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Galiciana digitaliza un libro escrito por un médico hace dos siglos sobre el balneario

Vista del balneario en el año 1917. ARCHIVO
Vista del balneario en el año 1917. ARCHIVO
José Sanjurxo y Mosquera describe veinte casos en los que el baño termal lucense fue curativo

La biblioteca digital de Galicia, Galiciana, acaba de incorporar un libro de José Sanjurxo y Mosquera, médico titular del Ayuntamiento de Lugo a principios del siglo XIX, tras la guerra napoleónica, donde describe las propiedades del baño termal en el balneario de Lugo aplicadas a veinte pacientes diferentes, entre los que había varios militares pero también enfermos llegados incluso desde Astorga o Villafranca. 

José Sanjurxo y Mosquera comienza el tratado haciendo una descripción del lugar y de los pozos existentes, que se surtían del agua procedente de dos canales "que, al labrar la tierra, descubrieron en el sitio que hoy hace de huerta, los que recogían el agua de una rica fuente que se halla en una altura y a corta distancia del baño", afirmaba. Los baños se encontraban en la propiedad del labrador Joaquín López de Neyra, que proporcionaba habitación a los enfermos y cobraba cuatro reales de vellón por baño. 

El trabajo de José Sanjurxo y Mosquera incluye los resultados que dieron los baños termales en algunos de los soldados que llegaban en 1813 a un barracón de enfermería mandado construir por el Gobierno con 63 camas, en el antiguo cuartel de San Fernando, entonces hospital, donde llegó a haber 441 enfermos. Allí, permanecían militares con dolores reumáticos, venéreos, úlceras, caries, sarna y herpes. 

El médico del Ayuntamiento, que también prestaba sus servicios en el hospital de San Fernando, cuenta en este libro cómo las aguas salvaron a un hombre de Villafranca, con una enfermedad venérea que le llevó a recibir la Santa Unción hasta siete veces. 

El médico asegura que las propiedades del agua son magníficas y que cura "radicalmente" la sarna y el herpes

También describe la sanación de una monja del convento de A Nova, sor Juana Quiroga, que padecía reuma en las rodillas, lo que le impedía moverse. La monja se negó a ir al balneario para no vulnerar su retiro, así que le subieron agua en cubos. A los trece baños, se le pasaron los dolores. 

Otro caso fue el de una joven de 24 años, de Póboa do Brollón, Francisca de Armesto y Robles, que sanó tras sufrir escorbuto

También se curó Manuela Gómez, una joven de 24 años de Guitiriz, doncella de las señoras de Prado, que sufría sarna y dolores articulares fuertes. Tan malo era su estado que tuvo que ser bajada en una caballería hasta el balneario. 

Otra paciente que sanó fue Cayetana de la Vega, de 38 años, con fuertes dolores tras haberse fracturado una pierna al caer por las escaleras. A esta mujer le fueron recetados "baños de chorro o cascada" en el Miño. Sin embargo, los primeros baños los tomó en su casa, tras subirle el agua a cubos, debido a que los soldados de Napoleón habían destrozado bastante las instalaciones. 

El médico describe el gusto del agua termal como "algo fastidioso y nauseabundo". Sin embargo, asegura que sus propiedades son magníficas ya que cura "radicalmente" la sarna y el herpes, mitiga los dolores venéreos, diseca la supuración de úlceras antiguas y promueve la menstruación retardada, entre otras virtudes. 

José Sanjurxo y Mosquera finaliza el libro pidiendo a las autoridades que apoyen este baño termal, del que dice que es "saludable por excelencia" y que describe como "un baño colocado al pie de una ciudad, situada en el centro de la carretera real de Galicia". 

También reclama que se habilite "una fuente abundante de agua vitriólica bastante saturada que sale en el prado de Fingoi, medio cuarto de legua distante de dicho baño, a orillas del Miño, paseo el más delicioso".

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