos de agosto volverán a repetirse el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, «días nos que se volven a producir novas protestas con asaltos a comercios, enfrentamentos entre os manifestantes e as forzas da orde e a detención de ducias de lugueses por participar nestes actos», explica Ermida.

Las protestas darán comienzo en la mañana del sábado 30 cuando un grupo de vecinos intenta impedir la salida de productos del almacén de Enrique Delgado. A continuación, se convoca la huelga general tras una reunión en el Centro Obrero, de donde salen manifestantes y piquetes.

HERIDOS. Las fuerzas del orden serán contundentes y dispararán contra los manifestantes, que gritaban: «Abajo los acaparadores y ¡viva la República!», produciéndose diversos enfrentamientos violentos en la plaza de Santo Domingo y en la Rúa da Raíña y San Pedro, siendo perseguidos a tiros algunos dirigentes obreros como Francisco López Álvarez.

Las detenciones comienzan el 1 de diciembre y tendrán continuidad a lo largo de la semana, siendo encarcelados y procesados, entre otros, el limpiabotas Manuel Vila, el camarero del Círculo de las Artes Enrique Blanco, el vendedor de periódicos Manuel Varela o dirigentes obreros como Xoán Carballal, Antonio Otero o el hojalatero italiano Víctor Maximiliano.

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