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La Fiscalía pide 12 años a un guardia que usó medios oficiales para acosar a su ex

Comandancia de la Guardia Civil en Lugo. SEBAS SENANDE
Comandancia de la Guardia Civil en Lugo. SEBAS SENANDE

Entraba en las bases de datos policiales para saber dónde se alojaba o dónde viajaba y le enviaba mensajes de Whatsapp amenazantes en los que le decía que la tenía vigilada con los coches camuflados de la Guardia Civil

LUGO. Un guardia civil destinado en la Polícia Judicial de la Comandancia de Lugo se enfrenta a una petición de 12 años de prisión acusado, entre otros delitos, de maltratos habituales a su expareja, para lo que habría utilizado además los medios oficiales que tenía a su disposición como agente de la ley. De hecho, la Fiscalía solicita cuatro años solo por este uso espurio de medios, entre ellos todas las bases de datos policiales.

Los hechos, que fueron investigados por el juzgado de Instrucción 3, especialista en violencia de género, se desencadenaron a finales de julio de 2015, según explica el fiscal en su escrito de acusación: «Cuando se encontraba en interior del vehículo oficial, del que hacía uso por su condición de guardia civil» en compañía de su entonces pareja sentimental «se inició una discusión, le tiró del pelo y le dio un puñetazo en la pierna izquierda, causándole un moratón». Es a raíz de esta agresión cuando la víctima decide poner fin a la relación, lo que «agravó la conducta violenta del acusado».

Tras la ruptura, las cosas no mejoraron. Durante meses y meses, la mujer tuvo que aguantar constantes mensajes de Whatsapp amenazantes y llamadas de teléfono a todas horas, pese a que en numerosas ocasiones advirtió a su expareja de que se sentía acosada y con miedo.

El fiscal lo acusa de seis delitos, entre ellos uno de descubrimiento y revelación de secretos por el que pide cuatro años

Los mensajes recogidos en la instrucción son cientos, aunque el fiscal solo destaca alguno de ellos a modo de ejemplo: «Tú tranquila, zorra de mierda, que donde las dan las toman. Has abierto la caja de los truenos. Te juro por mi madre que no descansaré hasta verte arrastrada como lo que eres», «a mí me suda todo los cojones pero no te cruces delante de mí porque no respondo», «lo que te mereces es que te rompa la boca que así te quede bien sellada, que eres una puta de mierda», «toma lo que te salga de tus ovarios, mequetrefe, que los 150 euros que me supone darte una hostia... por el mismo precio te quedas sin dientes» o «haz lo te salga del puto culo pero cuídate de tocarme las narices... porque te las rompo, eres una de la calle y como sigas jodiendo las vas a encontrar, créeme».

BASES DE DATOS. Pero los autos recogen además otros en los que directamente hace ostentación de su condición de guardia civil y se jacta de utilizar los medios a su disposición para tenerla controlada. Así, en algunos le dice que la tiene vigilada en todo momento y que ella no podrá detectarlo porque tienen coches camuflados nuevos, no los que se supone que ella conocía por su relación con él. Hasta le envía el emoticono de Whatsapp del coche de patrulla policial.

También le informa en otros mensajes de que tiene acceso a todas las bases y que la tiene controlada; de hecho, le envía mensajes sobre los lugares donde ella ha estado o en los hoteles en los que se ha alojado.

«Desde el 17 de junio de 2015 hasta el 16 de julio de 2016», explica el fiscal en su acusación, «accedió, haciendo un uso indebido, con la contraseña que tenía por su puesto de trabajo, a las bases de datos de la Guardia Civil, en concreto a Sigo, BDSN, DGT, Hospedajes, Pasajeros, Navieras y SIS, con el fin de obtener información personal de la víctima».

El problema para él fue que no solo dejó constancia escrita de lo que estaba haciendo, sino que la entrada en dichas bases con su clave, como las de resto de agentes, puede ser rastreada: la Guardia Civil comprobó que, en efecto, había accedido a las mismas para realizar búsquedas sobre su expareja.

Por todo ello, la Fiscalía lo acusa de un delito de malos tratos habituales, por el que solicita que sea condenado a tres años de prisión; tres delitos de malos tratos, a un año por cada uno; un delito continuado de amenazas, que suma otros dos años, y otro de descubrimiento y revelación de secretos, con el que se completan los 12 años totales.

Desde su detención, pesa además sobre él una orden de alejamiento.

Dos agresiones en la Comandancia

Además de la agresión en el coche oficial que desencadenó la ruptura, la Fiscalía recoge en su escrito de acusación otras dos agresiones físicas, con la particularidad de que ambas sucedieron en el piso que el agente ocupaba en las viviendas destinadas a guardias civiles dentro de la propia Comandancia.

Tras su detención, se le abrió un expediente, aunque quedó paralizado en espera de que concluya el procedimiento judicial y determine judicial y se determine su culpabilidad o inocencia

 

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