Los expertos ven muy pocas posibilidades de que Lugo sufra incendios como el de Valencia

El uso de fachadas ventiladas está ahora muy extendido en la ciudad, pero se empezaron a instalar con las nuevas normas de seguridad
Incendio en un edificio de Valencia. MANUEL BRUQUE (EFE)
photo_camera Incendio en un edificio de Valencia. MANUEL BRUQUE (EFE)

Arquitectos, ingenieros técnicos e incluso promotores y constructores de Lugo están convencidos de que las posibilidades de que en la ciudad se sufra un incendio de las características del vivido en Valencia son muy remotas. Consultados por este diario, todos ellos coinciden en que las circunstancias económicas y constructivas propias redujeron hasta casi la insignificancia los edificios levantados en Lugo en esas condiciones. Ninguno descarta que pueda haber alguno, pero serían en cualquier caso muy pocos.

Pendientes todavía de conocerse todos los detalles de lo sucedido en Valencia y sus causas, la opinión generalizada entre los expertos lucenses en el sector de la construcción es que el problema del edificio siniestrado no estaba en los paneles exteriores con los que se recubrió la cubierta, sino con el material aislante que se inyectó directamente entre estos paneles y la fachada. A falta de confirmaciones, se habla de espuma de poliuretano, que en el momento que se levantó el edificio no estaba sometido a las mismas exigencias legales que posteriormente, ya que hubo un cambio legal en el Código Técnico de Edificación en 2006 y otro posterior en 2019.

En aquellos momentos de la primera década de los 2000, comentan desde el sector de los promotores y constructores, este sistema de fachadas ventiladas todavía no era muy habitual en Lugo, y el momento de su mayor despegue coincidió con el final de la burbuja de la construcción en la provincia.

CÁMARA AISLANTE INTERIOR. Además, como asegura uno de los arquitectos que sí trabajó con este sistema, las primeras construcciones de edificios con fachadas ventiladas en Lugo se hicieron con diferencias sustanciales respecto al de Valencia. Primero, porque las primeras placas que utilizaban para el revestimiento era de piedra. Y, segundo, porque el material aislante no se solía proyectar directamente sobre la fachada, sino que se creaba una cámara aislante: primero se colocaba el muro de ladrillo doble, interior y exterior, dejando un hueco entre ambos en el que ponía el material aislante.

De hecho, en los últimos años la construcción con fachada ventilada y paneles de Alucobond (los que se supone que instalaron en el inmueble de Valencia, compuesto por dos láminas de aluminio de 0,5 mm con un núcleo mineral) o de Sate son en estos momentos muy habituales en Lugo y hay decenas de edificios cubiertos así, ya que se trata de un método de aislamiento y eficiencia energética muy bueno. Pero en todos los casos la normativa actual, bajo la que se han levantado la práctica totalidad de los edificios en la ciudad que tienen estos sistemas, es muy restrictiva y exigente.

De hecho, según comenta otro de los técnicos consultados, ni siquiera la espuma que se puede utilizar es como la de poliuretano supuestamente usada en el caso de Valencia, sino que debe ser de poliestireno extrusionado, de alta densidad, ignífugo o autoextinguible y que no provoque humos tóxicos. También se utiliza mucho la lana de roca, un material fabricado a partir de la roca volcánica que se utiliza principalmente como aislamiento térmico y como protección pasiva.

COMPROBAR POR SEGURIDAD. En cualquier caso, tampoco es descartable que sí exista alguna edificación que no cumpla con la normativa actual en la ciudad, por lo que los expertos recomiendan a todas la comunidades de edificios con fachadas paneladas que se aseguren que los revestimentos y las espumas interiores cumplan con los estándares de seguridad.

Deben ser las comunidades quienes tomen la iniciativa, indican, porque al parecer no existe ningún registro al respecto que se pueda calcular. El Concello, desde luego, no lo tiene, ni siquiera como parte de un plan de posibles riesgos, y tampoco otros organismos como el Colegio de Arquitectos. La causa de su inexistencia, al menos hasta ahora, es lógica: de haber alguno de estos inmuebles, en el año en que se presentaron los proyectos y se concedieron las licencias eran perfectamente legales y, por tanto, no precisaban de ningún control extraordinario.

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