Un grupo que hace botellón provoca quejas en los negocios del Mercado

Los empresarios lamentan que beban y fumen porros ► Dicen que se pasan todo el día en la plaza pública interior
Varias personas en la entrada del Mercado. EP
photo_camera Varias personas en la entrada del Mercado. EP

Los hosteleros y propietarios de tiendas del mercado de Quiroga Ballesteros de Lugo se quejan por la presencia continuada de un grupo de personas que hace botellón, fuma, arma barullo e incluso orina en las inmediaciones.

Los empresarios llevan unos meses viendo un quinteto de habituales que llega en torno a las nueve de la mañana con botellas de alcohol y latas de cerveza para asentarse en una de las entradas, en la que "fuman porros". Aseguran que se ha establecido como una costumbre que pasen el día hablando en voz alta, tocando la guitarra y dando palmas en un animadísimo pícnic que no termina hasta el cierre de la instalación. A primera hora de la tarde, cambian de ambiente y pasan a ocupar sillas y mesas en el interior hasta la hora de cierre, hacia las ocho.

"El problema es la imagen que dan, que no es buena. Tienen derecho a estar porque es una plaza pública. No pasaría nada si estuviesen un rato, pero es que pasan todo el día". A continuación, establece un paralelismo: "No durarían dos días si se pusiesen en los soportales del concello", señala un hostelero. Reconoce que "la gente que viene habitualmente no se queja porque está acostumbrada, pero el problema son los que vienen ocasionalmente o los turistas". Confiesa, también, que "no se meten con los clientes y, si les llamas la atención, se disculpan; pero es que no mean en los baños, sino en un callejón". Eleva el tono de su queja cuando se acuerda del día "en que orinaron sobre la moto de un cliente".

Otro propietario que lleva años con un negocio en el Mercado suaviza su indignación con humor. "El grupo que tenemos ahora es nuevo, antes había un belga. Estos son de Lugo. Es buena gente. Antes estaban en la Praza de Santo Domingo".

Asume que el Mercado es un lugar público, "es una plaza en la que todos tenemos que convivir, a la que puede ir cualquiera a estar o a comer. Lo que nos molesta es que comen y dejan todo tirado. Hay un bedel que llama la atención si dejamos algo fuera de lugar, como es lógico. No entendemos por qué les deja. Es desesperante".

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