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Núñez Feijóo reequilibra en Ourense el PP lucense

Un momento del congreso autonómico del PPdeG en Ourense en el que coincidieron Feijóo y Candia
Un momento del congreso autonómico del PPdeG en Ourense en el que coincidieron Feijóo y Candia
El presidente premia al sector de Arias en su nuevo equipo directivo a pesar de salir derrotado del congreso provincial y después de que fracasase su integración en la ejecutiva de Candia

El Partido Popular de Lugo se presentó en el XVI Congreso autonómico de la formación de Ourense sangrando por las heridas de la batalla interna librada semanas atrás entre Elena Candia y Raquel Arias para hacerse con el control en la provincia, como evidenció el distanciamiento de los dos sectores a la hora de sentarse o relacionarse el fin de semana. Y acabó marchándose del recinto ferial de Expourense todavía peor.

La razón es que el líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, fiel a su fisolofía de tener todo bajo control, no regirse por cuotas ni basar sus decisiones en contentar a unos u otros, premió al sector próximo a Arias con varios puestos en la nueva dirección del PPdeG al mismo tiempo que minimizó el peso del equipo de Candia, pese a que la mindoniense venía de hacerse con la secretaría provincial por una abrumadora mayoría. De esta forma Feijóo intentó reequilibrar el poder en el partido, aunque no faltó quien interpretó que se pudieron agravar las heridas entre las dos sensibilidades del PP en Lugo. Es como si recetasen anticoagulantes en lugar de tiritas.

TOQUE DE ATENCIÓN. Darle a la concejala Mari Teijeiro una de las cuatro vicesecretarías, al alcalde de Cervo Alfonso Villares la presidencia del comité electoral y a la propia Raquel Arias la coordinación del área de medio rural puede tener diferentes interpretaciones, pero evidencia que Feijóo apostó por reforzar la posición interna de los más afines a él y a su hasta ahora segundo, Alfonso Rueda, al que algunos ven como el verdadero cocinero de la operación. Maniobra a la que, por cierto, hay quien quita hierro al entender que responde a las dinámicas internas propias en las que se mueven los distintos sectores de los partidos.

Y aunque todavía algunos buscan el origen de la decisión en las rencillas de los tiempos en los que José Manuel Barreiro le disputó el liderazgo del PPdeG a Feijóo hace ya una década, o en la ojeriza existente entre sectores del partido de Pontevedra y Lugo, resulta más verosímil pensar que el presidente gallego tuvo alguna discrepancia con la propia Candia a la hora de designar a los lucenses para la nueva ejecutiva o que incluso no le gustó algún gesto de la mindoniense, como apuntaban varias fuentes cercanas.

La imagen en el congreso, más allá de la felicidad de unos y el cabreo de otros, fue la que fue: sentados separados y sin relación.


En concreto, le habría disgustado que la presidenta provincial del PP lucense no cumpliera el encargo llegado directamente de Santiago de integrar en su dirección a los ‘perdedores’ del congreso de Lugo, Arias y los suyos, lo que en la práctica es cierto, aunque nadie quiere asumir la culpa. Así, el entorno de Candia asegura que se peleó por esa integración pero que no hubo voluntad de la otra parte, extremo que niegan los ‘oficialistas’, que no dudaron en quejarse airadamente por sentirse arrinconados, unas quejas que evidentemente llegaron hasta Monte Pío.

Así que Feijóo optó por dar un golpe de efecto y, al mismo tiempo que se rodea de gente de su confianza, envía un mensaje a Candia y al resto del partido: igual que él se mantuvo al margen en los congresos provinciales tampoco acepta injerencias en el ámbito autonómico. De hecho, aunque pudiera tener sus preferencias por el bando de Arias, no se significó a favor de ella en Lugo como había hecho en 2010 con Jiménez Morán en Ourense frente a Baltar.

¿QUIÉN DIJO CASTIGO? Es más, en la dirección gallega echan sus cuentas y rechazan abiertamente que se haya castigado a Candia y su gente en la nueva ejecutiva, en la que tendría mayoría. Lo que ocurre es que esas cuentas incluyen a la propia Candia y a Barreiro, que son miembros natos por sus puestos -líder provincial y portavoz del Senado-, mientras que el resto son tres vocales electivos, sin mayor peso: Juan Carlos Armesto, Daniel Vega y José Luis Álvarez. Al contrario que los cargos dados a Teijeiro, Villares o Arias, más arriba en el organigrama. Y Feijóo también suprimió la vicepresidencia de Barreiro, un hecho que no gustó a todos por muy simbólica que resultase.

Pero a estas alturas, con dos citas electorales a la vuelta de la esquina, nadie parece dispuesto a revolver más las cosas.

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