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Hacer parroquia con la moto

Varios de los moteros del club San Antonio Riders, entre ellos el cura Alberto Leiva, a la izquierda, y el vicario del Obispado, Mario Vázquez. SEBAS SENANDE
Varios de los moteros del club San Antonio Riders, entre ellos el cura Alberto Leiva, a la izquierda, y el vicario del Obispado, Mario Vázquez. SEBAS SENANDE
Algunos de ellos no se prodigaban en ir a misa pero tener hijos en la edad de la comunión los arrastró hasta la iglesia todos los domingos y los llevó a formar peña con una afición que compartían todos, incluido el cura: las motos. Así nació el club San Antonio Riders.

En los San Antonio Riders, hay catorce hombres y una mujer. Tres de esos hombres son curas: dos de ellos párrocos de San Antonio —Alberto Leiva Torreiro— y del Sagrado Corazón —Eduardo Funcasta Teijeiro— y el tercero es el segundo de abordo en el Obispado, el vicario, Mario Vázquez Carballo. Todos ellos son moteros desde hace muchos años pero antes no formaban parte de ningún club. Ahora todos son los San Antonio Riders. El motor de esta iniciativa —como de otras muy novedosas en la parroquia, en la que lleva ya doce años— es el cura de San Antonio, Alberto Leiva.

"Os moteiros somos, de sempre, unha especie difícil de evanxelizar pero, por culpa dos nosos rapaces, que viñan prepararse para a comuñón e despois iban á misa das once, empezamos a contactar uns cos outros e coincidía que todos tiñamos moto, incluído o propio cura, e que tamén había unha certa afinidade entre nós. E así foi como decidimos facer un club e xuntarnos", comenta José Manuel Trigo, uno de los moteros de los San Antonio Riders con más veteranía sobre las dos ruedas.

Los San Antonio Riders ya se estrenaron como club en Navidades cuando acompañaron a otro club motero, el Lóstregos, en el reparto de juguetes vestidos de Papá Noel. Ahora, dos meses después, rugen ya los motores para iniciar una serie de rutas que comenzará en Taramundi y terminará en San Estevo de Ribas do Miño pasando por Rinlo y Portomarín pero siempre con experiencia gastronómica incluida en el trayecto.

"As motos gústannos pero que haxa comida polo medio tamén é importante. Por exemplo, pensamos en facer unha miniconcentración de motos nas festas de San Antonio que pensamos acompañar dunhas tortillas, por exemplo. Tamén poderiamos sacar o santo en procesión acompañado das motos!", afirman.

Iniciarán una serie de rutas que comenzará en Taramundi y terminará en San Estevo de Ribas do Miño

El catecismo para la comunión jugó un papel importante a la hora de configurarse este club motero pero el gran impulsor del proyecto fue el cura de San Antonio, Alberto Leiva. Un motero que cumplió su aspiración infantil de subirse a una moto hace solo seis años.

"Sempre me gustaron as motos e sempre lla pedía aos Reis Magos de neno. Un ano, meu pai díxome: "Trouxéronche a moto!". Pero non era unha moto de verdade, era unha moto grande pero de xoguete", explica el cura.

Ahora, don Alberto —como le llaman algunas de las ancianas fieles a la misa diaria— se traslada habitualmente a lomos de su Honda Deauville, de 700 centímetros cúbicos. Una moto tan espectacular que una de estas feligresas le dijo un día: "Don Alberto, ten vostede unha moto ben bonita!".

POR INTERNET. El caso es que el cura de San Antonio se salió con la suya, pese a la oposición paterna de su infancia. Hace seis años, decidió que llegaba la hora de tener moto y antes mismo de sacarse el carné ya le había echado el guante a una a través de internet.

"Non o pensei moito. Vina e compreina. Despois, saquei o carné. Veño ás veces nela á igrexa pero, sobre todo, sácoa a fin de semana para distraerme", dice.

"Hay que abrir la Iglesia, convertirla en algo cercano con actividades como esta", dice uno de los moteros

Una afición que comparte con la del ciclismo, pues Alberto Leiva hace también largas rutas a lomo de otras dos ruedas pero con el motor de empuje de sus piernas y el combustible de su fuerza corporal. Una de ellas fue de Roma a Lugo.

"Na parroquia non só se traballa a nivel espiritual. Esta faceta espiritual hai que buscala tamén no humano creando nexos entre a xente da parroquia", justifica el cura de San Antonio.

Sus compañeros moteros comparten la misma opinión. "Hay que abrir la Iglesia, convertirla en algo cercano con actividades como esta, sin necesidad de que haya que venir a rezar un rosario", propone otro de los moteros.

Su afición a las motos también encuentra réplica en el vicario del Obispado, Mario Vázquez. Motero desde los 24 años. "Desde os 24, son moteiro pero estiven uns anos sen moto por coacción materna, xa que tiven un accidente e durante anos non me deixou ter máis motos", indica.

Ahora va ya por su quinta motocicleta. Como las demás, siempre de segunda mano. Para Mario Vázquez, la moto es su medio de transporte más habitual. "Úsoa sempre que podo. No verán, todos os días. Mesmo veño a Lugo desde Ribas do Miño nela", afirma el vicario de la diócesis.

300 whatsapp para buscar un logotipo 
La implicación que tienen los moteros del San Antonio Riders con el club es tal que, para buscar un logotipo, se intercambiaron 300 whatsapp. "Finalmente, discurrimos un Piolín montado nunha moto que leva no faro a vidreira da igrexa", dice el cura de San Antonio, Alberto Leiva. 

Gallinero 
La elección del Piolín motero no fue casual. Fue un guiño al gallinero solidario creado hace tres años con 50 gallinas que producen 144 huevos a la semana. Otra iniciativa, también muy popular, del párroco fue el cultivo de patatas en una finca. "Por San Xosé botaremos as patacas e tamén 600 pés de berzas", afirma.

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