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"Es fundamental educar en igualdad y lanzar el mensaje de que nadie manda sobre nadie"

El sargento Raúl Álvarez Álvarez. ADRA PALLÓN
El sargento Raúl Álvarez Álvarez. ADRA PALLÓN
Brindó su galardón del Premio Meninas a las víctimas de la violencia de género "por su coraje" y extendió el mérito a sus compañeros. Raúl Álvarez (Quiroga, 1983) habla con humildad de su destacado trabajo al frente del Equipo Mujer y Menor

Cuenta que de camino al colegio, en el municipio de Quiroga, pasaba por delante del cuartel de la Guardia Civil y aminoraba el paso para observar a los agentes. Y es que ya de niño le llamaba la atención un uniforme que unos años más tarde se acabaría convirtiendo en el suyo. Raúl Álvarez Álvarez ingresó en el cuerpo en 2006, con tan solo 23 años y tras darse cuenta de que la ingeniería que estudiaba no estaba a la altura de la vocación que arrastraba desde la infancia. Optó por seguir su instinto y el tiempo le ha demostrado que no se equivocó. Es el único sargento que ha trabajado en todos los grupos de Policía Judicial en Lugo y acaba de recibir un premio por su esfuerzo en la lucha contra la violencia de género, pero aún así, habla de su trabajo sin alardes y con la humildad de quien valora más un caso resuelto que un galardón.

La subdelegación del Gobierno le acaba de conceder el premio Meninas por su labor al frente del Equipo Mujer y Menor (Emume), ¿Qué supone para usted este reconocimiento?

Para mí es un verdadero honor porque he intentado hacer mi trabajo de la mejor manera posible, pero este reconocimiento es extensivo a todas las víctimas de violencia de género, por su coraje, y también a mis compañeros, de los que nunca dejo de aprender. Creo que las administraciones están realizando un gran trabajo en la lucha contra la violencia machista, pero no podemos olvidar que la lucha parte de las víctimas. Son ellas las primeras en sacar la fortaleza y el valor suficientes para enfrentarse a esta lacra.

¿Cree que la sociedad ha tomado conciencia de que la violencia de género es un problema de todos y no únicamente de las víctimas?

La violencia de género es un problema social, sin ningún género de dudas. Creo que las administraciones han evolucionado mucho y han elaborado leyes y protocolos de actuación para proteger a las víctimas, al igual que la autoridad judicial. Sin embargo, a nivel social todavía queda mucho camino por recorrer y creo que una de las claves es educar en igualdad. Hay que decirles a los niños y niñas desde muy pequeños que todos somos iguales y que nadie manda sobre nadie. Y hay que lanzar otro mensaje muy claro: Si te tratan mal, no te quieren.

Malos tratos
"Lo más complicado es transmitir seguridad a las víctimas. El camino es duro y con curvas, pero siempre hay una salida"

Por el ámbito de actuación de la Guardia Civil, muchas de sus intervenciones son en la zona rural, ¿Es distinta la problemática en una población pequeña?

Es muy complicado generalizar porque todo depende de la víctima. Cada persona sufre de una forma distinta y tiene unos temores diferentes, por lo que cada caso es un mundo. Puede parecer que en el lugar pequeño es más difícil pedir ayuda y dar el paso de denunciar, pero no tiene por qué ser así. Todo depende de la víctima, de como lo esté viviendo, de los apoyos que tenga, y de otras muchas circunstancias. En la violencia de género no hay edades, ni perfiles, ni reglas.

¿Cúal ha sido la parte más difícil de su trabajo con las víctimas?

Lo más complicado es transmitirles seguridad. Cuando hablan con nosotros llegan con mucho miedo y con muchas dudas. Por lo general, las víctimas sienten culpabilidad, e incluso vergüenza, y es importante decirles que están haciendo lo correcto y que no son culpables de nada. Está claro que el camino para salir de una situación de violencia de género es duro y con curvas, pero siempre hay una salida y el esfuerzo merece la pena. Cuando pasa el tiempo y rehacen su vida se dan cuenta de que tenían mucho más apoyo del que pensaban. Para nosotros es una satisfacción volver a encontrarnos con ellas y ver que ya no tienen cara de tristeza.

Robos
"Aprendí mucho en Patrimonio. La gente no imagina la de horas de investigación que hay detrás de cada caso"

Antes de entrar en el grupo de delitos contra las personas trabajó el área de patrimonio, ¿qué valoración hace de su paso por la unidad?

Cada unidad es diferente y en todas aprendes. Yo estuve de prácticas en Rábade y mi primer destino profesional fue un pueblo de Asturias, donde participé en una persecución a un vecino que robó un quad y que acabó robando un coche patrulla y atacando a cuatro agentes con un hacha. Después estuve en Pantón y finalmente acabé en Lugo, donde estuve varios años en el área de delitos contra el patrimonio. Recuerdo que el primer día que llegué a la unidad no me dio tiempo ni a presentarme, ya que mi jefe me envió a O Courel porque habían atracado un banco. Luego tuvimos una época con bastantes asaltos de bandas itinerantes y también me marcó mucho un robo a un hombre de avanzada edad en Sober, al que le causaron lesiones graves. Los delitos contra el patrimonio son difíciles de investigar y las primeras horas son fundamentales. La gente no sabe la cantidad de horas de trabajo que hay detrás de cada investigación, aunque a veces no se consigan los resultados deseados. Trabajar en Patrimonio requiere una dedicación plena y yo aprendí mucho del trabajo y de los compañeros. Para nosotros todos los delitos tienen el mismo valor —ya que suponen un problema para la víctima y los afectados depositan su confianza en nosotros—, pero lo más duro, sin duda, es investigar los delitos contra las personas.

¿Es complejo a nivel profesional, o también personal?

A cualquier investigador le gusta trabajar con delitos graves, ya que a nivel profesional aporta mucho, pero a nivel personal también te marca porque es muy difícil no empatizar con las víctimas. Nosotros tenemos que ser totalmente objetivos a la hora de recabar las pruebas, para presentarlas ante la autoridad judicial, pero ver el sufrimiento de una víctima duele. Investigar una agresión sexual, una desaparición de alto riesgo o un caso de pornografía infantil es duro. Y cuando hablas con los familiares de una víctima de homicidio se te rompe el alma, ya que no tienes manera alguna de mitigar su pena. El año pasado, desgraciadamente, tuvimos varios casos en la provincia y fue muy duro.

¿Hubo avances importantes en esas investigaciones?

Se trabajó mucho en ellas y son casos que actualmente se encuentran en fase de instrucción o judicializados. Para nosotros, la mayor satisfacción es que nuestro esfuerzo haya servido para esclarecer los hechos y que, cuando llegue el momento, se pueda celebrar un juicio lo más justo posible para todas las partes.

Habla con satisfacción de su cometido en el área de delitos contra las personas, pero acaba de empezar una nueva etapa en la lucha antidroga, ¿supone un nuevo reto?

Hace un mes que empecé a trabajar en el Equipo de delincuencia organizada y antidroga (Edoa), también en la comandancia de Lugo, y afronto mi nueva etapa con muchas ganas. Guardo un grato recuerdo de todos mis destinos, pero me gusta cambiar porque en cada unidad aprendes cosas diferentes. El trabajo en el Edoa es distinto porque tienes que atajar el delito antes de que se cometa y sacar la droga de circulación antes de que llegue al consumidor final. Eso requiere un trabajo de investigación diferente a otros y espero estar a la altura.

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