Un grupo del campus maneja 5 millones de euros para atajar toxinas emergentes

El equipo Farmatox, que dirige Luis Botana, acaba de obtener dos millones para coordinar un proyecto europeo de identificación de micotoxinas en cereales y gestiona otros tres para crear una red de alerta en el litoral atlántico

Luis Botana, director del grupo Farmatox del campus lucense. EP
photo_camera Luis Botana, director del grupo Farmatox del campus lucense. EP

El cambio de los patrones climáticos en la Europa atlántica conlleva la aparición de toxinas emergentes en distintos ámbitos. La detección de estas sustancias tóxicas se ha convertido en una sólida línea de investigación para el grupo Farmatox, con sede en la facultad lucense de Veterinaria y dirigido por el catedrático de Farmacología Luis Botana, que acaba de obtener financiación a cargo del programa Interreg para investigar micotoxinas -toxinas creadas por hongos- y su eliminación en alimentos, especialmente destinados a nutrición animal. El proyecto, denominado Agritox, será desarrollado por un consorcio internacional y coordinado por Luis Botana. Con esta nueva concesión, el grupo lucense gestiona cerca de cinco millones de euros en la investigación de toxinas emergentes.

Farmatox tiene en marcha otro proyecto, concedido en 2017, denominado Alertox, con el que se pretende crear una red de alerta de toxinas marinas y cuenta con una financiación de tres millones de euros. También en este caso se trata de un consorcio internacional y estará vigente hasta 2020.

Las micotoxinas emergentes son "las que están enmascaradas, es decir, o no se conocen o están en forma de precursor en el grano y cuando se comen se rompen y se libera el compuesto tóxico. Esas son difíciles de detectar y suponen un problema de una dimensión que realmente no se conoce", explica Botana. Pueden aparecer en "cualquier alimento vinculado a cereales", pero suponen un problema mayor en la alimentación animal porque "hay menos control y crean más problemas de reproducción y falta de crecimiento", añade.

Luis Botana explica que Agritox, el proyecto que acaba de obtener financiación, se apoya en el anterior, Alertox, aunque este incluye más socios. "La idea es similar: detectar lo que va saliendo, aunque en el caso de las toxinas marinas se conocen mejor, y ver qué riesgos hay en función de las zonas y de las localidades geográficas". Además, en el caso de Agritox, también se pretende "aprovechar la tecnología que tenemos para ver cómo se puede aplicar en el ámbito de los problemas que planteen los socios".

El equipo de investigación lucense se encargará de ver qué toxinas emergentes hay en las sustancias de estudio, purificarlas, estudiar su toxicidad y método de detección y eliminación.

La aparición y proliferación de micotoxinas se asocia al cambio climático porque el cambio de patrón "aporta más humedad y más calor y eso para los hongos es fantástico", explica Luis Botana. En el ámbito marino, el aumento de las temperaturas también contribuye a las variaciones de microalgas y aparición de nuevas toxinas.

Estos dos proyectos, aunque son independientes, entroncan con líneas anteriores que también tuvieron financiación Interreg, en concreto Atlantox y Pharmatox, que sirvieron para la búsqueda de principios activos que pudieran dar lugar a medicamentos a partir de toxinas y para el desarrollo de nuevos métodos de detección.

En el caso de Agritox, el grupo de investigación lucense llevará a cabo el proyecto con la Queens University de Belfast, la facultad de Ciencias de la Universidade do Porto; la Agencia de Desarrollo en Agricultura y Alimentación irlandesa (Teagasc), la sede bretona de la Agencia Nacional de Seguridad Alimentaria de Francia; la Estación Fitopatolóxica de Areeiro, que se encargará del análisis e identificación genéticos de los hongos; la cooperativa agrícola Vila do Conde, de Portugal y la empresa lucense Cifga.

HISTORIA. Las toxinas producidas por hongos llegaron a ser la segunda causa de muerte después de la peste en la Edad Media. Su efecto se plasmó en pinturas como El fuego de San Antonio, de Brueghel, que ilustraba el mal causado por el cornezuelo del centeno. Se creía que hacer el Camino de Santiago contribuía a la mejoría y la cura al dejar de tomar alimentos contaminados.